Rivera, la ambición de ser determinante

Albert Rivera.
Albert Rivera. / Efe
  • El presidente de Ciudadanos ya no aspira, como hace solo seis meses, a competir por la victoria, pero sí a formar parte del próximo Gobierno

Albert Rivera se enfrenta a un gran reto el 26 de junio, romper la polarización entre izquierda y derecha que alimentan tanto Unidos Podemos como el PP con sus llamadas al voto útil y que amenaza con asfixiar el espacio político de centro liberal que ha puesto en pie en menos de dos años y que le ha llevado a convertir a Ciudadanos en un partido nacional con 1.500 concejales, casi un centenar de parlamentarios autonómicos y 40 diputados.

Por eso este exjurista barcelonés de La Caixa, hijo de autónomos, con un gen competitivo innato y transmutado desde hace casi una década en un ambicioso político, disciplinado, con enorme seguridad en sí mismo, y dotado para la estrategia y la oratoria, se ha marcado como objetivo realista para estos comicios consolidar en el Congreso un espacio ideológico inexistente desde que en la transición fuese encabezado por el espejo en el que le gusta mirarse, el de Adolfo Suárez.

Rivera ya no aspira, como hace solo seis meses, a competir por la victoria, pero sí a formar parte del próximo Gobierno. Su apuesta es convencer a los españoles de que tienen que hacer de Ciudadanos la bisagra política determinante que les puede garantizar lo que ahora más anhela, un Gobierno. Pregona que, como demostró primero en ayuntamientos y autonomías y en febrero con su pacto con Pedro Sánchez, su utilidad consiste en que es la única formación capaz de dialogar y sumar mayorías tanto con PP como PSOE y de frenar, posibilitando una alianza moderada, cualquier opción de que Pablo Iglesias llegue a la Moncloa. El complemento ideal que aporta estabilidad y renovación porque solo pactará a cambio de regeneración y reformas.

Rivera, líder indiscutido en su partido antes y después de las elecciones pese a que en los últimos meses ya se ha visto salpicado por los primeros escándalos internos y conatos de rebeliones locales, cuenta a su favor con que es el político mejor valorado, bien percibido por los simpatizantes de todas las siglas, y, en su contra, que sus potenciales votantes incluyen el más alto número de indecisos, lo que puede mermar sus resultados si la abstención, como parece, aumenta.