La abstención favorece a las opciones más extremas

Carmen Martín y Luis Aguilera, durante la presentación de los datos de participación./
Carmen Martín y Luis Aguilera, durante la presentación de los datos de participación.

La abstención se ha visto favorecida por razones políticas y otras ajenas a ella | El hastío electoral es evidente después cuatro convocatorias electorales nacionales en dos años

RAMÓN GORRIARÁN

Finalmente ha superado el 30%. El tamaño de la abstención era una de las claves en los resultados de hoy. Las encuestas y los expertos coincidían en que sería mayor que la registrada el 20 de diciembre, pero la diferencia no iba a ser una barbaridad porque a medida que la campaña consumía días la movilización crecía, y los votantes pasaron del enfado inicial con los partidos a una mayor predisposición a ir a las urnas. Los expertos estimaban que sería unos tres puntos mayor que hace seis meses y rondaría el 30%, como así ha sido.

La abstención se ha visto favorecida por razones políticas y otras ajenas a ella. El hastío electoral es evidente después cuatro convocatorias electorales nacionales en dos años (europeas, municipales, y dos generales) además de las catalanas, andaluzas y las autonómicas de hace un año. Un cansancio al que acompaña un desapego creciente de la política; el sondeo del CIS de mayo recogía que ocho de cada diez ciudadanos considera que la situación política es mala o muy mala, y apenas una cuarta parte de la población estaba satisfecha con el funcionamiento de la democracia.

Todo ello no constituye el mejor caldo de cultivo para estimular la participación. Las fechas tampoco han ayudado. El 26 de junio, no es como un domingo de julio o agosto, pero hay mucha gente de vacaciones fuera de sus lugares de residencia. Además el viernes 24 fue san Juan, fiesta en muchas poblaciones y fecha no laborable en Cataluña, Comunidad Valenciana y Galicia con el consiguiente puente para muchos miles de personas. Un escenario que ha predispuesto al absentismo electoral.

Debido a la fidelidad de hormigón de su electorado, el beneficiario habitual de la baja participación es el PP. José María Aznar construyó su mayoría absoluta en 2000 con el 44,5% de los votos y una abstención del 31,2%; y Rajoy labró la suya en 2011 con el 44,6% de los sufragios y una abstención del 31%. Para estas elecciones la participación ha bordeado el 70%. El popular es el electorado más movilizado, y cerca de ocho de cada diez votantes suyos del 20 de diciembre aseguraban hace unos días que iban a escoger la misma papeleta en esta ocasión. El seguidor de Podemos mostraba una fidelidad similar.

Pero hay un dato que podía distorsionar todo. La abstención ha beneficiado al PP en un esquema bipartidista, pero lo que podría suceder con cuatro partidos era hasta hoy una incógnita. Los expertos insisten en que los partidos jóvenes serán los más castigados por la deserción. Así lo apuntan la expresidenta de CIS y directora de la consultora MyWord, Belén Barreiro, y José Fernández Albertos, investigador del CSIC. Este último señala que los nuevos partidos tienen «un voto menos leal» que los tradicionales, y coincide con Barreiro en que los jóvenes son el segmento más abstencionista, y Podemos y Ciudadanos tienen sus mejores graneros entre los menores de 44 años. Un estudio de NC Report apunta que hasta el 42% de los menores de 30 años no piensa ir a votar el domingo.

El electorado de Podemos, pese a ser el más joven y por tanto más proclive a quedarse en casa, acudirá a votar de forma masiva porque, según Fernández Albertos, es «el más interesado en la política, el que más sigue la campaña». Además es el partido que más abstencionistas históricos ha captado.

Uno de cada tres indecisos al comienzo de la campaña, de acuerdo al barómetro preelectoral del CIS, era votante socialista, la proporción más alta entre los cuatro grandes. El simpatizante del PSOE era además el que más dudas tenía entre abstenerse o votar a los del puño y la rosa, uno de cada diez se debatía en esa disyuntiva.

Los precedentes también jugaban en contra de los socialistas, en la única repetición de elecciones en las autonómicas de Madrid de 2003, el electorado socialista se desmovilizó en castigo a la actuación del PSOE con el tamayazo. También ahora era el más descontento por el fracaso de las negociaciones para formar gobierno tras el 20-D.

 

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