Ucrania, en diez claves

El conflicto político, social y nacional en este país tiene raíces antiguas y explicaciones diversas

Ucrania, en diez claves
ENRIQUE VÁZQUEZ

El conflicto político, social y nacional en Ucrania tiene raíces antiguas y explicaciones diversas, pero identificables y convergentes. Una lista práctica de diez claves para enmarcarlo podría ser ésta:

1. La ubicación geográfica del país. Un simple vistazo a un mapa lo sitúa en un área de paso, permeable, muy influenciable por vecinos poderosos, la llamada por algunos indecisión cultural que implica revisiones geopolíticas frecuentes, una política de alianzas exteriores aleatoria y dificulta la gestión diplomática.

2. El consiguiente correlato de débil cohesión nacional, cuya corrección por los ciudadanos unidos por vicisitudes históricas solo puede ser proporcionada por procedimientos democráticos y pactos libres (por ejemplo: el que une a Baviera y Alemania)

3. La fe religiosa y su expresión a través de una religión nacional y su imbricación con el Estado también nacional. Nótese, y el dato vale mucho, que la Iglesia principal, la ortodoxa de Ucrania, depende del poderoso Patriarcado de Mocú, no del de Kiev.

4. El desenlace de las dos grandes guerras del siglo XX: tras la primera (1914-18) y tras la inestabilidad crónica del país, históricamente presionado por los imperialismos zarista y austro-húngaro, Ucrania cae del lado revolucionario ruso-comunista en 1922.

5. Recibe un status específico, propio y con cierto margen de maniobra en el seno de la URSS, pero también obligaciones dictadas en Moscú, como su papel crucial en la industria atómica soviética que complicarán en su día la situación. Rusia premiaría este papel con la inesperada entrega a la soberanía ucraniana de la península de Crimea, sede la flota rusa en el Mediterráneo, en 1956 con Nikita Kruschef en el poder.

6. La gestión de la economía, primero soviética y presuntamente liberal desde la desintegración de la URSS, ha estado históricamente lastrada por una fuerte corrupción que la aparición de una generación de 'nuevos ricos' postsoviéticos agravó. Nótese que, con una población sustancialmente idéntica, la economía ucraniana es la octava parte de la española.

7. La ausencia de genuina tradición democrática y el reflejo de obediencia de los partidos a los alineamientos étnicos, confesionales y clánicos. Un líder fuerte, por ejemplo el expresidente Yanukovich, era, antes que nada, 'prorruso' y la ex primera ministra Yulia Timoshenko, 'antirrusa'.

8. La estimación (correcta) del ciudadano medio de que gran parte de las opciones de su país y, por tanto, el proceso de toma de decisión (elecciones y formación de gobiernos) estaban pre-determinadas por criterios geopolíticos gestionados en el extranjero (OTAN o Rusia). La 'restitución' de Crimea a la soberanía rusa en marzo pasado fue solo retóricamente denunciada por Occidente y todo el mundo, Alemania en cabeza, asumió que había sido rusa, después ucraniana y que volvía a ser rusa

9. Ausencia de unas fuerzas de seguridad (ejército y policía) genuinamente profesionales y patrióticas. Los 'tics' étnico-culturales llegaron también a los uniformados y es inolvidable el espectáculo dado por la muchedumbre insurrecta en Kiev frente a una policía de dudosa fidelidad institucional, pero encuadrada por hombres de Yanukovich, prorrusos.

10. Por su ubicación, su pasado agitado, su indecisión institucional y su peso específico menor (singularmente desde que fue desmantelada su industria nuclear y trasladados sus arsenales bajo control internacional) Ucrania nunca ha sido una prioridad estratégica para la OTAN. Como dice un ucraniano informado y resignado "no es Polonia".