La aventura de esquiar desde un velero en Noruega

«Llevo varios días con un grupo de amigos completando un viaje en el que tenía especial ilusión. Un viaje de esquí, navegación y exploración para el que estamos grabando un documental. En Lofoten, Noruega», desvela nuestro colaborador Pepín Román

Pepín Román ha aunado en este viaje navegación en velero, orientación y esquí de montaña. / HMA
Pepín Román
PEPÍN ROMÁNNoruega

68°17'52''N 14°50'39''E. Pequeña ensenada de un increíble fiordo noruego a refugio del viento y las olas. Hoy es 6 de abril, son las dos la madrugada, hay 7 grados bajo cero y estoy solo, sentado en la cubierta del barco, reposado contra el palo. Todo está en calma y el mar es un espejo que refleja las auroras boreales que vemos todas las noches. En la sombra se aprecian paredes enormes tapizadas de hielo, corredores y canales. Es un lugar idílico.

¿Qué hago aquí?

Llevo varios días con un grupo de amigos completando un viaje en el que tenía especial ilusión. Un viaje de esquí, navegación y exploración para el que estamos grabando un documental. Quería venir al archipiélago Lofoten, un conjunto de islas que emergen esculpidas y azotadas por la brutal incidencia del mar de Noruega, por encima del Círculo Polar Ártico, considerado uno de los lugares mas espectaculares del mundo. Buscaba lo salvaje, lo desconocido, donde no hubiera guías, mapas, carreteras ni caminos. Y sobre todo, donde no hubiera nadie. Buscaba montañas salvajes. Para ello nuestra herramienta sería un barco, un velero con el que poder desplazarnos libremente a cualquier hora y a cualquier punto, partiendo con esquíes desde la misma orilla del mar.

Nos hemos juntado ocho buenos amigos para llevar adelante esta aventura y disfrutar al máximo. En el grupo hay de todo: montañas de ocho mil metros escaladas, vueltas al mundo a vela, esquí por todo el planeta, 'splitboard' (snowboard que se parte en dos mitades) y, sobre todo, muchas ganas de actividad.

Navegamos, pescamos, cocinamos, esquiamos, escalamos... pero, ante todo, descubrimos y exploramos. Estos días nuestro mantel en la mesa ha sido un mapa. Un mapa lleno de dedos señalando y dieciséis retinas observando e imaginando descensos increíbles tras ascensiones locas. Unos aportaban motivación, fuerza y ganas. Los otros ofrecíamos experiencia, sensatez y seguridad.

Repartimos las tareas. Mientras unos preparan el material, otros buscan el mejor desembarco en el acantilado. El resto, mapa en mano, controlamos el sol, la temperatura y las condiciones de la nieve. ¡Esta siendo brutal!

Estas montañas tienen unos 800 metros de desnivel pero sus condiciones cambian cada 1oo metros y debemos adaptarnos a ellas. Todos coincidimos en que tienen dimensiones enormes y nos recuerdan a las del Himalaya. Allí, como aquí, somos poca cosa.

Por las mañanas hacemos actividad de montaña y subimos a lugares sin nombre. Por la tarde, analizamos el día y planteamos el siguiente objetivo. No es algo baladí, pues hay que tener en cuenta las condiciones del mar, el viento, las condiciones de la montaña y un sinfín de apéndices que implica tener amarrados en un viaje de exploración. Justo después de comer empezamos a navegar hasta el objetivo, donde aprovechamos para pescar, descansar, tomar el sol y completar labores de mantenimiento en el barco. Por la noche, las auroras vuelven a visitarnos. Y vuelvo una noche más a mi rato de reflexión en cubierta. Como ahora.

Arriba, los aventureros de la expedición. Abajo, izqda., Pepín toma un plano en la popa del velero. Abajo, derecha, una de las auroras boreales que vieron durante el viaje. / HMA

Una combinación de mar, grandes montañas, aventura, convivencia, riesgos y, sobre todo, parajes y esquiadas increíbles que estamos disfrutando al máximo todos juntos.

«¿Pepín, ¿qué haces? Es tarde y en cinco horas nos levantamos», me preguntan desde el camarote. «Estoy escribiendo para el canal DMontaña de El Diario Montañés», respondo. «Venga, anda. Ya tendrás tiempo, es tarde y hace mucho frío», me aconsejan desde dentro.

En realidad, creo que es el mejor momento para escribir. Es cuando los viajes, las experiencias y las aventuras fluyen, salen sin esfuerzo fuera de tu cabeza y vuelan hasta las auroras boreales.

Amigos, es hora de dormir, ¡mañana nos espera otro día excepcional!

Hasta la próxima: nos vemos en las montañas.

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