Fútbol | Copa del Rey

El Burger King de Toranzo

Los aficionados verdiblancos pasearon por Sevilla su afición por el Racing y no perdieron la oportunidad de visitar la Torre del Oro./ Javier Cotera
Los aficionados verdiblancos pasearon por Sevilla su afición por el Racing y no perdieron la oportunidad de visitar la Torre del Oro. / Javier Cotera

La Flor de Toranzo se convirtió en centro de operaciones de los cántabros antes de desplazarse al Villamarín | La fiesta propició un nuevo desplazamiento de una afición entusiasmada con su equipo

Aser Falagán
ASER FALAGÁNSevilla

«Ustedes los del Racing sois como los americanos, que vienen a Sevilla y se van a comer al Burger King». Camisa polo. Slam achalecada. Gomina para consolidar el pelo superviviente a una frente en expansión. Y más razón que Galileo cuando amenazaban con ahumarle. Que casi todos los racinguistas que viajaron ayer a Sevilla se concentraran en La Flor de Toranzo -el local cántabro por excelencia en Sevilla- tenía su guasa, por hablar a lo Joaquín. Casi todos, porque José Moratón cruzó el puente para ponerse más trianero y visitar eso, Triana, con su hermano mientras los autobuses llegados de Santander aparcaban junto al Benito Villamarín para descargar a la tropa y hacer a Sevilla un poco más verdiblanca, por si no lo fuera bastante. Ayer toda la Sevilla futbolera sentía esos colores. Los béticos, los suyos. Los sevillistas, los del Racing.

«Hemos salido a las ocho de la mañana, venimos con tres niños, los amigos también y aquí estamos. Nos calentamos hace un par de semanas diciendo lo típico, que no había narices de venir y mira: cogimos las entradas y nos hemos venido». Después de unas cuantas horas de coche Héctor Rodríguez disfrutaba del ambiente de la sevillanísima calle Jimios.

Su peña, Concanos, es de las más fieles, aunque esta vez con niños prefirió viajar por su cuenta. No como Núkleo Asón, que lleva ritmo de convertirse en el Pepe Barros de las peñas (el veterano socio número nueve tampoco se perdió el viaje, como es habitual durante décadas) y tuvo su expedición sevillana.

Más de ocho horas de autobús y otras tantas de vuelta no aguaron la fiesta de los peñistas

La peña oriental tuvo «una pasada» de desplazamiento pese a las interminables horas de autobús. «Hemos ido parte del viaje durmiendo porque sabíamos lo que nos esperaba», explicaba el 'asonista' Javier González, uno de los muchos que viajaron con la comitiva de peñas: «Hemos salido a las doce de la noche de Santoña y ha sido un no parar. Bueno, en realidad hemos parado cuatro veces, lo que nos han dejado, porque las cervezas han hecho también su trabajo». «No nos perdemos una. Donde esté el Racing ahí vamos nosotros. Y ahí estaremos en el play off, sea donde sea. Hemos venido a Sevilla con el resultado en contra y si soy sincero el play off nos preocupa más que la Copa. Esperamos un Racing-Athletic el año que viene en los Campos de Sport».

Arriba: Los racinguistas no dejaron de animar ni un segundo durante el partido. Abajo, a la izquierda, mayores y pequeños disfrutaron del día. Abajo, a la derecha, Rogelio López y Raúl Ruiz en La Flor de Toranzo. / Javier Cotera

Mientras Triana veía algunas bufandas verdiblancas más de lo normal (o al menos antes de lo habitual, a falta todavía de varias horas para el partido) en el aparcamiento del Benito Villamarín desembarcaban los peñistas, algunos para quedarse en los bares de los alrededores y otros para visitar el centro y, claro, La Flor de Toranzo, aunque el propietario Rogelio López sólo estuvo a primera hora y después al cierre. Tenía que enseñar su Sevilla a Raúl Ruiz, hasta el mes pasado breve entrenador del Spartak de Moscú y torancés ejerciente. «Estoy de vacaciones hasta enero y he aprovechado para ver el partido. Y, de paso, para visitar a otro oriundo de Ontaneda». «A ver si echáis esta tarde al Betis», les decía sobre la marcha un sevillista.

«Esta visita se vive con mucha emoción y con el corazón, más que dividido, partido. Hoy la ilusión mía es que gane el Betis , pero que el Racing suba, no a Segunda, sino a Primera, que es donde tiene que estar. Por todo. Si en este mundo deportivo hay un club que dice que es más que un club, es por política. En España hay dos equipos que son más que un club, que son el Betis y el Racing. Por afición, por colores, por tradición, por amor y por todo. Esos sí que son algo más que un club. He viajado mucho con el Racing por aquí por Andalucía y he visto a la gente llorar -como él mismo estaba a punto de hacer-. Que se repita en Primera División todas las veces que sea, que es donde el Racing tiene que estar. Cuando el Betis ganó la primera Copa, había dos montañeses en las filas, uno de Cabezón y uno de Laredo: Cobo y López. Cuando ganó la segunda, teníamos uno, la 'Ardilla', Luis Fernández. Y espero este año ganar la tercera con Canales y con Quique». Las palabras de Rogelio dejan ver el orgullo del anfitrión, de la persona que casi cualquier cántabro va a ver en Sevilla.

Incluido Delfín Calzada, delegado del Racing, que se escapó de la concentración «para saludar -no tuvo suerte, Rogelio no había llegado- y para comprar lotería, aunque tiene recargo». La visita fue breve, como las de los médicos. Poco más corta que la de la Peña Zalo a la Torre del Oro y la del presidente de las peñas, Ángel Zorrilla, a la catedral de Sevilla.

«Llegué el miércoles y nos quedamos en el mismo hotel del equipo, pero me voy mañana mismo -por hoy- porque tengo que ir a trabajar. Si no me hubiera quedado hasta el domingo». Por el camino hacia la Catedral, el goteo de verdiblancos (racinguistas) llamaba la atención de algún curioso: «Ha venido mucha gente del Racing y eso que está en Segunda B», comentaban.

Pero los verdaderos centros neurálgicos estaban en La Flor de Toranzo y junto al Villamarín, donde a las seis de la tarde ya se concentraban cántabros, algunos de ellos castigados a escuchar algún 'Musho Betis' a su paso, algo lógico teniendo en cuenta que los béticos estaban no ya en su ciudad, que también, sino en su barrio. Pero por una vez, cuando faltaban todavía casi tres horas para que comenzara el partido, la Cervecería Huracán y el Bar Cástulo (y su Bodeguita hermana) fueron racinguistas.

Después tampoco tuvieron mucha ocasión de achuchar en el Villamarín -que les recibió con aplausos-, metidos como estaban la mayor parte de los racinguistas en el tercer anfiteatro del Benito Villamarín y confundidos entre los miles de béticos que lucían sus mismos colores, pero unas intenciones muy diferentes. Pero bulliciosos en su jaula. Sólo faltó pasar la eliminatoria. Pero el domingo hay otra vez Liga, otra vez el barro de Segunda B, y como decía uno de esos más de 500 racinguistas resistentes, «lo que tenemos que hacer es subir de una vez».

 

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