Sánchez, el candidato que nunca se cansa

Pedro Sánchez.
Pedro Sánchez. / Reuters
  • El líder del PSOE afronta el 26-J en las peores condiciones, los sondeos auguran un batacazo y su liderazgo se tambalea pese a la tregua electoral de los críticos

Perdió las elecciones del 20 de diciembre y, pese a todo, sobrevivió a los amagos de derribo de buena parte de los líderes territoriales del PSOE, con los que lleva meses enfrentado. Pedro Sánchez fue capaz de jugar, durante las semanas que siguieron a los comicios, con lo único positivo del peor resultado electoral de la historia del partido. Sus 90 diputados resultaban indispensables para cualquier mayoría que permitiera formar gobierno a un lado u otro del abanico ideológico y él decidió ponerlos al servicio de un Ejecutivo que llamó "transversal y de cambio"; una alternativa al PP para la que necesitaba a socios tan alejados entre sí como Ciudadanos y Podemos. Fracasó.

Los socialistas creían que, en el peor de los casos, el intento serviría para que los españoles reconocieran el "esfuerzo" de quienes habían intentando evitar unas segundas elecciones y castigaran a quienes, según su relato, habían trabajado desde el primer día para volver a las urnas convencidos de que la polarización les beneficiaría, es decir, PP y Podemos. Hubo días en los que incluso sus críticos rebajaron sus reproches. Al fin y al cabo, el secretario general de los socialistas había ganado cierto aura presidencial. Pero ahora todo eso parece haberse esfumado.

Las encuestas que, un día tras otro, sitúan a la alianza entre Podemos e Izquierda Unida por delante del PSOE son un arma de destrucción masiva contra la moral socialista. Y lejos de darles una oportunidad para tomar oxígeno, Mariano Rajoy terminó de clavarles la puntilla hace unas semanas al negarles un debate 'cara a cara' con el argumento de que ya no está claro que Sánchez sea su alternativa.

La situación es tal que muchos en la formación cruzan los dedos para que el PP y Ciudadanos sumen lo suficiente como para evitarles dilemas sobre a quién dejan gobernar. Todo en un clima de guerra fría. Aunque todo el partido, con especial protagonismo de Susana Díaz, haya escenificado un cierre de filas para superar en las mejores condiciones posibles el trance, a la vuelta de los comicios el PSOE volverá a discutir sobre su liderazgo. Y habrá pelea, porque Sánchez ya ha avisado de que no se apartará sea cual sea el resultado.

En su equipo defienden que se puede ganar a los sondeos, alegan que Pablo Iglesias está muy desgastado y se vanaglorian de haber sido los únicos que, hasta la fecha, han lanzado propuestas -el impuesto para pagar las pensiones o el plan de choque para desempleados de más de 45 años- y han definido el marco de juego. Sánchez también ha patinado con declaraciones poco afortunadas. Ha tenido que explicar que cuando prometió a los empresarios que no habría nuevas elecciones no quería decir que fuera a facilitar un Gobierno del PP o que al hablar de pacto político con Cataluña no hablaba más que de reformar el estatuto de autonomía.Todo juega en su contra, pero su carácter rocoso le confiere una ventaja : nunca se cansa y nunca agacha la cabeza.