Qué fue de... Adolfo Linares Sáiz (alcalde de Ruente y diputado entre 1979 y 1987)

«No le pedí permiso al obispo porque me lo iba a negar»

Nieves Bolado
Muchos le recuerdan como 'el cura de Ruente' pero lo cierto es que, a su manera, fue un revulsivo en la política de los 80
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A nadie se le ha olvidado su imagen paseando por toda la región una burra, de nombre Cantabria, seguida de una oveja, llamada Reinosa, como reclamo electoral «para que los medios de comunicación se fijaran en nosotros porque no teníamos un duro». Adolfo Linares Sáiz (Caranceja, 1946) estudió Magisterio, la carrera sacerdotal y Periodismo en la antigua Escuela Oficial, así que conocía bien los trucos para conseguir una primera página. Fue párroco de Ruente-Ucieda durante 19 años, los más activos en la política, y ahora lleva 18 años como párroco de Ampuero.

Llegó a la vida pública en 1974 por la influencia que para él supuso Carmen Cossío, «una mujer abierta, defensora de los montes y valles de Cantabria, una procuradora en las Cortes que obligó, con una enmienda, a que Franco no acumulase en sí mismo las jefaturas del Estado y del Gobierno».

Como no había entonces partidos políticos, la actividad pública, como tantos otros, la comenzó en la asociación vecinal de Ruente, «desde la que conseguimos que no nos desviasen las aguas, como querían hacerlo con malas artes». Después, como dirigente de la Cámara Agraria, «hicimos los primeros ensayos y en unas votaciones tuvimos tal apoyo que nos sobraban votos por todos los lados».

En 1979 se presentó como independiente con el PSOE para alcanzar la Alcaldía del Ayuntamiento de Ruente, lo que consiguió con mayoría absoluta en dos ocasiones, además de llegar a ser diputado provincial y parlamentario-portavoz del PSOE en la legislatura 1983-1987.

Fue al término de este periodo cuando «por diferencias con el PSOE», en las que no quiere ahora entrar en profundidad, decidió dejar esta formación y fundar su propio partido, Radicales por Cantabria, junto a Juan Ruiz, alcalde de Vega de Pas. «Fue una época bonita pero romántica porque aunque la Constitución nos reconoce a todos el derecho a ser elegidos, sin dinero y sin partido, no haces nada».

Así que como no había dinero hubo que aplicar imaginación e hicieron la campaña electoral recorriendo todos los rincones de Cantabria a lomos de una burra, «que había aparecido abandonada en El Sardinero», seguida por la oveja Reinosa «a la que bautizamos así en recuerdo de los sucesos de Reinosa con la guardia civil. No ganamos ningún escaño pero quedamos muy bien».

No le comunicó nada al obispo, entonces Juan Antonio del Val, que se desayunó con un párroco candidato a alcalde en 1979 por el PSOE. «No le pregunté, porque sabía que me iba a decir que no. Sí hizo todo lo posible para que dejara la actividad política porque la oposición de derechas apretaba y yo era entonces una persona emblemática».

Aunque siempre ha tenido un sentido 'político' de la vida, ahora se dedica plenamente a su trabajo en la parroquia de Ampuero, parte pastoral y parte de gestión, ya que ha rehabilitado las dos iglesias «para lo que he tenido que conseguir más de un millón de euros». Asegura que no ha tenido ninguna tentación de volver a la vida pública «porque, además, se necesitan unas energías que la edad te va quitando».

No traga la situación política actual, «me da una pena inmensa el deterioro en el que hemos caído. Hay ríos de dinero que se derrochan en medio del oscurantismo, del chanchullo y de las cuentas poco claras, lo que va en demérito de todos, incluso, de los políticos honestos». Ve la situación social al borde de la crisis «si esto sigue así, tomando el pelo a la gente, algún día, alguien, se echará al cuello de algún político».

Piensa que los políticos actuales son «profesionales, algunos de ellos unos vagos que se han asentado en la política de por vida. Se muestran como dioses, les tenemos una especie de reverencia ancestral». Escribe todos los días intentando reflejar «qué haría si tuviera los medios para poder cambiar los gobiernos del mundo». No sólo pide la reforma para la sociedad civil, sino también para el ámbito de la Iglesia a la que pertenece: «Es necesario hacer una reforma. Cuando la Iglesia lo intentó, al final, dio un paso atrás. Hay que volver a los orígenes de Jesucristo al que no me imagino con alzacuellos, aceptar el matrimonio y el acceso de las mujeres». Genio y figura.

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