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Un final nefasto

Javier Menéndez Llamazares
JAVIER MENÉNDEZ LLAMAZARES

Dantesco. Apocalíptico. Misérrimo. Podríamos decir que no hay palabras para describir lo vivido ayer en los Campos de Sport, pero sí que las hay. El problema es que son todas horribles. Los detritos del diccionario. Ni para hacer aceite de orujo servirían. Es posible que el partido de ayer fuera de trámite, que se lo tomaran a beneficio de inventario –que ya tendría delito, siendo un equipo profesional… ¿qué habría pasado si en Lezama el Tudelano hubiera dado la campanada?–. Para cerrar el año ofreciendo un espectáculo tan patético mejor sería no haber comparecido.

Algo así debieron los pensar muchos racinguistas, que ya estaba bien de sufrir, porque las gradas de El Sardinero estaban más despobladas que nunca. Cierto que tampoco es que hayamos sido muchos durante todo el año, pero los que llevábamos 37 jornadas sufriendo tal vez nos merecíamos una despedida y cierre más digna. Al menos, no naufragando ante un Real Unión que con poco nos sacó los colores y hasta los demonios que llevamos dentro. Todo en el colofón a la peor temporada de la historia del Racing.

Personalmente, no me gusta que se abronque a mi equipo. Entiendo las protestas, incluso los pitos, pero no las broncas. Como si fueran a servir de algo. Pero hay situaciones intolerables, y la de ayer fue una de ellas. Ni vergüenza torera hubo para cerrar el año con elegancia: no pudimos, pero lo dimos todo. Eso es lo único que pedía esta afición, abonada al sufringuismo. Y perdonamos la falta de puntería, la de fortuna y hasta la de talento. Pero no la de entrega. No comparto los cinco minutos con los que se martirizó a unos jugadores que bastante tienen con el fracaso personal; por las venas de muchos corre tanto racinguismo que es probable que sus glóbulos sean verdes.

Pero ver a algunos de los nuestros escondiéndose y escurriendo el bulto, como si la fiesta no fuera con ellos, resulta demoledor. Hasta Pouso, que ha vivido su particular infierno, se ha atrevido a dar la cara y llevarse lo suyo y hasta lo que no era suyo. Pero la verdadera bronca, la justificada, la útil, no ha sido para nadie. ¿Dónde estaban los responsables del club? Directivos, propietarios… Y al completo, como se exigió a la plantilla. Era la hora de dar la cara. No la espantada.

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