Miguel Campello, el artista sin reloj

Miguel Campello, el artista sin reloj

'Entre mil historias' es el último disco del cantante, en el que el tiempo es un elemento de constante reflexión

Pilar González Ruiz
PILAR GONZÁLEZ RUIZSantander

Miguel Campello empieza el año «paseando» su nuevo disco por los teatros. En plan íntimo; con guitarra, percusión y voz, sin que falte su pizca de jaleo. Un trabajo que se ha fraguado a lo largo de los dos últimos años y que recoge su visión de la familia, la rutina, la fama o el amor. son 18 canciones grabadas en acústico que «han recorrido el camino de piedras, tierra y rastrojos», afirma. Se llama 'Entre mil historias' y se publica acompañado de un libro de 50 páginas donde aparecen fotos, dibujos, letras y muchas curiosidades.

En la libreta que siempre le acompaña, Campello va apuntando cosas. Noticias, ideas que se acumulan. «Algo que incluso no sabrías que piensas», explica. Y ahí cabe de todo. «Lo que vemos y escuchamos, el día a día, la familia, el sol que sale, que hace frío...vamos guardando cosas inconscientemente y cuando ya no caben, salen por alguna parte».

Elementos que pasan un filtro, el propio y terminan dando forma a sus composiciones. «Hay canciones que te gusta cantar y te ayudan a entender otras cosas». El tiempo tiene un papel fundamental para entenderlo, para analizar esos «trocitos de vida» guardados.

Como novedad, ha acompañado sus canciones de un libro. Primero porque le gusta «ver las cosas en grande». También sus propias letras. Habla de los vídeos e incluso las películas de altísimas calidad que se ven en la pantalla de un teléfono, por ejemplo. Echa de menos los vinilos por sus iconicas imágenes». Las cosas han perdido la importancia y quería dársela a estas palabras, que «se note» el trabajo y el esfuerzo en la parte material del disco. Que sea «un regalo» tangible, que sea posible apreciar también con las manos.

Quizá se trate de romanticismo, porque, románticos, dice el cantante, siempre va a haber en todos los ambientes. Personas capaces de valorar el olor de un libro al abrirlo, algo que va «mucho más allá de leer una historia». Tomarse la pausa necesaria para saborear los momentos. «Ahora la vida va muy rápido y todo pasa en un momento en este mundo de sobreinformación», lamenta.

Ha grabado este trabajo en su estudio, en su casa, en la parte de la vivienda que era un antiguo establo. «¡Más vieja que el hilo negro!», bromea. Ha trabajado con poca instrumentación. Cree en los matices y las diferencias. Reivindica la parte no puramente musical, sino los detalles. Cuenta como hace poco pasó por el local donde un hombre hacía sillas a mano. Ya estaba jubilado. «Y no habrá más», expone Campello. «No se valora y eso pasa con todo». Critica la piratería que afecta a todos los sectores, desde quienes copian un disco hasta los panaderos que ven usurpados sus negocios por modelos en cadena.

Se marchó de la ciudad aceptando que no dejaría de ser ruidosa y siguiendo su principio de que si algo no le gusta, tiene que cambiarlo por sí mismo. Alejar aquello que le molestaba. Una elección tan importante como optar por el trabajo al que dedicarse, que siempre seguirá la misma senda. «Aunque no fuera esto, tocar y sacar discos, seguro que seguiría haciendo música». En su Matola natal, la música no existía como profesión, sólo como fiesta y entretenimiento. «Lo más parecido era la orquesta cuando venía al pueblo». Ahora ha vuelto al pueblo, y en su casa, de manera íntima, ha dado forma a un disco sin molestar ni que le molesten «salvo los grillos y las cigarras». Encontrar tu camino y tu historia hace que el esfuerzo que inviertes en tu trabajo «lo veas de otra manera». Recuerda que ha sido camarero, recepcionista… Y aunque lo que menos le gusta es estar encerrado, esta labor también obliga a ello. «No veas lo que hay que trabajar para no trabajar en lo que no quieres», indica.

En las canciones de Miguel Campello hay referencias constantes al tiempo. Sin embargo, ni siquiera tiene reloj. Para él es «algo que se nos ha dado pero no sabemos cuánto es», porque «puedes contar el dinero o los amigos que tienes, pero el tiempo no».

A pesar de los años de experiencia, sigue evitando tocar en el lugar donde vive. «Se me va quitando, pero no me gusta», explica, porque su ambición es «ser uno más del pueblo y no hacer nada diferente a los demás». No es cuestión de timidez, sino de nervios y cree que no es algo tan extraño. «Me gusta vivir tranquilo y que mi vida no sea diferente aunque yo lo sea». Porque su meta no es ser importante, ni artista, sino compartir lo que crea. «Mis canciones me hacen llorar a mí. Y sonreír también. Cuando haces algo que te gusta lo principal es eso. No concibo que alguien te de algo que no te guste».