La Maravillosa Orquesta del Alcohol

«Para abrirse camino no hace falta ir a ningún despacho»

«Para abrirse camino no hace falta ir a ningún despacho»

La Maravillosa Orquesta del Alcohol ya ha colgado el cartel de entradas agotadas para su actuación este sábado a las 21.00, en Santander

Javier Gangoiti
JAVIER GANGOITISantander

Han pasado casi ocho años desde que unos chavales de Burgos concibieran La Maravillosa Orquesta del Alcohol, la M.O.D.A., y sin embargo siguen hablando como el primer día. No importa que sean miles o decenas las personas que se amontonen frente a su escenario.

El septeto revela esa afinidad tan propia de las bandas en cada compás, un ADN del que contagian a todo el mundo, estén en Oviedo o en Dublín. Entre una ciudad y la otra harán escala en Santander, este sábado a las 21.00 horas. David Ruiz, cantante y guitarrista, prefiere eludir el hecho de que las entradas ya están agotadas. Lo único importante son «las canciones y el público», dos de los motivos por los que prefieren seguir «con los pies en el suelo». En concreto, sobre el escenario.

-El éxito les lleva de un lado para otro. Además de una banda ¿La M.O.D.A. se ha convertido también una familia?

-Sin duda, los siete somos las personas con las que más tiempo pasamos de nuestra vida. Después de todo, el roce hace el cariño y hemos logrado construir una relación diferente a las que se dan normalmente en esa sociedad. Son muchas horas de trabajo, con momentos de emoción, de tensión y sobre todo viviendo experiencias increíbles en un montón de viajes.

-Y lo han conseguido sin un sello discográfico detrás. Muchos jóvenes visualizan el sueño de ser artista en forma de un contrato discográfico. ¿La M.O.D.A. es un ejemplo de que hay vida más allá de las grandes casas discográficas?

-Y además no somos los únicos. La autogestión es una forma de entender este oficio, ni mejor ni peor que cualquier otra. En nuestro caso es un reflejo de nuestra forma de ser porque consideramos que nos da más libertad e independencia a la hora de trabajar y queremos ser dueños de nuestras decisiones. Comprendemos que hay circunstancias y contextos muy diferentes y por supuesto no juzgamos a otros compañeros de profesión. Al contrario, hay gente que no tiene otra vía y tiene que pasar por el aro de una discográfica.

- ¿Por qué aros diría que han tenido que pasar ustedes?

- Nosotros pasamos por otros distintos. Cada uno buscamos la forma de abrirnos paso lo mejor posible, y a mí me haría especial ilusión que haya alguien que quiera coger una guitarra con trece años y pueda tener el ejemplo de La M.O.D.A., entre otros, para tener claro que no hace falta ir a ningún despacho ni reunirse con un señor con corbata para abrirse camino. Si hay música llegando a la gente, todo el resto de personas sobran. Hay personas maravillosas creando festivales, pero también hay otras tantas que no solo no aportan nada, sino que están en la industria para llevarse el dinero del público, de los derechos de las canciones, etc. Lo sagrado y fundamental son las canciones y el público.

-Hablando de público. Ya está colgado el cartel de entradas agotadas para este sábado en el Escenario Santander. Cantabria es sin duda uno de sus bastiones más importantes.

Intentamos no pensarlo mucho cuando nos va bien, y le damos más vueltas cuando las cosas van peor y poder mejorarlas. Queremos tener los pies en el suelo y que no se nos suba el éxito a la cabeza. Somos conscientes de lo difícil que es agotar las entradas en muchas ciudades. Como consumidores de música que somos sabemos lo que cuesta que el público llene las salas y nos sentimos muy afortunados. Por eso lo valoramos y ensayamos como nadie para no decepcionar al público. Estamos viviendo un momento muy dulce y nuestras canciones están llegando a mucha más gente de la que imaginamos en un principio.

« Hay personas maravillosas creando festivales, pero también hay otras tantas que no solo no aportan nada, sino que están en la industria para llevarse el dinero del público»

-Publican '7:47 Ni un minuto más', un EP de tres canciones. ¿Por qué han elegido este formato?

-Porque eran tres canciones que no encajaban con nada, ni con lo que había ni con lo que puede haber en el futuro. Tampoco son rarezas, caras b, ni temas que se han quedado fuera de otros discos. Son composiciones de este año y queríamos sacarlas como una unidad, separadas del resto y como un proyecto independiente. Además, tuvimos la suerte de poder grabar este EP en Estados Unidos este verano, cuando fuimos a tocar por allí. Aprovechamos la fecha en Chicago y pudimos grabar con Steve Albini, que es uno de los nombres más importantes de la música alternativa de las últimas décadas.

-¿Cómo ha sido trabajar con él?

-La diferencia fundamental con respecto a otros productores es que él no se mete en la composición ni en las notas que uno toca. Es el tipo de profesional que nada más llegar te dice que no es productor, sino un ingeniero que se limita a que la toma de sonido sea correcta y sin sonidos no deseados. Gracias a ello logra ese resultado tan reconocible en sus trabajos: baterías con gran amplitud de sala, un bajo con mucha potencia y en general la naturalidad que respiran todas sus grabaciones. Nos ha tratado con el mismo respeto que a cualquier otra banda. A él le da igual si eres un grupo que vende millones o si acabas de empezar. Trabajar con él ha sido como estar en uno de esos documentales de nuestros grupos favoritos, como un sueño.

-Estuvieron tocando en México, pero también en Colombia y otros países. ¿En qué se diferencia el público español del latinoamericano?

- Si tuviera que destacar algo, diría que ellos tienen un punto más de espontaneidad. Es como si todavía no les hubiese llegado lo malo de la sociedad occidental. No hay tanto postureo. Si a alguien le apetece llorar, gritar o brincar lo hace, sin importarle todo lo demás. Eso también lo vemos en nuestros conciertos en España, pero creo que en general el público europeo estamos un poco más pendiente de lo que piensa la persona que está al lado. Al otro lado del Atlántico, sin embargo, viven todo al 100% ya sea el fútbol o cualquier cosa. Eso sí, hay algo que no cambia: nos viene a ver gente de todo tipo. Nos encanta ver a un heavy al lado de una chica adolescente que escucha grupos de pop. Eso es algo que nos gusta mucho y pone de manifiesto el poder de la música popular. En un momento en el que estamos cada vez más aislados e independientes, la música pone de relieve que son muchas más cosas las que nos unen que las que nos separan. -

Altamira como punto de partida

Es en el segundo tema de '7:47 Ni un minuto más', donde David Ruiz reflexiona sobre el significado de las letras. Para ello se remonta miles de años atrás, a las pinturas rupestres de 'Altamira': «Intentaba simbolizar el paso del tiempo y la frágil perdurabilidad de las obras del ser humano a lo largo de la historia. Las cuevas y las pinturas rupestres son un ejemplo muy potente de cómo una creación humana puede soportar el paso del tiempo. Todo ello me sirvió para reflexionar sobre la importancia de las letras y su influencia en el día a día de las personas que las escuchan«.

Por otro lado, añade, «la canción también señala una crítica y autocrítica a propósito de las letras vacías y a la trascendencia que nuestras letras puedan tener. ¿Hasta que punto el público corea las canciones con el mismo sentimiento que el autor? Es una reflexión sobre el oficio en su conjunto, sobre el papel de las palabras en las canciones».

«Uno a veces tiene la sensación de que las letras son un trámite que acompaña a la música, que podrían cambiarse determinadas palabras y daría igual. Por último también hay una referencia a la censura, a que se juzgue a personas por el contenido de sus letras o que haya otros que tengan que irse del país. Se puede estar más o menos de acuerdo, pero el hecho de censuraro y pretender meterse en la cabeza de alguien y decirle cómo tiene que pensar nos parece algo muy grave. De ahí la frase del primer estribillo: 'Acabará en las paredes de Altamira o en la cárcel'», concluye.

 

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