Un racinguista llamado Manuel Arce

Manuel Arce, segundo por la izquierda./
Manuel Arce, segundo por la izquierda.
Raúl Gómez Samperio
RAÚL GÓMEZ SAMPERIOSantander

Le recuerdo en el campo sorprendido y lleno de curiosidad. Y también arrepentido de no haber gozado de los placeres del fútbol hasta bien entrados los años. A pesar de que las gradas de El Sardinero no son aptas para personas con problemas de movilidad, él se tomaba lo de subir los peldaños con el espíritu de un escalador ciclista. Y aquel esfuerzo, que no era escaso, tenía la recompensa de una visión excelsa del espectáculo deportivo que descubrió con la Peña Racinguista Cossío.

No es cuestión de extenderse sobre la biografía de este personaje tan importante de la cultura cántabra del siglo XX, pero sí resaltaré, en el poco tiempo que tuve ocasión de conocerle, su firme compromiso con las generaciones jóvenes y con los nuevos retos, como el de fundar y presidir una peña racinguista en memoria de José María de Cossío. Ése fue el anzuelo que le pusimos para que aceptara nuestra propuesta, porque Cossío fue decisivo en su carrera como escritor. Y el 14 de junio de 2013, exactamente cien años después de que un grupo de diecinueve jóvenes formalizara el acta fundacional del Santander Racing Club, quince escritores, periodistas, exfutbolistas y personas relacionadas con la cultura, guiados por Manuel Arce, se desplazaron a la Casona de Tudanca para firmar, en la misma mesa de despacho de Cossío, el acta fundacional de la nueva peña racinguista surgida con el ánimo de evocar al que fuera presidente del Racing entre 1933 y 1936.

Cossío y Arce tuvieron caminos comunes. Ambos fueron editores, atesoraron cartas, fotografías y manuscritos como instrumentos para prolongar recuerdos y amistades, abrieron puertas a jóvenes poetas e impulsaron diversas iniciativas culturales. Cossío sería un hombre clave para que Arce pudiera abrirse camino como novelista, al ser el máximo defensor para que ganara el premio de novela 'Concha Espina' en 1955, con su obra 'Testamento en la montaña'. Cossío convenció al jurado afirmando: «El premio está aquí. Lo supe en cuanto leí la dedicatoria. Es un libro de un escritor».

Otro de los aspectos comunes de ambos fue su cariño hacia el Racing, aunque la vinculación de Arce con el fútbol, exceptuando algunos tímidos contactos durante su servicio militar en el Regimiento Valencia de Santander, sólo surgiría en los últimos años de su vida. Cossío fue uno de los primeros intelectuales españoles que se acercó al mundo del fútbol sin complejos, e incluso llegó a esparcirlo entre los jóvenes poetas del 27. Aunque tarde, Manuel Arce se llenó de entusiasmo para seguir los pasos racinguistas de su primer defensor literario, y ya con una salud delicada, quiso rejuvenecerse sintiendo los colores verdiblancos. Le recuerdo emocionado en el primer partido del nuevo Racing, tras el plante de La Liberación, después de ganar a la Cultural Deportiva Leonesa con gol de Koné. Manuel Arce fue invitado al palco que volvió a ser un lugar de honor, sin rugidos de minuto trece, con celebraciones por la victoria ante el equipo leonés y sobre todo por derrotar a una jerarquía deportiva déspota y corrupta.

Todos sentimos su distanciamiento de la vida cultural, deportiva y social, recluido en la residencia 'Virgen del Faro' de Santander. Visitar a un reo de El Dueso era más fácil que intentar saludar a Manuel Arce en aquella residencia de la que ya nunca más saldría. Qué suplicio alejarle de sus libros, de sus escritos, de sus fotos, de su ordenador y de la terraza de su Barlovento con vistas a la mágica bahía de Santander. Su muerte fue una señal racinguista, porque murió el 14 de junio, la fecha en la que el Racing se formalizó como sociedad y la fecha en la que le nombramos presidente de la Peña Cossío.

«Llegará el día en el que uno sólo estará vivo en la memoria ajena: lo presiento», escribía Manuel Arce en sus 'Aforismos'. Ese día ha llegado, aunque se nos haya privado de todo reconocimiento a su persona e incluso se nos haya hurtado la posibilidad de despedirnos de él en un funeral. Pero no se saldrán con la suya. Estoy seguro.

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