Andy Murray y el tenis, una ruptura adolescente

Andy Murray y el tenis, una ruptura adolescente

El británico vuelve este lunes en Cincinnati a la competición individual tras una retirada fallida, una despedida dramática y un breve paso por el dobles

ENRIC GARDINER

Como si se tratase de una ruptura adolescente con sus idas y venidas, Andy Murray ha vuelto a caer en el viejo vicio del tenis y ha decidido darle una segunda oportunidad al deporte. Se despidió entre lágrimas, visionó las fotos de sus éxitos pasados junto a sus amigos y dijo adiós. O lo que él pensaba que era un adiós.

Tras haberlo dejado una vez, los ecos de una vuelta resonaban en su cabeza. «¿Y si existe una segunda oportunidad?» «¿Y si dejarlo fue un error?». Y Murray cayó en el acierto y aceptó la mano que le tendía el tenis.

Uno de sus compañeros en el circuito le sirvió como guía. El doblista estadounidense Bob Bryan había pasado por un calvario similar al del inglés. Se operó de la cadera, se implantó una prótesis y volvió a la competición, manteniendo ese nivel de exigencia y regular que escuda a los Bryan.

El caso de Murray era más complicado, puesto que el individual requiere de una movilidad y un juego de pies a años luz del dobles.

El chico, ya hombre, de Dunblane paró un año a mediados de 2017. Volvió antes de la disputa de Wimbledon y echó el cierre a aquella aciaga temporada 2018 antes de tiempo. Entre medias, una operación de cadera encauzada a paliar los dolores que ya no solo le afectaban en la cancha, si no también fuera de ella.

En la antesala del Abierto de Australia de este año, soltó la bomba. «Quiero ir a Wimbledon y parar, pero no estoy seguro de que pueda hacerlo», sopesó el británico en una rueda de prensa que tuvo que ser interrumpida por las lágrimas de Murray.

Unos días después, Murray perdía en primera ronda del Grand Slam oceánico y ponía, en principio, punto final a su carrera con un acto de despedida en el que, a través de un vídeo, participaron las grandes estrellas del circuito.

Se cerraba la etapa de uno de los mejores de los últimos años. Un número uno, un jugador tres veces ganador de Grand Slam, el único en mantener regularmente en jaque al 'Big Three'. El sucesor de Fred Perry, cerraba un puerta y se negaba a abrir una ventana. No quería ni oír hablar de jugar solo en dobles.

Pero entonces llegó la historia de Bob Bryan y Murray se operó y donde dije digo, digo Diego. Anunció que jugaría dobles en Queen's, en lo que prácticamente es su casa, y conquistar el torneo junto a Feliciano López fue el paso definitivo para su vuelta.

En cada rueda de prensa dejaba caer que su retorno al individual podía llegar tras el US Open, pero que sería una decisión que se palparía día a día.

Jugó en Eastbourne dobles, en Wimbledon, dobles y mixto, en Washington y Montreal, también dobles, y, aunque sus resultados no igualaron lo de Queen's, Murray se ha visto preparado para volver.

El británico aceptó una invitación para jugar en Cincinnati y debutará este lunes ante el francés Richard Gasquet en el que será su primer encuentro desde la fatídica despedida contra Roberto Bautista en Melbourne.

Como quien descuelga el teléfono al ver una llamada de su exnovia, Murray ha aceptado la invitación al café, a reencontrarse con las viejas sensaciones del pasado y quién sabe si a embarcarse en un viaje que llegue a buen puerto. Murray ha enmendado su ruptura con el tenis y luchará por una relación que ya fructificó en el pasado.