La abulia de sus rivales facilita que Biden mantenga ventaja entre los demócratas

Joe Biden. /AFP
Joe Biden. / AFP

El vicepresidente de Obama sigue como favorito en las primarias tras un debate carente de agresividad entre los posibles rivales de Trump

CAROLINE CONEJERONueva York (EE UU)

Los diez principales candidatos demócratas a la presidencia de Estados Unidos se encontraron en la noche del jueves -madrugada de ayer en España- en la ciudad texana de Houston. Joe Biden, que en principio cuenta con las mayores posibilidades para enfrentarse a Donald Trump el próximo año, no fue el blanco de todos los ataques, como se esperaba, y logró sobrevivir porque sus rivales se abstuvieron en su mayor parte de lanzarle ataques duros. El exvicepresidente, de 76 años, últimamente parecía más vulnerable que nunca, a medida que surgían dudas sobre su edad, sus resbalones verbales y su actuación en la campaña.

En general fue una noche holgadamente buena para todos en un debate sin brillo. Pero tampoco ninguno logró destacarse del pelotón, por lo que no se esperan variaciones en las encuestas. Además de Biden, Sanders y Warren parecen mantener su ventaja sobre los demás.

Todos evitaron por mutuo consenso las críticas ácidas en un intento por mostrar ante el público norteamericano un frente demócrata unido. En claro contraste con oportunidades anteriores, los candidatos eludieron airear las divisiones internas que desmoralizan a las bases y alimentan la campaña republicana, y se centraron en defender sus posiciones en un largo intercambio de ideas, con menos interrupciones comerciales y preguntas más interesantes de los moderadores. Con ello, el debate tomó un giro hacia los grandes temas como la sanidad, la lucha contra el cambio climático, la amnistía a la deuda de los estudiantes y el control de armas.

Biden tuvo su mejor actuación hasta el momento y llegó a obligar a Bernie Sanders y a Elizabeth Warren a ponerse a la defensiva al cuestionarles sobre cómo van a pagar por su 'Medicare para todos', el plan para hacer universal el ya existente seguro médico público federal. El que fue vicepresidente con Barack Obama también defendió con fiereza su carrera política, ahora que parece que los demócratas están convencidos de que él es el mejor posicionado para derrotar a Trump. Para ello vende su imagen de demócrata moderado y trata de trazar una línea de distinción con respecto a sus contrincantes directos a la izquierda, espacio político en el que se alinean Warren y Sanders. Aun así, el exvicepresidente tuvo momentos en los que pareció confundir la guerra de Irak con la de Afganistán y se enredó al clarificar la política de Obama sobre inmigración.

La noche de O'Rourke

Julián Castro, de 44 años, fue el único que atacó a Biden con alusiones personales poco elegantes que enfatizaron su edad y que finalmente le resultaron contraproducentes al recibir críticas de todo el mundo. El exsecretario de Vivienda y Urbanismo de Obama cuestionó erróneamente la carrera del vicepresidente e intentó erigirse como el verdadero heredero de su legado.

Pero la estrella de la noche fue Beto O'Rourke, que habló con pasión sobre el control de armas, creando uno de los titulares de la noche al declarar: «Vamos a llevarnos tu AR-15 y tu AK-17, y no vamos a permitir que sean usados más contra otros americanos», dijo para garantizar que de ser elegido presidente prohibirá todas las armas de asalto. De inmediato le respondió el legislador republicano por Texas Briscoe Cain. «Mi AR está listo para ti», fue su mensaje, prohibido inmediatamente por Twitter.

Por su parte, Elizabeth Warren defendió con solvencia su tercera posición en la carrera demócrata sin dramas ni puntos nuevos, aunque con mucha más confianza y estilo al contar sus experiencias individuales para atraer al votante. Aunque sin momentos estelares, Warren siguió llevándose el oxígeno del terreno de Sanders, sin que éste parezca hacer nada para diferenciarse de la candidata.

El veterano socialista, un poco afónico, se tuvo que esforzar para hacerse oír. No consiguió sonar de forma distinta a las elecciones pasadas, con los mismos datos y las mismas frases, y sin lograr explicar su plan para derrotar a Trump.