Las gafas racinguistas
En el gol de Villalibre, los locales pidieron una falta que los verdiblancos no vimos. Y es que la objetividad está muy bien, pero el fútbol sin su punto de partidismo perdería toda la gracia
EMinuto sesenta. El balón acaba de entrar en la portería del Burgos, pero los aficionados del Racing aguantan la respiración, porque el árbitro, en lugar ... de indicar el gol o sancionar falta, se ha quedado parado junto al área, pidiendo calma por mímica a los jugadores. ¿Se nos había saltado algo, con el fragor de la batalla?
Esto del VAR, más que emoción, ha traído incertidumbre y nervios, muchos nervios. Aunque claro, cuando lo que está en juego es el cero a dos, ya es otra cosa. Que no es lo mismo ir palmando, como nos ha pasado en varios encuentros últimamente, que haber hecho los deberes en la primera parte y estar jugando uno de los partidos más serios de esta temporada. Brega y canela en rama, por fin en el mismo partido. Truenos en defensa y relámpagos en ataque. La esencia del fútbol, vamos.
Sin embargo, lo del segundo gol fue más bien la salsa, que está en esas acciones abiertas a la interpretación, gasolina para encender la polémica. Y es que en la revisión del gol de Villalibre había dos posibles focos de atención: el primero, si en el pase que Jorge Salinas le envía desde su casa el balón había salido o no de banda, y el segundo, si el delantero hace falta o no al defensa para zafarse de él en el área.
«Eso no puede ser falta, es un forcejeo normal», escribí yo en el chat de la Peña Cossío. Buena la hice, porque mi amigo Fernando me escribió de inmediato para reprocharme mi partidismo -que no sé ni a qué se refería, la verdad, con lo imparcial que soy yo...-: «No es falta cuando lleva tu camiseta», se choteó en un mensaje lleno de emoticones partiéndose de risa. «Igual es que el defensa no le iba agarrándo, ¿no?»; claaaaro... de sobra sabemos que los centrales son todos angelitos, y que van al cruce blandito, blandito.
Otra cosa es que hayas medido mal a tu oponente y no te percates de que viene el expreso de Guernica a toda velocidad. Como te descuides, te pasa por encima, claro. Porque Villalibre no es un búfalo, es una manada de bisontes. Vista la moviola, el tal Grego quiso darle el abrazo del oso, que es como ir de safari con un cazamariposas: a los elefantes les da la risa. Por supuesto que en el braceo el delantero toca al central, y que si buscas con detenimiento algún ángulo apropiado, puede parecer que le hace una llave de lucha grecorromana, pero hasta en los patios de colegio se forcejea por ganar la posición, y quien intentaba hacer uso de la fuerza era el defensa. Y si te metes con uno más fuerte... pues ya sabes lo que te puede pasar.
Eso sí, para dilucidar todo eso, no sé si de verdad hacen falta tres árbitros eméritos y media docena de técnicos, cuando resulta que hay un colegiado a diez metros, que alguna experiencia tendrá de ver forcejeos por ganar la posición. Algo que pasa desde alevines, vamos.
O sea, que la tecnología está muy bien para ciertos casos: si entra o no un balón, si hay o no contacto en una falta o si caes en fuera de juego. Pero en las jugadas interpretables, ¿para qué meter en danza más opiniones? Si ya tienes a un juez viéndolo en directo...
Eso sí, opinar nos gusta mucho a todos. Demasiado. «Solo digo que hay que mirar sin gafas verdiblancas», cerró la conversación mi amigo. Y yo preferí no responder, porque si no me pusiera las gafas racinguistas... ¿para qué iba a mirar el fútbol?
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