Análisis

Toyota, el revulsivo que necesitaba Alonso para volver a despegar

Fernando Alonso, en el podio de las 24 Horas de Le Mans. /Jean-Francois Monier (Afp)
Fernando Alonso, en el podio de las 24 Horas de Le Mans. / Jean-Francois Monier (Afp)

El título de campeón del mundo de Resistencia y su segunda victoria en las 24 Horas de Le Mans ponen el broche perfecto a casi dos años en el WEC

DAVID SÁNCHEZ DE CASTROMADRID

Fernando Alonso celebró la victoria en Le Mans el domingo de una manera un poco más relajada que en 2018. Aunque fue el año pasado cuando realmente cumplió su objetivo de ganar las 24 Horas, se tuvo que ir corriendo a Paul Ricard porque los compromisos con la Fórmula 1 le llamaban.

En este 2019 no. Alonso festejó a lo grande ese golpe de suerte en forma de pinchazo en el Toyota número 7 que dejó sin su primera victoria a Mike Conway (con mucho, el más regular de su lado), Kamui Kobayashi («Odio Le Mans», resumió después) y José María López (estalló en lágrimas de impotencia, pero acabó por aceptarlo). La ocasión lo merecía. Aunque el ambiente en el 'hospitality' del Toyota Gazoo Racing era un poco extraño: un fallo del equipo (culpan a un sensor de cambiar el neumático que no era…) provocó la derrota de un lado y la victoria del otro. No evitó que sonara el 'We are the Champions', que Alonso se hiciera fotos con todos los mecánicos e ingenieros (especialmente los japoneses) presentes y también con algunos de los invitados VIP que tuvieron acceso al 'hospitality'. Pese a lo agridulce del momento, al final, todos festejaron el éxito de la temporada y el dominio absoluto que han logrado gracias a la incomparecencia de rivales en condiciones.

A sabiendas de que esta era una carrera especial, aunque el guión no estaba escrito para que Alonso, Buemi y Nakajima ganaran, el español pidió que le acompañaran sus allegados. Si en 2018 sólo estaban sus fieles Luis García Abad y Alberto 'Galle', en esta fueron su novia, la modelo Linda Morselli, y su madre Ana, una mujer discreta y que se mantuvo en un segundo plano mientras veía orgullosa cómo su Fernando entraba, una vez más, en la historia del automovilismo. Otra diferencia con respecto al año pasado fue que la fiesta se alargó un buen rato. Si en 2018 prácticamente se fue nada más salir, en este se quedó hasta bien entrada la tarde en Le Mans.

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Es el gran colofón a una relación única. Toyota era el talismán que Fernando Alonso necesitaba para creer que la buena suerte también existe, como él mismo dijo: «A veces me decían que me había equivocado al elegir equipo de Fórmula 1, pero ahora he acertado con Toyota». Allí se ha encontrado con un equipo volcado con él, y además en un contexto en el que ha podido desplegar todas sus virtudes: liderazgo, rapidez innata, agresividad e incluso ese hosco carácter que le deja fuera de las típicas listas de «con quién se irían los españoles de cañas» y similares.

No todo ha sido un camino de flores

Pese a que está en momento de forma espléndido, Alonso decidió que no quería seguir en el Mundial de Resistencia hace ya unos meses, porque se quiere centrar en la búsqueda de las 500 Millas de Indianápolis y porque, en el fondo, ha perdido el interés. Ganar está muy bien, pero sin un rival al que batir en condiciones, ya no es lo mismo.

Pero, además, no ha tenido a todos a su favor en Toyota. Y no uno cualquiera: el mismísimo Pascal Vasselon, el director general del equipo. El enfrentamiento entre el español y el veterano ingeniero francés se hizo patente cuando en la charla de agradecimientos ni siquiera miró a una de las figuras más preponderantes del equipo japonés, y que tampoco ha hecho mucho para hacer que Alonso siguiera.

Si en los despachos no todo han sido amigos, en la pista tampoco. Su relación ha sido más fluida con Nakajima y Buemi, lógicamente, pero no tanto con Kobayashi, Conway y López. Aunque todos son miembros del mismo equipo, las circunstancias les hicieron enemigos íntimos, lo que a veces se tradujo en algunas 'chinitas' mutuas que dejaron un ambiente un tanto enrarecido en no pocas carreras.

La relación de Alonso con Toyota se ha acabado en el WEC, pero no tiene por qué ser así en otras categorías. La posibilidad de correr en el Dakar sigue presente, lo que ha generado un motivo de esperanza entre los fans no sólo del asturiano, conscientes de que Toyota es un caballo ganador en la próxima edición del raid en territorio saudí. Desde el lado del equipo japonés, encantados, aunque será su delegación en Sudáfrica quien llevará el peso del proyecto, de realizarse. Si Alonso ha sido capaz de ganar las dos veces que ha competido en Le Mans, ¿cómo no va a soñar con caer también de pie en el rally más duro del mundo?