El riesgo de perder el tren

El riesgo de perder el tren
JORGE ALACIDPeriodista La Rioja

El mundo ferroviario forja un territorio de especial inclinación hacia el reino de las metáforas. Por ejemplo, en La Rioja, su alto poder simbólico sirve históricamente para describir las piruetas propias de la política regional, hasta el punto de que tanto los príncipes de la nueva política como los guardianes de la vieja coinciden en un rincón de ese campo semántico: en su temor a perder el tren del progreso. Su sospecha de que la región ve limitadas sus posibilidades de mejora no sólo por su magro tamaño (es la comunidad menos poblada de España), sino por su deficitario acceso a las infraestructuras. El riesgo de perder el acceso a la modernidad, que viaja subida a la alta velocidad ferroviaria, concitó en esta legislatura moribunda un raro consenso entre la clase política. Similar al que recoge entre la ciudadanía, aunque entre ella anida un factor todavía más unánime: la desconfianza hacia tantas y tantas promesas, jamás materializadas.

Porque La Rioja, maltratada por las instituciones del Estado desde que tuvo que pelear por su cuenta contra la foralidad vasca y navarra y sólo encontró eco a sus quejas en las instituciones europeas, también se ve lastrada por una mejorable red de comunicaciones que conspira como en pocas regiones contra ese otro demonio: el invierno demográfico. Y aunque presume de una sobresaliente calidad de vida, reflejada en cuantos estudios se elaboran a tal efecto, también se siente perjudicada por la desatención que sus reivindicaciones suelen recoger por Moncloa. De ahí tal vez esos síntomas de decadencia que ofrecen sus datos macroeconómicos, muy dependientes del ecosistema que forman el universo agrario y el vino de Rioja. Y demasiado tendente a la autocompasión: su escaso tamaño podría haberle servido para impulsar, por ejemplo, una pujante industria digital, aprovechando la influencia de unas cuantas referencias a nivel mundial alojadas en Logroño. Un tren que los riojanos también se arriesgan a perder mientras deciden si hay luz al final del túnel o si ocurre al revés: si prevalecen las tinieblas. La misma pregunta que se hace ese millar de riojanos que siguen fuera de España. Toneladas de talento que también precisan un tren. El de vuelta a casa.