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maravilloso final de intriga

Javier Menéndez Llamazares
JAVIER MENÉNDEZ LLAMAZARESSantander

Como en una película de Frank Capra, qué bello es vivir estos días de vino y rosas en el Sardinero, con este Racing de Ania que cada jornada interpreta un papel distinto. Con su punto intriga durante toda la semana, jugando al despiste con la alineación y alimentando cierto misterio: ¿Veremos al equipo que domina y golea? ¿Al que domina pero no tira a puerta? ¿Al que marca y se echa atrás? Con tanto interrogante, no es de extrañar que las gradas estén cada vez más pobladas y los partidos en los Campos de Sport parezcan una fiesta. Porque, aunque ayer no dio para hacer la ola, el espectáculo sería de alto voltaje; quién lo hubiera pensado hasta el minuto noventa… Y es que hasta entonces, con excepción de los goles, todo había estado perfecto, o casi. Hasta las banderitas sobre el tejado del estadio, que no sería de zinc, pero debía estar de lo más caliente. Como más de un racinguista de esos a los que no les gusta nada ver el lábaro junto a las enseñas oficiales. Pero lo cierto es que con el viento de poniente lucían espectaculares; un pequeño guiño nostálgico de cuando en las ligas profesionales servían para recordar la clasificación en cada jornada. Mucha menos gracia le hizo al que suscribe la campaña de los contenedores de vidrio, donde se promete que, si somos buenos y reciclamos, el año que viene nos pondrán asientos verdes y blancos. Genial. Yo con que me cambiaran el mío por uno que no tuviera el respaldo completamente roto me conformaría, aunque mejor no voy a quejarme, no sea que me toque alguno de los de al lado, mucho más desguazados.

Y es que en los asientos de al lado se había sentado una familia alemana –con camiseta del 1. FC Köln, el club del gran Schuster, que tantos apodos inspiró en mi generación–, y los chiquillos preguntaron: «pero, si el Racing sube a Segunda, arreglarán el campo, ¿no?». Bendita inocencia. En fin…

Sobre el césped, el asunto prometía en los primeros compases, pero lo cierto es que salvo una ruleta espectacular de Sergio –la verdadera joya de este equipo–, la primera parte fue decayendo y en la segunda, pese al dominio casi absoluto y la ayudita arbitral en forma de roja a un rival, lo cierto es que la humildísima Cultural de Durango tenía en el bolsillo el resultado del año, un punto en El Sardinero y sin haber recibido un disparo entre los tres palos.

Claro que algunos partidos hay que ganarlos por lo civil o por lo criminal, de modo que Ania se lió la manta a la cabeza y a vencer por aplastamiento, alineando hasta cuatro delanteros, en un dibujo insólito; aunque más que por tierra y mar, y tal vez viendo lo inclinado que estaba el campo hacia la portería visitante, lo que decidió fue atacar por aire, lo lógico cuando tienes un par de arietes de más de uno noventa y estás en superioridad numérica. Balones a la olla. Un clásico. Y no siempre funciona, pero en esta ocasión el star-system racinguista firmó su guión más brillante, con dos goles en el descuento que vinieron a rescatar la fe en un equipo justo cuando más cerca estaba de quebrarse. Porque era casi imposible no echar cuentas, tras la derrota del Bilbao Athletic que nos ponía a tiro el liderato, pero también… la paparda. Que perder contra el colista también es un clásico del racinguismo. Aunque esta vez tocaba 'happy end', y hasta una estrella invitada de lo más inesperado. Qué maravilla de final, con esos cánticos de «¡Juanjo, Juanjo!». Ojalá no despertemos de este sueño eterno.

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