Brasil elige presidente sumido en el extremismo

Jair Bolsonaro y Fernando Haddad.

El ultraderechista Bolsonaro y su rival izquierdista Haddad libran hoy su decisivo duelo en la segunda vuelta de las elecciones

MARCELA VALENTECorresponsal. Buenos Aires

Tras una campaña electoral que se tornó muy dinámica al final, más de 147 millones de brasileños acuden este domingo a las urnas para elegir al presidente de la mayor democracia latinoamericana para los próximos cuatro años. Los votantes deberán escoger entre un candidato ultraderechista, el excapitán Jair Bolsonaro -que despierta temores por su retórica machista, homofóbica y racista- y su adversario progresista, el profesor Fernando Haddad, exalcalde de Sao Paulo y abanderado del Partido de los Trabajadores (PT) que tiene a su líder histórico, el expresidente Luiz Inacio Lula da Silva, quien intentó ser candidato desde la cárcel.

Mientras Haddad celebraba este sábado que «la remontada ya comenzó» y que el pueblo brasileño «descubrió que Bolsonaro es un mentiroso y un cobarde», el pastor evangélico Silas Malafaia, que visitó al ultraderechista en su residencia de Río de Janeiro, expresó que no había «clima de ya ganó» en el equipo de campaña.

Los sondeos de Datafolha señalan que el favorito es Bolsonaro con el 56% de intención de voto. Según este estudio, Haddad llegaría segundo con un 44% de preferencias. No obstante, algunos encuestadores advirtieron de que en los últimos diez días ha habido un cambio de tendencia que podría acelerarse hasta el cierre de la jornada electoral. Aludieron así a una paulatina pero constante reducción de la ventaja que había logrado el líder ultra tras la primera vuelta.

Jair Bolsonaro

Economía.
Reducir la deuda pública un 20% mediante privatizaciones, concesiones y venta de propiedades públicas.
Seguridad.
Relajar las normas sobre porte de armas en las calles. Bajar la edad de imputabilidad penal de 18 a 17 años. Protección jurídica del Estado para los policías.
Relaciones exteriores.
Dejar de «encomiar a dictaduras asesinas» y de «despreciar a democracias como EE UU, Israel e Italia».

El 7 de octubre, Bolsonaro, líder del Partido Social Liberal (PSL) cosechó un 46% de los votos frente al 29% de Haddad. El resultado proyectaba una victoria cómoda del primero en la segunda vuelta y un gigantesco desafío para el aspirante del PT que debía conseguir alianzas con otros dirigentes para aunar fuerzas.

Con un discurso abierto al diálogo, Haddad confió en sumar a votantes temerosos de la arenga autoritaria de Bolsonaro en la cita de hoy con las urnas, donde también habrá segunda vuelta para elegir gobernadores en trece estados de los más populosos como Sao Paulo, Río de Janeiro, Minas Gerais y en el distrito federal. Este sábado agradeció el apoyo del exjuez supremo Joaquim Barbosa, un magistrado negro prestigioso por su lucha contra la corrupción. Barbosa dijo que Bolsonaro le inspiraba «miedo» y que votaría por Haddad.

Bolsonaro ha emitido su votó este domingo en una escuela de Río de Janeiro bajo fuertes medidas de seguridad y ha evitado por todos los medios el contacto con la prensa.

208 millones de habitantes tiene Brasil, de los que casi la cuarta parte son menores de 18 años. La inmensa mayoría de la población, el 85%, vive en áreas urbanas.

Más renuente, Ciro Gomes, el candidato desarrollista que quedó tercero en primera ronda, pidió este sábado «votar contra la intolerancia y a favor del pluralismo». Y omitió dar un apoyo explícito a Haddad como había requerido el PT. Gomes se fue a Europa tras la primera vuelta y rehusó a involucrarse en la campaña del partido de Lula, un gesto que le podría haber sumado entre tres y cuatro puntos a Haddad.

Sin debate

Al margen de los respaldos notables, las mayores oportunidades de Haddad estaban en los debates televisivos. No obstante, Bolsonaro esquivó el reto. Escudándose en las secuelas del atentado que sufrió en setiembre cuando un desconocido lo atacó a puñaladas, el derechista se excusó y centró su campaña en entrevistas y vídeos y mensajes en las redes sociales en los que mantuvo la retórica agresiva contra las minorías, jueces, adversarios políticos y contra Venezuela.

Así discurrió todo hasta que en los últimos días la caída en las encuestas del favorito alteró el escenario. El fenómeno de crecimiento de último momento de Haddad entusiasmó a militantes del PT, que salieron a las calles a tratar de captar el favor de indecisos.

Fernando Haddad

Economía.
Revocar la congelación del gasto público y la flexibilización de la legislación laboral. Suspender las privatizaciones.
Seguridad.
Mejorar el control de armas y municiones, reforzando el rastreo del armamento. Aprender de otros países su gestión sobre la política de drogas.
Relaciones exteriores.
Dejar de «encomiar a dictaduras asesinas» y de «despreciar a democracias como EE UU, Israel e Italia».

Pero también en la campaña de Bolsonaro el discurso belicoso se atenuó. «La forma de cambiar Brasil es a través de la defensa de las leyes y la obediencia a la Constitución», manifestó ayer un Bolsonaro desconocido en redes sociales. «Haremos todo de acuerdo a la ley. Todos los ciudadanos tendrán sus derechos preservados», prometió en un giro de 180 grados.

También desechó su idea original de retirar a Brasil del Acuerdo de París, descartó la posibilidad de unificar el Ministerio de Agricultura con el de Medio Ambiente y más aún retrocedió de sus amenazas contra el régimen de Nicolás Maduro. Bolsonaro había dicho hace una semana: «Vamos a ir a la guerra contra Venezuela». Asimismo, aseguró que Brasil buscará solucionar el problema de las migraciones con la ONU.

12,1% es el nivel de desempleo del país, donde el salario mínimo es de 954 reales (225 euros). El PIB anual per cápita es de unos 8.700 euros, por debajo de la media mundial.

El líder ultra tampoco alardeó ya de su conocida homofobia. Dijo que «el Estado no tiene nada que ver con la orientación sexual de cada ciudadano». Y para dar pruebas de su nueva apertura a la diversidad comentó que seguramente en la rueda de prensa había algún homosexual pero que él nada tenía que ver con eso.

Michel Temer, «listo» para iniciar la transición

El gobernante de Brasil, Michel Temer, ha votado en la ciudad de Sao Paulo y, en unas breves declaraciones, ha pedido que los ciudadanos «vuelvan a unirse» después de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales que se celebran este domingo en el país.

El dirigente ha emitido su voto en el colegio Santa Cruz de la ciudad de Sao Paulo, donde tiene su residencia privada, y ha reiterado que está «listo» para iniciar la transición y los contactos con el equipo de su sucesor, a quien le entregará el poder el próximo 1 de enero.

Según Temer, «la transición comenzará mañana mismo o el martes» y los integrantes de su Gobierno pondrán a disposición del presidente electo «toda la información necesaria».

Un Congreso muy dividido desafía al ganador

El próximo jefe de Estado deberá esforzarse en tejer alianzas entre más de una veintena de partidos entre los que destacan los de perfil conservador.

Cualquiera que sea el ganador hoy en Brasil, el desafío de asumir la presidencia a partir del 1 de enero será inmenso. El Congreso está sumamente fragmentado, con una veintena de partidos en el Senado y 30 en la Cámara de Diputados. El PT será la primera minoría en la Cámara baja con apenas 56 diputados sobre 513 y la fuerza de Bolsonaro, el PSL, será la segunda con 52. El resto de las agrupaciones se dispone a tejer alianzas según los intereses de su sector y de su Estado federal.

Los analistas señalan que al menos la mitad de los congresistas pertenecen al bloque conservador conocido como el de las tres 'B' por «Biblia, buey y bala». La denominación alude al mayoritario componente de representantes de las iglesias evangélicas, muchos de ellos pastores, y también al sector agropecuario de grandes propietarios rurales y al de militares y policías.

Este amplio colectivo perteneciente a muy diversos partidos podría resultar clave para avanzar en una agenda de políticas derechistas tales como las de «mano dura» contra el delito que promueve Bolsonaro, las restricciones a la educación sexual en las escuelas, al aborto legal y a los derechos de las minorías sexuales.

También pueden resultar un sostén de medidas de austeridad fiscal, reforma previsional y privatización de empresas públicas. Si gana Bolsonaro, tendrá que mostrar capacidad de negociación con ese variopinto bloque de potenciales aliados. Seguramente se ganará su favor a cambio de ministerios como es habitual en Brasil.

En cambio, si triunfa Haddad, algo que sería casi un milagro, otra vez un gobernante del PT enfrentará el desafío de tejer pactos con un Congreso que le es esquivo y que durante los gobiernos de Lula y de Rousseff, forzó al oficialismo a sellar acuerdos espurios para conseguir apoyo a las políticas del Ejecutivo.

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