«En la música puedo ser, hasta cierto punto, un irresponsable»

El músico prepara nuevos temas para Australian Blonde y para su proyecto Francisco Nixon./DM
El músico prepara nuevos temas para Australian Blonde y para su proyecto Francisco Nixon. / DM

Defiende la idea del artista como artesano y mañana ofrecerá un concierto en 'Discos Cucos' (Santander)

Mada Martínez
MADA MARTÍNEZ

En una página de su diario personal, León Tolstói escribe la siguiente pregunta: «¿Por qué la música actúa en nosotros como el recuerdo?». El autor ruso pone la frase entre interrogaciones, pero no hace si no constatar el poder de evocación de la música. Una composición puede transportar, provocar, tocar la memoria. Entre los primeros sonidos que Francisco Nixon identifica como recuerdos musicales está la voz de su madre, que canta coplas o boleros mientras limpia la casa, están las sintonías, ráfagas, y voces de la radio, está 'La Bola de Cristal'. Siendo adolescente, sus padres le compraron una guitarra eléctrica y aquello cobró otro sentido: fue dando forma a los sonidos y a los silencios, sus referentes musicales se expandieron, comenzó a formar bandas en su Gijón natal.

Hoy, sigue componiendo y tocando con Australian Blonde, la banda de la que fue vocalista y compositor en la década de 1990, cuando era Fran Fernández, y que musicalizó un tramo generacional. Después, formó parte de La Costa Brava junto con Sergio Algora, otro grupo que dejó una huella profunda y «Cumpleaños feliz y el carnet de conducir, / está en tu cara el sol de España», cantan en 'Canción de regalo', tema de su LP 'Los días más largos'. A Algora −fallecido hace diez años, quien lideró otra banda mítica, 'El niño gusano'− le ha dedicado hermosas canciones.

El proyecto Francisco Nixon comenzó a mediados de la década de 2000. 'Lo malo que nos pasa' (Siesta, 2015) es su último trabajo. Lee, escribe −entre otros textos ha escrito el libro 'Aprendiz de Kun-Fú' (Chelsea Ediciones, 2013)−, compone, actúa. Mañana lo hace en Santander. Será a las 19.30 horas en 'Discos Cucos' (calle Santa Lucía, 41), dentro de las actividades organizadas para celebrar el tercer aniversario de esta tienda de discos.

–«Hacer ruido es divertido en sí mismo», escribe en 'Aprendiz de Kung-Fú'. ¿Por qué decidió empezar a hacer ruido, por qué seguir haciéndolo?

–Empecé a hacer música porque me gustaba, y porque descubrí que era una manera de llamar la atención de las chicas. A día de hoy supongo que sigo haciendo música porque es uno de los pocos espacios de libertad que poseo. El resto del tiempo tengo que cumplir con mi deber. En la música puedo ser, hasta cierto punto, un irresponsable.

– Cree en la música −en el arte, en la cultura− como una acción colectiva. ¿El modo de producirla lo permite, en qué grietas se puede encontrar esa acción colectiva?

–La ideología dominante a la hora de concebir arte sigue siendo la del romanticismo: el genio creador, la manifestación del espíritu del pueblo, alta y baja cultura, etc. Frente a esa idea romántica, yo defiendo la idea del artista como artesano, como un trabajador que crea un producto para abastecer un mercado. En ese sentido, las canciones, al igual que las novelas o las películas, las hacemos entre todos. El autor es una pieza más dentro de una maquinaria. Y, a veces, ni siquiera la más importante. Hay obras totalmente estandarizadas donde el autor es un mero operario. Normalmente la figura más relevante en todo el proceso es la del productor.

–¿Cómo arma ahora las giras, qué le lleva a tocar en una ciudad o en espacio u otro?

–Con la crisis de industria musical tuve que buscarme un trabajo de oficina, y ahora sólo toco cuando me apetece mucho y tengo tiempo. Sigo disfrutando con los conciertos, pero lo de viajar lo llevo fatal. Supongo que es la edad.

–¿Qué pedazo de la realidad le inspira para componer?

–En general sólo escribo acerca de estupideces, de las cosas que se me ocurren a las tres de la mañana cuando estoy en la cama sin poder dormir. Utilizo el clásico recurso del feo que se ríe de sí mismo. Un movimiento defensivo, en el fondo. Me protejo detrás del humor para que no me hagan daño.

–En el documental 'Salir de casa' (dirigido por David Trueba en 2016, y dedicado a Francisco Nixon) muestra su círculo cercano, se reivindica, de algún modo, la conversación entre amigos. ¿Hay riesgo de perder esos espacios, ese tiempo de encuentro?

–Como dije antes, creo que la obra de arte es colectiva, y sin esos espacios de discusión, ya sean de amistad o enemistad, no puede existir. En realidad, el documental fue una excusa para poder ver a los amigos.

–En un bar conoció a Sergio Algora, de quien se cumple ahora el décimo aniversario de su muerte. ¿Qué le han aportado los bares como escenario de encuentro, como escenario creativo? ¿Qué papel pueden jugar los bares en la difusión de una escena musical?

–Yo pertenezco a una generación en la que el bar era el espacio público por excelencia. Actitudes comunes hoy en día en Internet (la fanfarronería, el odio, la desfachatez) serían impensables en un bar, a riesgo de acabar bebiendo solo o que te partieran la cara. Mi primer grupo lo monté pensando en el público de los bares, no de los festivales ni de las salas (que no había). Mis canciones siempre se hicieron pensando en una audiencia reducida.

–¿Y qué papel pueden jugar espacios como 'Discos cucos' ahora que la digitalización −la ausencia de soporte− ha conquistado el mercado de la música?

–No soy un fetichista del vinilo, pero me gusta que existan las tiendas de discos, igual que me gusta que existan los bares, o los cines. Eran lugares donde encontrar gente afín, en una época en la que era complicado hacerlo. En un mundo ideal, habría una mayor diversidad, y los diferentes espacios y formatos podrían convivir.

–Junto con otros nombres, ha retirado la candidatura a la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores). ¿Qué ha ocurrido? ¿Se ha agotado ese modelo de defensa de los derechos de autor?

–Mi candidatura y la de muchos otros fue meramente testimonial. Somos un grupo de autores preocupados por la situación que vive la entidad, y que creemos que necesita una profunda reforma. Eso no significa que no siga defendiendo la gestión colectiva de los derechos de autor, ya que, hasta la fecha, es la forma menos mala que se ha encontrado de que los autores puedan participar de alguna manera en el reparto de los ingresos generados por su actividad.

–Últimamente, se le pregunta mucho por la composición 'Chup, chup' (en el disco 'Pizza Pop', 1993, de Australian Blonde) ahora que cumple su 25 aniversario. ¿Entiende aquella canción como símbolo generacional?

–Es una canción a la que le estoy muy agradecido porque gracias a ella he podido tener una cierta carrera musical. Lo que signifique en el futuro, el tiempo dirá.

–¿Trabaja en estos momentos en algún proyecto musical?

–Estoy preparando temas nuevos tanto para Australian Blonde como para Francisco Nixon, pero no tengo prevista ninguna fecha de publicación.

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