"Somos opuestos"

"Somos opuestos"

Así definía Ainhoa Arteta su relación con Jesús Garmendia hace cuatro meses | "Pero no lo cambiaría por nadie", añadía. Ahora la pareja se separa

ARANTZA FURUNDARENA

Sufrir y seguir cantando. Es lo que hace Ainhoa Arteta sobre el escenario cada vez que interpreta a una de sus heroínas románticas. Sufrir y seguir cantando es lo que parece estar dispuesta a lograr la soprano también en la vida real, ahora que se enfrenta a un proceso tan duro como el de una separación después de once años de convivencia. Su agenda está repleta este verano. Si el mes pasado cantó en Chillida Leku, en las próximas semanas tiene programados conciertos en Jerez, Castellón, Bilbao... Y de momento no ha cancelado ninguno.

La noticia la disparó ayer 'Abc' y sonó tan dramática y definitiva como el fundido en negro del último acto de La Traviata: «Ainhoa Arteta se separa del jinete Jesús Garmendia. Sus abogados están en conversaciones para iniciar los trámites de divorcio». La cantante guarda silencio. No responde a las llamadas ni a los mensajes de los periodistas. Su representante no ha querido confirmar ni desmentir la información, pero su entorno señala que Arteta se encuentra «tranquila y arropada por sus hijos y su familia», lo cual ya indica que la situación es delicada. «Aún no hemos firmado el convenio regulador y no hay nada más que decir. Es un momento difícil para ambos y por respeto a ella y a mi hijo no voy a hablar», ha declarado su todavía marido.

A sus 51 años, la aclamada artista tolosana vuelve a encarar el revés de una separación conyugal. Cuando se divorció en 2003 del tenor neoyorquino Dwayne Croft, padre de su hija Sarah, después de cinco años de matrimonio, la tristeza la invadió de tal manera que se vio obligada a alejarse de los escenarios y a cancelar muchos conciertos «por motivos de salud». «Ainhoa está hecha de un material muy resistente, que no se raya ni se oxida, pero que cuando se rompe se hace añicos», comentó entonces su representante. «Soy un ser bastante emotivo, me dejo llevar, tengo la sensibilidad a flor de piel», reconocía ella.

Pero el tiempo cicatrizó sus heridas y Arteta resurgió con fuerza. Tanto que, años después, a una amiga recién separada le dijo: «Tienes que saber que todo en esta vida pasa por algo. Seguro que te está esperando algo mucho mejor. Lo digo por experiencia». Ese «algo mucho mejor» al que se refería era Jesús Garmendia, un jinete guipuzcoano tres años menor que ella y dos veces campeón de España en la modalidad de Saltos. Se enamoraron en 2005, tuvieron a su hijo Iker en 2010 y decidieron casarse en 2013 en una boda íntima celebrada en Fuenterrabía que la soprano comunicó después a sus seguidores a través de Twitter.

Desde hace unos meses Garmendia no acompañaba a su mujer en los actos sociales. Se hablaba de las dificultades económicas del jinete, pero Arteta lo desmentía. «Tuvo un problema con los últimos propietarios pero no fue una cuestión económica, ahora está encantado trabajando con una cuadra de Lacoste en San Juan de Luz. No tiene caballos de alta competición, porque los llevaban en la cuadra anterior, pero como jinete sigue igual», explicó.

«Mi marido muchas de mis cosas no las entiende porque es deportista y es lo opuesto a mí», me confesó la siempre simpática y extrovertida Ainhoa Arteta en una entrevista reciente. Se refería a la forma pasional que tiene ella de vivir sus personajes operísticos. Para esta romántica empedernida, Garmendia era en algunos aspectos «demasiado vasco, así como Karra Elejalde en 'Ocho apellidos'. Me pongo unos pantalones que me sientan estupendamente y me dice: 'Esos pantalones son nuevos, ¿no?' En vez de decirme '¡Qué buena estás!' Pero como yo también soy vasca, pues sé traducirlo, ja, ja, ja... Yo a Jesús no lo cambiaría por nadie», zanjaba la soprano en dicha entrevista. Entre estas declaraciones y el anuncio de su separación solo han transcurrido cuatro meses.