Una reacción a medias

Los jugadores racinguistas saludan, tras el partido, a los más de 2.000 aficionados racinguistas desplazados a Las Gaunas. /
Los jugadores racinguistas saludan, tras el partido, a los más de 2.000 aficionados racinguistas desplazados a Las Gaunas.

La vida sigue igual entre los equipos de cabeza, pero el Logroñés se asegura la ventaja en caso de empate a puntos

SERGIO HERREROSantander

Por la megafonía de Las Gaunas sonaban antes del partido las notas de la banda sonora de 'Requiem por un sueño'. Uno de esos temas que se han hecho casi más conocidos que las películas que debían vestir. La música, quizá elegida al azar, sonaba a otra cosa en el oído racinguista. A lo que los verdiblancos podían perder ayer frente a la Unión Deportiva Logroñés. El sueño del título. Paso primordial hacia el ascenso. Una derrota en casa del segundo clasificado sería, prácticamente, mortal. Apearse del tren. Al final no hubo sepelio a las ensoñaciones verdiblancas. Y eso que hasta el descanso se veía venir el funeral. Pero tampoco fiesta. Todo sigue igual, pero peor. Con el empate de Dioni, el miedo a morir definitivamente acomplejó a un Racing que se quedó con un anestésico y poco útil punto. Una reacción a medias.

La forma de afrontar de cada uno de los equipos quedó patente desde el minuto 1, porque la Unión Deportiva Logroñés apenas tardó unos segundos en atragantar los pinchos a la parroquia racinguista. Una volea de Paredes fue despejada por Óscar Santiago, con el pie, bajo los palos. Era la primera jugada del partido y Carlos Pouso ya avisó al Racing de lo que se iba a encontrar.

Los riojanos salieron mucho más metidos en lo que había en juego sobre el césped. A lo práctico. Presión asfixiante, verticalidad y dientes apretados en los metros finales. Las cosas claras y el Racing espeso. Mucho toque inofensivo en el centro del campo y poco más. De la medular en adelante, los de Pedro Munitis eran incapaces de hilvanar jugada alguna para superar la maraña defensiva local.

Carlos Fernández volvió a asustar a un Óscar Santiago muy atento a lo largo de la tarde de ayer. El disparo del delantero rojiblanco desde la frontal se marchó cerca del poste derecho de la meta verdiblanca. La jugada venía precedida de una falta sobre Álvaro Peña que el colegiado no señaló.

1 LOGROÑÉS

Miguel, Santos (Barreda, min. 73), Paredes, Adrián León, Borja, Jacobo, Titi (Alegre, min. 46), Milla, Carlos Fernández, Muneta (Luis Morán, min. 54) y Chevi.

1 RACING

Óscar Santiago, Fede San Emeterio, Borja Docal, César Caneda, Mikel Santamaría, Borja Granero, Álvaro Peña, Óscar Fernández (Migue García, min. 82), Dani Rodríguez (Artiles, min. 87), Coulibaly (Pumpido, min. 87) y Dioni.

Goles
1-0, min. 32: Milla. 1-1, min. 59: Dioni.
Árbitro
Subirats Matamoros (C. Catalán). Amonestó a los locales Adrián León y Milla y a los visitantes Borja Docal y Mikel Santamaría.
Incidencias
Las Gaunas. Tarde nubosa y césped en buen estado. 7.204 espectadores en las gradas de Las Gaunas. De ellos, más de 2.000 racinguistas desplazados hasta Logroño. Sin incidentes en las gradas, que registraron un gran ambiente .

El conjunto cántabro no dio señales de vida en ataque hasta el minuto 20. Óscar Fernández hizo la diagonal hacia el área y sacó un duro disparo cruzado que Miguel tocó lo justo para enviar a córner. El juez, que, como el Racing, no estaba muy metido en el partido, decretó saque de portería. El extremo de Piélagos quiso ser protagonista en los que fueron los mejores minutos del Racing en la primera mitad. Escasos e insuficientes. El futbolista verdiblanco volvió a poner a prueba al meta local, que atajó a la perfección.

La Unión Deportiva Logroñés cercenó el tímido despertar racinguista de una dentellada. Simple y certera. Fede San Emeterio quedó tendido sobre el césped con visibles gestos de dolor tras recibir la entrada de un rival. Subirats Matamoros dejó seguir y Milla se plantó en el área, batiendo al meta cántabro entre las protestas visitantes.

El varapalo fue de grandes dimensiones. El Racing empezó a recordar al de la segunda parte frente a la Arandina. Incapaz y sin ideas. Triste. Mikel Santamaría, encargado de sacar el balón desde atrás, se pasó un cuarto de hora arqueando los brazos, en busca de explicaciones y de destinatarios a los que lanzar la pelota. En resumen, un desastre.

En el vestuario, a Pedro Munitis no le quedó más remedio que cambiar las cosas. Así, el Racing no iba a ninguna parte. El técnico dispuso en labores ofensivas el sistema que había estado entrenando a lo largo de la semana: 3-5-2. Con Dani Rodríguez apoyando al doble pivote, el conjunto cántabro ganó en presencia en el centro del campo y dominio. Quizá también ayudado por el paso atrás que dieron los riojanos. El caso es que los verdiblancos, ahora sí, pisaron el área rival.

Después de 13 minutos de control sin frutos, el Racing volvió a la vida. Dioni se buscó la vida en el área, caracoleó, encontró un hueco y asestó una puñalada a su rival. Empate a uno y todo como al principio. César Caneda, mientras el resto de sus compañeros celebraba el empate, esprintó de un área a otra para coger la pelota y que el juego se reanudase cuanto antes. Fue el único gesto de ambición en el equipo verdiblanco, porque el miedo a perder pudo con las necesidades que el Racing tenía de ganar. Las tablas beneficiaban bastante más a su rival, que era capaz de mantener a raya a los cántabros y quedarse con el 'golaverage' a su favor. Esa reacción incompleta.

El choque se tornó intenso, de lucha, pero con ambos equipos temerosos de acabar derrotados. Nadie quería correr riesgos. Así que tampoco había ocasiones. A favor del Racing, en el bando local el físico empezaba a decaer. Tanto, que, con los tres cambios realizados, Carlos Pouso debía que jugar prácticamente con diez futbolistas. El cántabro Adrián León tenía los gemelos ya a la altura de las rodillas y se mantuvo sobre el césped para echar una mano a los compañeros en lo que buenamente pudiese.

El Racing tardó en intentar aprovechar el decaimiento de los locales. Si el técnico logroñesista había agotado sus cambios, Pedro Munitis aún tenía todas sus balas en la recámara cuando el partido entraba en su recta final. De hecho, la primera sustitución verdiblanca no llegó hasta el minuto 83, cuando el del Barrio Pesquero dio entrada a Migue García en sustitución de un cansado Óscar Fernández. El equipo avanzó metros y encerró a la Unión Deportiva Logroñés en su área. Con ese escenario llegaron las dos ocasiones más claras para los montañeses.

Dos ocasiones

Primero, Dioni dio un giro de 180 grados en el área pequeña, ganó la espalda a Borja García y encaró a Miguel. El meta tapó bien el hueco y dejó sin opciones al delantero, que estrelló la pelota en el cuerpo del portero. En medio de las dos opciones racinguistas, un disparo de falta de Paredes lo atrapó Óscar Santiago. Bien, porque tres futbolistas rojiblancos acechaban como lobos un posible rebote del arquero.

A falta de tres minutos para el final del tiempo reglamentario, Munitis dio entrada al debutante Facundo Pumpido. Poco tiempo tuvo el argentino para demostrar, aunque sí que hizo por no marcharse de Las Gaunas sin tocar la pelota. La comparecencia del ariete buscaba un último remate ganador. Y, a punto estuvo el Racing de llevarse la victoria por esa vía. Álvaro Peña colgó un balón desde la izquierda que Borja Granero peinó hacia atrás. Iba dentro. Pero Miguel, otra vez, se estiró para enviar la pelota a córner. El colegiado no dejó sacar desde la esquina. se conformaba con el empate, como tuvo que hacer el Racing.

Un punto que sirve de muy poco. Después de que el Racing de Ferrol no pasase del 0-0 en Izarra -próximo desplazamiento cántabro-, todo queda igual en la parte de arriba de la tabla. Con el pesado condicionante de que el Racing ya tiene perdido con la Unión Deportiva Logroñés el golaverage particular. Un punto más de diferencia. Seis más la diferencia de tantos. Y otros siete con respecto al líder. Una jornada menos. Restan quince jornadas. 45 puntos en juego. Mucha tela que cortar. Sin embargo, los rivales no se desinflan y el Racing tampoco encuentra su mejor versión. La que se marchó con el cambio de año.

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