La única eliminatoria entre verdiblancos

Rufino Fernández de Larrinoa jugó aquel partido contra el Betis en 1929. Después sería jugador del equipo andaluz, con el que ganaría la Liga en 1935./DM
Rufino Fernández de Larrinoa jugó aquel partido contra el Betis en 1929. Después sería jugador del equipo andaluz, con el que ganaría la Liga en 1935. / DM
Raúl Gómez Samperio
RAÚL GÓMEZ SAMPERIO

El enfrentamiento copero entre el Racing y el Betis es inédito, porque todos los partidos oficiales que los cántabros han jugado contra el equipo andaluz corresponden a los campeonatos ligueros. Pero hubo uno excepcional, el único de carácter eliminatorio que ambos equipos disputaron en busca de la única plaza disponible para ingresar en una naciente Primera División. El Racing ganó por dos goles a uno y de esta manera pudo acceder a la final contra el Sevilla, al que también superaría.

Todos querían ser de Primera cuando surgió la idea de crear la Liga en los años veinte. Y después de años de reuniones, discusiones y desplantes, se llegó a un acuerdo donde una de las plazas se la tendrían que disputar diez equipos, entre ellos el Racing, que en su primera eliminatoria superó al Valencia, quedando sólo cuatro aspirantes: el Celta, que en León se había deshecho del Sporting de Gijón; el Sevilla, que había derrotado al Deportivo de La Coruña en el Metropolitano de Madrid y el Betis, que había ganado uno a cero al Oviedo en Valencia y se emparejaría con el Racing.

Fue Madrid, punto más o menos equidistante entre Santander y Sevilla, el lugar elegido para este partido que se disputó en Chamartín el 23 de enero de 1929. El Racing comenzó dominando a los béticos y estos se vieron rebasados ante el ímpetu de los delanteros montañeses, sobre todo de Óscar, que desde el centro del campo condujo la pelota sorteando a cuantos rivales le salieron al paso antes de cruzar un disparo potente y colocado que supuso el primer gol. Los andaluces jugaban con pases cortos y eran más técnicos, mientras que los cántabros preferían los largos. Loredo, en uno de los momentos de acoso racinguista, logró el segundo gol tras rematar un centro desde la banda izquierda. A partir de ese momento, los racinguistas plantearon una defensa más replegada, arriesgada y dura, de tal manera que fue casi inevitable cometer un penalti que transformaría Muñoz en el dos a uno. Los pases cortos con florituras hacian avanzar a los béticos, pero sin llevar inquietud a la portería montañesa. Los pases largos del Racing iban al fondo y, cuando eran recogidos por los delanteros, causaban peligro. Los sevillanos tuvieron una excelente oportunidad cuando los racinguistas fueron castigados con otro penalti, pero el lanzamiento salió fuera. La veteranía del conjunto santanderino interrumpiría los torpes ataques béticos hasta que llegó el pitido final del árbitro, Ramón Melcón. De esta manera, el Racing logró meterse en la final, donde superaría al Sevilla en tres partidos, después de sendos empates de los dos primeros. Así consiguió el premio de ser uno de los clubes fundadores de la Primera División. Aquel equipo racinguista que superó a los béticos estuvo formado por Raba, Santiuste, Gacituaga, Hernández, Baragaño, Larrinoa, Santi, Loredo, Óscar, Larrínaga y Amós.

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