El trajín de la última hora en Gamazo

Fundas, lonas, materiales... La escena se repite estos días en el entorno de Gamazo. Los deportistas van y vienen con el material de sus barcos /
Fundas, lonas, materiales... La escena se repite estos días en el entorno de Gamazo. Los deportistas van y vienen con el material de sus barcos

Los escenarios del Mundial se llenan de actividad antes de la competición

ÁLVARO MACHÍNSantander

En uno de los hombros lleva el logo de los Juegos de Río. El objetivo, con escala en Santander. En el otro, la bandera de su país. Roja, blanca, con luna y cinco estrellas... De las que invitan a jugar al adivínalo. Acaba de terminar su entrenamiento, de recoger el material y toca comer. «Una paella, por favor», dice en la barra de una de las casetas que hay frente al CEAR. Haciendo una pausa al final de cada palabra y un esfuerzo en cada letra por hacerse entender. Un querer agradar acompañado de una sonrisa oriental. Toca relajarse y hacer tertulia en la terraza. Hay un grupo de ingleses, dos daneses que ven la etapa de la Vuelta en un televisor, un par de italianos... Son casi las cinco y media de la tarde de uno de los últimos días antes de empezar. Tiempo para la última hora, para el todo listo, para el retoque... Y en Gamazo, más allá de la paella y el descanso tras regresar del agua, más allá del paréntesis, sí que se nota.

Trajín. Una chica hace entrevistas apresuradas justo cuando los regatistas van a meterse al agua. Los jueces empezaron el lunes con las mediciones del material y en la sala de acreditaciones no deja de entrar gente. «¿Car? Come on...», dice el voluntario de la puerta de Náutica a alguien que busca la autorización para su vehículo. Es una torre de Babel. Tres ucranianos pasean por la pasarela de Los Peligros, les siguen dos tipos con la equipación de Omán y un par de ingleses tiran de su Nacra por el estrecho pasillo estrecho porque la embarcación entra justa para llevarlo a la playa. «A medida que se acerca el inicio, el entrenamiento es diferente. Más suave, menos físico», explica entre la duna y el CEAR Paloma Schmidt, de Perú, junto a su barco y con un tupper en la mano que hace pocos minutos estaba lleno de arroz. «Hay que llegar del agua y comer bien para reponer fuerzas.

Arroz, verduras... Intentar salirse también un poco de esa rutina de pasta y pasta». Se trata de cuidarse, de poner en el punto perfecto cuerpo, mente y trastos. «Estos días vas bajando las horas de agua, sólo por mantener ritmo y afinar los materiales en cuanto a qué se viene a usar finalmente. Hoy, por ejemplo, salí a probar un mastil, por ver si finalmente lo usaba». Lo cuenta tras completar tres regatas de prueba, entre una hora y media y dos horas de Cantábrico. «Ahora, en estos días previos, tratamos de no estar más de dos horas». Evitar lesiones, llegar con el músculo descansado, «y con muchas ganas» al inicio de la competición (previsto para el viernes).

Las condiciones

«Comer y dormir», responden desde una embarcación de Venezuela cuando les preguntan qué hacen estos días al acabar el entrenamiento. Paloma lleva en Santander dos meses ya habla de paseos en bicicleta por el faro o carretera de Liencres como si andara por casa, pero Yamil Saba, venezolano, explica que ellos llevan tres semanas y que les «falta algo de entreno». O sea, que también van bajando su número de horas en el agua, pero aún no hacen menos de las tres y media o cuatro. «La intención es ir bajando, pero...». Y lo explica. «Las condiciones de Santander son con lo que más cuidado hay que tener porque son complicadas. Hoy, por ejemplo, hubo una diferencia de corrientes en plena regata. Hay países que lo entrenaron mejor, que lo preparararon más, que lo estudiaron... Pero nosotros venimos de Sudamérica y...». De hecho, según cuenta, algunos equipos los de países europeos, los más próximos optan hasta por irse unos días tras largas estancias y concentraciones durante el año y regresar ya en el último momento. «Para desconectar, relajarse, descansar... Cada equipo tiene su estilo».

Bicicletas

Todo, entre gestiones y arreglos. Tras entrenar, cambiarse de ropa junto a los contenedores de material. Un ir y venir de jóvenes con velas y trastos al hombro. Un inglés ha improvisado un tendal y tiene todo el equipo colgado y chorreando. «¿Por dónde?», le preguntan a un periodista local señalando con la mano su acreditación. Hay que hacerse entender. Es una chica en bicicleta, cerca del Club de Tiro. La bici es el transporte oficial. Están por todas partes. Ayuda a moverse y también sirve para estirar las piernas. «Para regenerar. Das una vuelta, vas a nadar un poco a la playa o al gimnasio», explica la regatista peruana, que se hospeda en un piso frente al Palacio de Festivales con una compañera de Chile y su entrenador. «Por la mañana, desayunamos, bajamos, armamos y tratamos de coincidir con el mayor número posible de barcos para salir al agua con flota». Bicis, patinetes (de los que tienen manillar) y hasta esos sancheskis que unos dirían vintage y otros de toda la vida. Un catálogo de pequeños transportes que pululan entre curiosos, turistas y hasta grupos de chicos que, con la marea alta, se tiran al agua desde los diques, junto al Museo Marítimo del Cantábrico.

Última hora para los regatistas y para todos los demás. Las lanchas neumáticas ya saben lo que les espera. Van y vienen con organizadores, boyas y con embarcaciones y regatistas tiran de ellos y así les ahorran el esfuerzo para llegar de vuelta hasta su rampa. Duermen en aparcamientos flotantes. Al final de Puertochico, frente a la zona acordonada de Los Peligros, ante el Instituto Oceanográfico... Hay muchísimas. También andan de puesta a punto, como las carpas que abren ya con motivo del arranque de la competición. Porque la mayoría hostelería y comercio inauguró hace días, pero aún quedaban algunas por estrenarse. Que si poner en marcha el ordenador, que si traer folletos...

Cada zona

«Y siguen llegando barcos», dice Francisco Blanco, uno de los voluntarios que se encarga del control de accesos. «A partir de ahora, si no vienes con el papelito, no entras». Hay zonas específicas para prensa, para regatistas, para organizadores... Y todo debe estar regulado.

Hasta el wifi. Una regatista toma nota de las claves ante la oficina de regata, un módulo que hay justo delante de la Escuela de Náutica. Cerca de las carpas donde la chica de la bandera roja y blanca pide la paella a las cinco y media. En esa camiseta con logos y banderas en los hombros hay también una frase en inglés. A la espalda. Live your pasion. Una invitación a vivir tus pasiones. Por cierto, su equipo es Singapur. Para los que se quedaron con la curiosidad de la bandera.