Qué fue de... | Carlos Monje (alcalde de Torrelavega entre 1974 y 1976)

«La política actual no lleva a ninguna parte»

Nieves Bolado
De alcalde franquista pasó a ser candidato en las primeras Generales por Izquierda Democrática y a edil en 1978
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Monje vive totalmente apartado de la política. / Palomeque

Ha sido uno de los políticos del tardofranquismo y de la transición menos analizado, quizás por su apartamiento voluntario de la vida pública tras un corto, pero azaroso e intenso, periodo político. Carlos Monje Rodríguez (Turón, Asturias, 1937) fue alcalde de Torrelavega durante 30 meses, entre 1974 y 1976, pasando por diversos estadios: de defensor ante Girón de Velasco de un Revilla cesado en el sindicato vertical, a alcalde franquista, candidato a senador por Izquierda Democrática en las primeras elecciones generales de 1977, e impulsor del Partido Popular Independiente, que en 1978, en las primeras elecciones democráticas municipales, consiguió cinco escaños de los 25 que forman la Corporación de Torrelavega.

Personaje a veces controvertido, y con muchas aristas, decidió en 1979 abandonar, sin posibilidad de retorno, la política y dedicarse a su trabajo profesional en la empresa Solvay. Se fue a un 'exilio' voluntario pero ha seguido durante estos más de treinta años, como espectador, el devenir político de la región. Rompe su silencio ahora, a petición de este periódico, para explicar que considera que «la política actual en Cantabria es lamentable y no lleva a ninguna parte» y a censurar la intervención que en ello tiene quien otrora fuera su jefe: Miguel Ángel Revilla.

Carlos Monje nació en Turón, Principado de Asturias, en el año 1937, y cuando tenía 10 años, llegó a Torrelavega a donde su padre vino, en 1947, para trabajar en la recién inaugurada empresa Sniace, donde él mismo entró a los 17 años.

Obrero y estudiante al tiempo, llegó en 1973 a ser jefe del Departamento de Estudios de la fábrica Solvay en Barreda. Su contacto con la política se remonta a los últimos años del franquismo como jurado de empresa del sindicato vertical, momento en el que conoció a Miguel Ángel Revilla, que era su delegado comarcal.

Precisamente el cese de éste provocó su primera acción directa y de protesta que le llevó, junto a varios compañeros sindicalistas, a Fuengirola, para entrevistarse con José Antonio Girón de Velasco para defender a su compañero Revilla. Durante el almuerzo que mantuvieron en la localidad malagueña, el preboste falangista pidió que le propusieran un nombre para alcalde de Torrelavega, y sustituir a Jesús Collado, que había sido durante 14 años alcalde del Movimiento, «y sorpresivamente sonó mi nombre». Se olvidó de aquella referencia y unos meses después recibió la llamada del entonces gobernador de Santander, Carlos García Mouriño, designándole alcalde. Era el año 1974.

Ocupó el cargo durante 30 meses, y cuando se convocaron las primeras elecciones generales en 1977, la adaptación a las nuevas formas políticas de España se había producido, por lo que Carlos Monje pasó de ser alcalde franquista a candidato a senador por Izquierda Democrática. «Los dos años y medio que estuve en la Alcaldía de Torrelavega me sirvieron para conocer otra realidad y de alguna manera entrar en la conversión democrática».

No logró el acta de senador, pero sí consiguió cinco concejales en la primera Corporación democrática, bajo la presidencia de Manuel Teira, con el Partido Popular Independiente. Unos meses después abandonó el barco y dijo adiós definitivo a la política «por decirlo de alguna manera, porque me desbordó».

Se sigue considerando amigo de Revilla, «al menos por mi parte. Cuando nos vemos nos saludamos cariñosamente aunque no tenemos relación». Durante estos 32 años transcurridos se ha dedicado exclusivamente al trabajo en Solvay y a gozar de su jubilación «y ahora a cuidar a mis nietos, ayudar a mi mujer y a disfrutar de mis siete hijos». Aunque no está cerca de la política activa reconoce que sigue el día a día de la región y que lo que ve no le gusta. «Es difícil hablar de alguien que ha sido tu amigo, pero honradamente pienso que la aventura de Miguel Ángel Revilla no tiene ni pies ni cabeza». Razona que su amigo y antiguo colega sindical «es presidente gracias a Gorostiaga, pero representa a un partido que tiene menos votos que el PP. Ha sido un error garrafal, también para los socialistas».

Considera que el PRC «podía haber sido un partido bisagra, dando la alternancia a unos y a otros y así hubiera hecho una labor muy digna. Lo que está ocurriendo a partir de esta situación es que Cantabria se va degradando poco a poco, lo que no está favoreciendo en absoluto a la región. Además, el Partido Socialista se está destrozando electoralmente con este pacto. Me da pena esta situación política porque afecta e influye en toda la sociedad».

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