Iglesias, el azote del PSOE

Pablo Iglesias.
Pablo Iglesias. / Archivo
  • El líder de Podemos ha demostrado en los últimos meses ser implacable con sus adversarios y hasta con sus compañeros de partido

Podemos y PSOE están condenados a entenderse si alguno de los dos pretende gobernar. No obstante, la relación entre ambos dista mucho de lo que se podría considerar cordial. Una parte de la responsabilidad de los muchos puentes que en los últimos meses se han roto entre las dos fuerzas de izquierda corresponde a Pablo Iglesias. El secretario general de Podemos ha desquiciado al PSOE con maniobras como la de ofrecerse a ser vicepresidente de Pedro Sánchez cuando éste aún estaba reunido con el Rey o cuando le exigió que rompiera las negociaciones con Ciudadanos si quería hacerlo con Podemos. Nada de esto gustó un ápice en las filas socialistas.

Al margen de su capacidad para golpear al PSOE, el líder de Podemos también ha demostrado que puede ser un político implacable. Lo ha sido en la arena parlamentaria, donde ha protagonizado ásperas intervenciones. Y también a nivel doméstico. No le tembló el pulso a la hora de defenestrar a Sergio Pascual como secretario de Organización pese a ser consciente de que era una de las personas de mayor confianza de su número dos, Íñigo Errejón, del que a raíz de aquella decisión se ha distanciado no se sabe si definitivamente.

La menor influencia de Errejón en las decisiones del partido ha llevado a Iglesias ha dar un volantazo a la izquierda. Frente a la transversalidad que siempre ha defendido el número dos, el secretario general ha optado por el pacto con Izquierda Unida, el mismo que desdeñó para las elecciones del 20-D. La apuesta, a tenor de las encuestas que anuncian el 'sorpasso' al PSOE, parece que le puede salir bien.

Iglesias también ha cometido errores en los últimos tiempos. Él mismo lo ha reconocido. Lo hizo, por ejemplo, cuando acusó a Felipe González de tener las manos manchadas de cal viva o cuando acusó a los periodistas de perjudicar intencionadamente a Podemos para medrar en sus medios. Aunque ha pedido perdón por éstas y otras salidas de tono, su imagen ya no es la que era cuando llegó a encabezar los índices de popularidad política allá por los inicios de 2015. Su liderazgo en Podemos, sin embargo, nadie lo pone en duda.