El FIS desde dentro: tradición y modernidad

El Ensemble Instrumental de Cantabria mezcla obras de compositores contemporáneos con tonadas clásicas del folclore regional

Los integrantes del Ensemble Instrumental de Cantabria y su director, Esteban Sanz / L. Palomeque
Pilar González Ruiz
PILAR GONZÁLEZ RUIZSantander

Podría afirmarse sin riesgo de exagerar que Lines Vejo ha hecho más por el folclore cántabro que cualquier manual. Con esa forma de transmitir el conocimiento heredado a golpe de pandereta y versos, de boca a oreja. Como se ha heredado el saber generación tras generación. Ella es uno de los puntales que aparecen en la conversación con Esteban Sanz. Músico, compositor, profesor y ahora, director del Ensemble Instrumental de Cantabria, Sanz lleva metido en esto de la música «toda la vida», dice.

En ese camino, hace dos años, se encontró con la creación de una formación que aspiraba a llenar un hueco «aprovechando el talento local», mezclando diferentes conceptos musicales para lograrlo. El Ensemble Instrumental de Cantabria, que pueden ser dos, doce o dieciocho, si el conjunto está completo. Maleables de acuerdo a las necesidades de cada proyecto, de cada pieza. No existía hasta el momento una formación «profesional y estable» de estas características, explica Sanz. Su objetivo es tocar en casa pero también salir de Cantabria, viajar por toda España e incluso por el resto del mundo. «Llevamos sólo dos años pero hemos avanzado mucho», señala sin ocultar su orgullo.

A ese grupo cambiante se van sumando «colaboradores» de acuerdo a los sonidos que necesitan introducir. El ambiente no puede ser mejor. Además de buscar la excelencia en la ejecución, siendo «lo más exigentes posibles», también quieren «pasarlo bien, estar a gusto» y que sea «una cosa enriquecedora para todos».

L. Palomeque

Trasteando con sus instrumentos en la calurosa sala de ensayo, instalada provisionalmente en el Conservatorio de Torrelavega, están los ocho músicos que esta noche se subirán al escenario del Palacio de Festivales. Piano, flauta travesera, violonchelo, percusiones o...campanos. De esos que suenan en los prados o en las ferias ganaderas o, como en este caso, en el Festival Internacional de Santander. Porque una de las cosas que pretende este ensemble es mezclar con las composiciones más clásicas y regladas, tonadas propias de la tradición cántabra.

Las tonadas forman el repertorio de ráiz, una colección «riquísima» que hasta hace 80 años estaba viva. «Gente que estaba segando un 'prao', en la fábrica o una noche de invierno en la cocina, mantenía viva esa tradición». Con el tiempo y los avances, se perdió la necesidad de utilizarlo de forma práctica, su uso funcional, pero no su contenido. Esteban Sanz destaca al padre Sixto Córdova, que durante 50 años fue párroco de Santa Lucía y los fines de semana se dedicaba a recorrer los rincones de Cantabria armado con su cuaderno, en el que iba «recolectando» todas las melodías. «Gracias a esa labor hoy tenemos cuatro volúmenes llenos de canciones» que de otra manera se habrían perdido.

Los músicos

Lara Manzano, flauta

Isabel López, oboe

Andrés Pueyo, clarinete

Adrián Higuera, percusión

Silvia Carrera, piano

Daniel García, violín

Belén Puerto, viola

Alberto Gorrochategui, violonchelo

Esteban Sanz Vélez, director

Junto a esos clásicos del folclore popular, el ensemble interpretará obras de cántabros actuales; Miguel Ángel Samperio, Gorka Hermosa, Nobel Sámano, Israel López... Obras «inquietas, variadas» que sumadas a los sonidos ancestrales de Cantabria creen que va a «sonar muy bien» en el mosaico que construirán en la Sala Pereda.

La música de Cantabria está en un momento muy bueno, «de eclosión», señala Sanz. Es «indiscutible» si se compara con hace veinte o treinta años, dice. «El avance es extraordinario. Hay tres conservatorios, escuelas de música, cada vez más nivel en los coros...». Pero, matiza, esto «no quiere decir que esté todo conseguido todavía». En el haber pone por ejemplo, contar con una orquesta profesional.

Alejado de su papel didáctico, Sanz elige Argoños como el lugar en el que detenerse a escuchar música como puro disfrute. Este madrileño, que no se califica como especialista y sí respetuoso con lo tradicional, ya se siente autóctono en Cantabria, «uno de los sitios más maravillosos del mundo».