Nieves Herrero fue víctima de abusos sexuales

La periodista Nieves Herrero./R.C.
La periodista Nieves Herrero. / R.C.

Debía de tener entre tres y cinco años y aún se acuerda de la experiencia: «No hay derecho a que te roben la infancia de esa manera»

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUAMadrid

Detrás de la imagen risueña de la periodista Nieves Herrero se esconde un episodio traumático. De niña un amigo de sus padres la sometió a abusos sexuales. «Dicen que no se tiene memoria y conciencia de las cosas hasta los cinco años, pero yo recuerdo todo aquello perfectamente. El cerebro no te engaña y te lo recuerda. Hasta que prefieres olvidarlo para evitar el daño», asegura Herrero en una entrevista al diario 'Público'.

Nieves Herrero se ha decidido a desvelar lo ocurrido porque de esta manera aligera el peso de la conciencia y contribuye a atajar un problema social que es preciso erradicar de cuajo. Además, ya no inflige un sufrimiento innecesario a sus padres, que no están. Su abusador enseguida fue expulsado del círculo familiar en cuanto la niña contó lo sucedido a sus progenitores. «De ese amigo, que por supuesto dejó de serlo en cuanto mis padres se enteraron, recuerdo sus manos y sus cosquillas. Sus cosquillas que no tenían que existir porque llegaban donde no tenían que llegar. Eran manos de plomo, manos que pesan. Desde entonces siento que hay manos de plomo que pesan en el alma».

Lo acontecido lo ha guardado en «un cajón» para poner coto al sufrimiento. No sé acuerda exactamente qué edad tenía cuando se produjo el trance, aunque debió de suceder cuando tenía entre tres y cinco años. Aún tiembla cuando echa la vista atrás. «No hay derecho a que te roben la infancia de esa manera. No hay derecho a que lo más bello del mundo que es ser niña te lo estropeen de esa forma». La presentadora de 'Madrid Directo', que emite Onda Madrid, no comprendía lo que pasaba. Pero algo debía de aterrorizarla en su fuero interno porque cada vez que visitaba la casa Nieves se escondía. «Él me decía que no lo contara a nadie. Que era nuestro secreto».

Esa experiencia tan amarga la mantuvo alejada de los hombres. De alguna manera se blindó contra ellos. «Cada vez que se me acercaba uno me ponía una coraza. Me acordaba de él y reaccionaba así. Me convertí en una desconfiada. No soporto cuando me cogen y noto ciertas intenciones. Me pongo a la defensiva».

Esa desconfianza al menos la ha aprovechado para instruir a sus hijas para que no se fíen de nadie. Con los niños siempre está alerta, hasta ha llegado a desarrollar un sexto sentido para detectar a los desaprensivos, a «los hombres de intenciones oscuras».

 

Fotos

Vídeos