Torrelavega celebra el triunfo de Paz Herrera

Torrelavega lo celebró como si ls hubiera tocado a todos/
Torrelavega lo celebró como si ls hubiera tocado a todos

La arquitecta cántabra ha batido todos los records de 'Pasapalabra' y se ha heho con un premio de 1,3 millones de euros

ÁLVARO MACHÍNSantander

Durante el último mes y medio ha tenido que llevar peluca. Le raparon nada más llevarse el premio. «No se la podía quitar ni en Nueva York, porque allí también nos encontramos con gente que la conocía». Lo contaba su hermana Ana, que viajó con ella. Estaba en una esquina del café Central, junto a su marido, Manu, el «cuñao» al que la ganadora también saludó. A ella se le iluminó el rostro cuando escuchó a su hermana decir por televisión a qué iba a dedicar el dinero: «A vivir muy tranquila, asegurar la pensión de mis padres y ayudar a mis sobrinas». Y ellas, Candela, Celia y Marina, las hijas de Ana, también estaban allí. Las tres crías que estudiarán con una beca especial. El bote de 1.310.000 euros que su tía Paz se llevó ayer en el programa Pasapalabra gracias al apellido de un compositor francés. Saber que Charles Camille Saint-Saëns fue el autor del Carnaval de los animales puede cambiarte la vida. Y en Torrelavega lo celebraron como si se la hubiera cambiado a todos.

«¿Pero Paz está dentro?», preguntaban fuera, en la calle Francisco Díaz. Pero no. El café estaba a reventar. Familiares y, sobre todo, conocidos. Para verla. Se juntaron porque ya era un secreto a voces. Un par de mensajes en los grupos de Whatsapp y el aviso corrió por cada rincón de Torrelavega. «Hoy se lo lleva, seguro». Después de 87 días de «sabiduría», también con ese. Esa palabra fue la que dijo su padre, Pedro, que entró por teléfono en el programa para felicitar a la ganadora al final del programa. Paz tuvo que verlo desde Madrid. «Acaba de salir del Sálvame, que es en directo y no sé si le dará tiempo a llegar al hotel para verse», decían los más allegados.

En el Central, verlo sí. Escucharlo fue más difícil. Mucho follón, sobre todo cada vez que la protagonista ocupaba la pantalla. De los juegos previos al rosco final no se enteró casi nadie. «Cuidado», decía una camarera desesperada entre las mesas bandeja en mano. «Cuando empiece, ya les digo yo que se callen». Manu, el cuñado, llevó la voz cantante para pedir silencio y ánimos en la misma proporción. «Ha llegado el momento», dijo el presentador. Esa fue la frase que consiguió hacer callar a todo el mundo. El rosco entero por delante y 121 segundos para que una arquitecta cántabra de aspecto calmado hiciera historia en televisión. «Atasco», primera palabra. Bien. Etiopía, fiordo, garbo, hectolitro... Paso firme y ovación en casa cada vez que su vecina completaba un tramo con acierto.

Letra a letra

«Es que Paz lo hace fácil todo», se escuchó decir junto a la barra, en la que estaban sentadas un grupo de niñas. Jaula, ladrón, multitud, NBA, panameño... En el tintero, por el momento, tres letras. Y eso, cada «pasa palabra» de la protagonista del día, generaba un debate. «Lo sacará hoy, ¿no? ¡Qué nervios!». Poliedro, blanquecino, rígido... Con la pregunta sobre la letra te se multiplicaron las respuestas: «tozudo», «tarugo»... Cada uno, lo que le iba saliendo. Juego en equipo.

Para Ángel, el rival de la cántabra, hubo también aplausos, aunque menos sonoros. Su papel empezó a confirmarse como secundario cuando Paz hizo un espectacular final de la primera vuelta. Usando, vistazo, exigir, peyorativa, Zape... Como una máquina perfecta, sin alterar la voz ni el gesto. Impresionante.

«A tres de 1.310.000 euros». Al grito de Christian Gálvez le siguió una ovación nerviosa en el Central. Y también en los bares de la Plaza Roja, en la que a esa hora ya estaban formados los corrillos para ver a su paisana (las redes sociales fueron la demostración con las fotos que ya circulaban en ese momento). O, ese y te. Tres respuestas pendientes. «¿Cuánto tiempo me queda?», preguntó. Aún 19 segundos. «Pensé que me quedaba menos. Una creo que tengo, pero dos no». La broma habitual de los que veían la televisión ante las dudas de Paz fue un «a ver si al final no se lo lleva hoy...». Manu fue el encargado de romper la tensión a voz en grito: «Sí, sí, sí lo vamos a sacar».

«Testarudo». Una menos y doce segundos por delante. «Obnubilar» y siete segundos. Ese acierto dejó ya a Ángel sin opciones de seguir jugando y convirtió el programa en un mano a mano entre el presentador y la concursante, con la pregunta sobre el autor del Concierto de los animales (en realidad es el Carnaval, pero nadie andaba para detenerse en los detalles) en el aire. «Tengo un problema, que se me han ocurrido dos opciones. Voy a decirte la primera idea, que suele ser la mejor». Gálvez prolongó la agonía y la audiencia pidiendo a Paz que repitiera a qué destinaría el dinero en caso de acertar.

El júbilo

«Saint-Saëns». Saltos, gritos, aplausos... Ana se giró en su rincón para buscar a su marido y los dos se fundieron en un abrazo. Celebración y hasta liberación. «Fue hace mes y medio y no se podía decir nada. La gente nos preguntaba y les decíamos que eran solo rumores. En cierto modo, ella está deseando volver a la normalidad. Llevará un tiempo y es normal que toda la gente te felicite, de hecho es muy bonito y se agradece mucho, pero está deseando que llegue la normalidad».

La normalidad para reunirse, por ejemplo, con sus sobrinas, «la alegría de cualquiera». O con sus padres, que vieron el concurso desde casa. «Más tranquilos y así atienden al teléfono». Porque ayer al señor Pedro le volvieron loco. No todos los días uno puede sentirse el padre más orgulloso del mundo.