Que fue de ... Manuel Huerta, alcalde de Santander entre 1987 y 1995

«Al terminar los plenos nos íbamos a cenar todos juntos»

Nieves Bolado
La medicina, la política y el Racing han sido sus pasiones. Ahora se dedica a los negocios y a caminar 10 kilómetros cada día
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En la imagen, Manuel Huerta./ Celedonio

Posiblemente sea recordado por las 23 grandes obras que hizo en Santander durante los ocho años en los que fue alcalde: rehabilitación del Palacio de la Magdalena, construcción del túnel de Tetuán, soterramiento de la calle Burgos, la liberación de las casas tapón que ocultaban la catedral y el edificio de Correos, el traslado del campo de El Sardinero, eliminación de las vías del tren del casco urbano, la recuperación del parque Mesones... Manuel Huerta Castillo (Santander, 1947) es médico traumatólogo de profesión y en 1983 Modesto Piñeiro y Valentín Valle le 'ficharon' para Alianza Popular. Se presentó en la lista con el número ocho y con Hormaechea a la cabeza. Fue elegido concejal, cargo que alternó con el ejercicio de la medicina.

¿Qué le llevó a la política? Vivir de cerca la situación de muchos jóvenes, algunos de ellos hijos de pacientes suyos, que cayeron en el problema de la droga. «Se sentía como un deshonor tener un hijo drogadicto y fueron muchos los hogares que quedaron destruidos. Yo estaba muy sensibilizado y tenía relación con José Ramón Bronet, responsable nacional de Cruz Roja, y Cortines, del Proyecto Hombre. Pensé que siempre nos quejábamos de los políticos, de que no hacían nada. Me daban una oportunidad y no la debía rechazar». Los doctores Colvé y Altónaga le animaron y dio el paso.

«Al poco tiempo me afilié al AP y llegué a ser nombrado secretario general en el congreso de Torrelavega del año 1984». Cuando Hormaechea dio el salto a la política regional, en 1987, le ofrecieron ser cabeza de lista, accedió y logró 12 concejales. Fue elegido alcalde, revalidando el cargo hasta 1995. Se dedicó en exclusiva al cargo.

Cuando en 1997 decidió dejar la política activa (dio paso a Gonzalo Piñeiro en la Alcaldía), regresó a la Medicina hasta que se jubiló en 2005. Recuerda su tiempo en el Ayuntamiento positivamente. «Era muy diferente a la situación actual. Había más relación entre los grupos municipales, especialmente tuve afinidad con el portavoz socialista Manuel Arce. Todo era mucho más personal y accesible. Los concejales compartíamos un mismo despacho, teníamos sólo un par de secretarias y dos coches para toda la corporación. Todo era más humano y más cercano. Ahora todo es distancia».

Piensa que la política actual «está muy crispada y muy profesionalizada. Creo que habría que limitar la permanencia en los cargos porque se ha hecho de ellos una profesión». Considera que la estructura de las instituciones debería aliviarse. «Hay muchos cargos que no se necesitan, asesores por todas las partes. Con la crisis que vivimos deberían reducirse. Nosotros trabajamos con menos medios y no lo hicimos mal. No teníamos ayudas de Bruselas y, así todo, el Ayuntamiento compró y negoció terrenos que revirtieron en la ciudad en forma de infraestructuras».

Después de su jubilación como médico se dedica la empresa, en el área de las energías renovables y eólicas, así como en la implantación del ahorro energético con luminarias led, en Perú. Es consejero de la empresa Sniace. Viaja mucho y sigue siendo un deportista, aunque con las limitaciones de la edad. Camina diez kilómetros diarios, por la mañana y por la tarde. «Practico deporte desde que tenía seis años, especialmente fútbol. Como no llegué a ser titular del Racing siempre digo que me puse a estudiar». De hecho fue presidente del club racinguista en dos ocasiones, entre 1996 y 1997, y entre 2004 y 2006.

También dedica muchas horas de su tiempo a otra de sus aficiones, «las tertulias con los amigos, a hablar con unos y otros. Disfruto mucho con los amigos, sobre todo con los de mi generación».

Dice que la situación de Cantabria, respecto a la del resto de España, «no es de las mejores ni de las peores pero creo que la crisis que vivimos durará aún dos o tres años». No obstante, asegura que los españoles «hemos adquirido muchos vicios en los años de bonanza y hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, por lo que no queda más remedio que frenar ese ritmo».

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