Etxeberria sublima la sastrería clásica

Varias modelos, durante el desfile de las creaciones del diseñador Juan Duyos. /
Varias modelos, durante el desfile de las creaciones del diseñador Juan Duyos.

Los novatos The 2nd Skin Co. llenaron de luz la MBFWM con su refrescante romanticismo

GLORIA SALGADOMadrid

A ritmo de Barry White y Donna Summer, Duyos desperezó a los asistentes de la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid. El madrileño viajó a 1980 para mostrar el háztelo tú mismo de las mujeres que comenzaban a acudir a las discotecas. Una colección, como siempre, muy personal que ensalza el individualismo y que rezumó libertad, hedonismo y seducción. Cristales, lentejuelas que cambian de color al tocarse o en tamaño micro creando tubitos que forman espigas se combinaron con pieles en una propuesta que contrarrestó transparencias y líneas fluidas con telas metalizadas o crepés pesados. Los colores variaron del rosa palo al azul plata, pasando por dorados, cobres y grafitos.

Después llegó el turno del más veterano de la pasarela, Roberto Verino, que recogió el espíritu de la moda londinense: su gusto por la vanguardia urbana sin abandonar el lujo de la comodidad de sus tejidos, su sastrería y su tradición. Una colección irresistible para alguien que busca prendas exclusivas, sencillas y atemporales, poniendo en valor el trabajo artesanal y la calidad de los materiales nacionales, como la piel, la lana o el paño.

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Los colores otoñales en vestidos rectos a la rodilla se cubrieron de prendas de alta peletería, mientras que la fantasía se apoderó de la noche. Tejidos emblemáticos de la cultura urbana británica como el vinilo o los plateados glam compartieron pasarela con lanas envolventes. Para él, trajes masculinos de Príncipe de Gales, gabardina y jerséis a juego o abrigos rectos de paño en tonos marrones y aceite.

Del exquisito clasicismo de Verino se pasó a la atrevida sensualidad de Andrés Sardá, que rindió homenaje a la mujer trabajadora que también es madre, pero que no quiere renunciar a nada y vive la vida intensamente. El negro y el blanco estuvieron presentes, con toques de rojo, en casi todos los looks. Los materiales para ese día tan largo fueron desde la felpa de seda, los tejidos deportivos tecnológicos o el algodón, a los rasos, encajes y tules más propios la firma.

Una tarde muy romántica

El ecuador de la jornada estuvo marcado por Hannibal Laguna y sus luces de España, con la que exploró volúmenes y conceptos relacionados con la cultura española pero evitando los tópicos. El mantón de manila, cuya iconografía se utilizó en tules, y la mantilla, convertida en vestidos - modelados sobre maniquí, a base de pliegues y plisados asimétricos- y camisetas, fueron las principales fuentes de inspiración, pero sin dejar de lado el aire barroco de la firma.

Para la construcción de las emblemáticas camisetas de la firma se emplearon redes de cristal bordadas a mano con filamentos metálicos y ricos ornamentos. En esta ocasión, la paleta cromática dialoga con los negros, cenizas, oro y plata, nude, violáceos y gamuzas.

También romántica, pero mucho más fresca, fue la colección The 2nd Skin Co. en su primera edición en la antaño Pasarela Cibeles. Tejidos como el crepé de lana o la viscosa, punto roma y paños de mohair o lana cocida bordados a mano aportan un lujo cuidado al día a día, mientras que las organzas de seda bordadas a mano, fil coupés y gasas con hilos de lúrex dan luz a los vestidos de cóctel y noche. En cuanto a los colores, se decantan por marinos, borgoñas y rosas empolvados.

El difícil trance de desfilar tras los esperados novatos fue para Teresa Helbig, que atinó con su valiente decisión de salir de la zona confort. La diseñadora ofreció una tarde en el Museo del Prado con un itinerario plagado de texturas, colores y detalles en el que dejó de lado su devoción por las prendas cortas y apostó por midis y largos. El amarillo de Goya, el verde Verona y el blanco marfil cubrieron lanas combinadas con napa, tiras de terciopelo sobre tul, georgette de seda y angoras sobre las que resaltaban bordados de azabache.

La guinda la puso Etxeberria retrocediendo a unas raíces que nunca ha dejado de lado: la sastrería clásica. Las últimas colecciones se desarrollaron a partir de la búsqueda de figuras y volúmenes amplios, sin apenas costuras ni pinzas, pero Roots (raíces) es una colección formada exclusivamente por trajes, en la que llamaron la atención los fieltros confeccionados en una empresa familiar de Igualada y la raya diplomática con espiga. Cabe destacar la complejidad de las prendas haciendo uso del concepto japonés del origami y los espectaculares abrigos reversibles de peletería que tanto gustan a la firma, por no hablar de su peludo- primer vestido de novia. Un final de diez.