La mínima condena al exabogado de Trump se vuelve contra el presidente

Michael Cohen. /AFP
Michael Cohen. / AFP

La sentencia de 36 meses de prisión contra Michael Cohen afianza la idea de que colaborar con la justicia es mejor que los favores del mandatario

MERCEDES GALLEGOCorresponsal. Nueva York

Donald Trump y el fiscal especial que le investiga, Robert Mueller, mantienen un pulso muy público. El presidente intenta convencer a los que puedan testificar contra él de que si le son leales no les pasará nada, porque utilizará su magnánimo poder presidencial para perdonarles cualquier sentencia. Mueller necesita sus testimonios para acorralarle, por lo que busca convencerles de que la única manera de redimirse es cooperar, «porque nuestras instituciones democráticas dependen de la honestidad que tengan nuestros ciudadanos cuando traten con el Gobierno», advirtió este miércoles el juez William Pauley al sentenciar a Michael Cohen a 36 meses de prisión.

El abogado personal de Trump, su 'fixer', que durante una década se ha encargado de lavar sus trapos sucios, pagó un mes antes de las elecciones 130.000 dólares (114.300 euros) a la actriz porno Stormy Daniels y 150.000 (132.000 euros) a la conejita de Playboy Karen McDougal para que no revelasen en plena campaña los affaires extramaritales con el magnate. Si el objetivo de esa «transacción privada», insiste Trump, era ayudarle a ser elegido presidente, ese dinero tendría que haber sido declarado como contribución de campaña, lo que violaría las leyes electorales al superar el límite de 2.700 dólares. Metódico, el fiscal se ha encargado de que el testimonio de Cohen especifique que no actuó por su cuenta, sino «en coordinación y bajo la dirección» de alguien referido como «individuo 1». O sea, Donald Trump.

Mueller va a por él. Si al principio de la investigación el exdirector del FBI James Comey aseguró al presidente, a pregunta expresa, que él no era objeto de ninguna investigación criminal, las tornas parecen haber cambiado. Trump no ha hablado con Mueller desde que fue nombrado fiscal especial, ni este ha hecho declaración pública alguna, pero todo indica que el cerco se estrecha.

Redoblar la presión

En silencio, ambos miden su fuerza para presionar a los testigos. Cohen puede reducir aún más su sentencia si aporta nueva información. El exasesor de Seguridad Nacional Michael Flynn, que será sentenciado la semana que viene, puede que ni pise la cárcel. Su abogado ha pedido al juez que, teniendo en cuenta la «pronta y sustancial» colaboración con el fiscal, le conmute la cárcel por 200 horas de servicio comunitario.

La agente rusa Marina Butina, que se infiltró en la Asociación Nacional del Rifle y el Partido Republicano para promover los intereses de Trump y Rusia, también recibirá este jueves una sentencia benevolente a cambio de su cooperación, como lo hizo antes el exasesor de política exterior George Papadopoulos, que incluso ha salido ya de la cárcel. Con los testimonios de todos ellos y muchos otros Mueller va construyendo el caso contra el mandatario. Sólo el que fue su presidente de campaña, Paul Manafort, se ha resistido a colaborar. «Un valiente», le alabó Trump por Twitter.

Cohen no las tenía todas consigo, porque su caso de perjurio y evasión de impuestos también dependía de un fiscal neoyorquino que le considera «un sinvergüenza» que sólo ha colaborado en lo que le ha dado la gana.

Para contrarrestar esa recomendación de cumplir la máxima pena, el abogado de 52 años llevó este jueves a los tribunales a toda su familia con aspecto compungido, incluyendo su hija adolescente en muletas y su madre, ataviada con una pamela negra de funeral. Entre lágrimas contó al juez que su error había sido profesar una «lealtad ciega» al hombre que admiraba por su trayectoria en los negocios, creyendo que su obligación era mentir por él, lo que le llevó a seguir «un camino oscuro», entonó lacónico. «El presidente tuiteó recientemente que soy un hombre débil y tiene razón, pero por razones muy distintas a las que él insinuaba».

 

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