Vela

«Hace falta tener templanza para afrontar momentos difíciles en el mar»

José María 'Pichu' Torcida posa sonriente en el interior del Club Marítimo de Santander. /DM .
José María 'Pichu' Torcida posa sonriente en el interior del Club Marítimo de Santander. / DM .

El regatista Pichu Torcida cuenta que su primer contacto con la vela fue gracias a su padre, José David, que compró un barco de cinco metros «para ir de Puertochico al Puntal»

Adela Sanz
ADELA SANZSantander

Un buen día José David Torcida compró un «barquito de vela de cinco metros» en el que iba con sus hijos Javier y José María 'Pichu' (Santander, 1964). Ese fue el primer contacto con el mar de uno de los mejores regatistas no sólo de Cantabria sino de España. «Nos llevaba a toda la familia y siempre hacíamos el mismo trayecto, que era muy corto, desde Puertochico hasta el Puntal». A partir de ahí, «con unos ocho años más o menos» el pequeño Pichu acabó como alumno en «los cursillos de vela que organizaban en el Club Marítimo de Santander y ahí me aficioné», explica sobre sus primeros pasos en el mundo de la vela. Allí entabló amistad «con otros niños que tenían las mismas inquietudes que yo».

Aquella pequeña cuadrilla de marinos, de menos de diez años, entre los que se encontraban Antonio Piris o Javier López Vázquez, entre otros, levantó las velas de sus pequeños optimist para surcar la bahía hasta el páramo frente a Puertochico. No le tenían miedo a nada. «Fue en un momento de una marea baja. Como nosotros apenas calábamos, sabíamos que nadie nos iba a poder seguir para detenernos», evoca. Fue un desafío a la autoridad, que apenas los dejaba sacar el barco de la gran balsa que albergaba cerca de 40 pequeños optimist. «Hemos pasado muchas horas en aquella balsa puliendo y limpiando el barco. Teníamos unas ganas tremendas de salir y apenas nos dejaban», recuerda el campeón mundial de J80.

Con aquel barco estuvo hasta los 15 años. «Luego me enrolé en el crucero y di mi primera vuelta a España». Después vino el First Class y al final el J80. «Los logros que vinieron más tarde tienen su germen en aquellos primeros años, en la balsa, en los optimist...» En aquella visión de aprendizaje en que se huía de las figuras, de la competitividad enfermiza. «Éramos un grupo unido, marineros pero no grandes regatistas. Aunque apasionados de este deporte. Y seguimos siéndolo», revela. Torcida dedicaba los inviernos al esquí -«en mi familia siempre se ha practicado este deporte»- y en verano era «el turno de la vela». El regatista no duda a la hora de explicar qué le conquistó. «Estás en un medio que es hostil cuando hace malo y te tienes que buscar la vida para resolver cantidad de problemas que te puedan surgir y de situaciones en las que tienes que mantener la templanza para afrontar momentos difíciles», comenta Pichu Torcida.

Después del optimist, llegaron los snipe y el soling, los barcos más grandes. «La vela pesada me conquistó al momento y me atrajo más que la vela ligera desde que la descubrí. Vi enseguida que me gustaba más». Con el Real Club Marítimo de Santander llegaron regatas por todo el Cantábrico: Asturias, País Vasco, Francia... En los 80, «siete u ocho Vueltas a España».. De su época en los Cruceros se trajo tres campeonatos del mundo, en las clases IMC 500, Sydney 40 y Class 40. Cuando a finales de los 80 se pasó a los monotipos -barcos iguales para todos los participantes- llegaron dos campeonatos europeos de First Class 8 y dos títulos Mundiales de J80, en 2007 y 2010. En su currículum también hay parte de una regata Whitbread, la vuelta al mundo que ahora conocemos como la Volvo Ocean Race, en la edición de 1993-1994 en el 'Galicia Pescanova'.

Con más de medio siglo de vida, el santanderino desea «navegar todo lo que pueda en los próximos años» mientras compagina su pasión por el mar y la vela con su trabajo de ingeniero industrial en una empresa cántabra.

Pichu reconoce que incluso con un palmarés como el suyo en España no se puede vivir de la vela. «Quizá en otros países, como Inglaterra, Nueva Zelanda o Estados Unidos sí hubiese sido posible vivir de esto. O en Italia, que hay muchos armadores». Pero Torcida no se queja, porque ha tenido la oportunidad de competir con «los mejores regatistas de todo el mundo. Antes la flota española era de primer nivel mundial y en los barcos en los que he competido a bordo han estado algunas de esas figuras de la vela».

 

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