Los seguidores de Trump celebran el informe de Mueller antes de conocer su contenido

El documento entregado por Mueller al fiscal general de EE UU. / Reuters

El fiscal general lo estudia con un «selecto» grupo de colaboradores para entregar un sumario de las conclusiones al Congreso este mismo fin de semana

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

Nadie, salvo su equipo, conocía el contenido concreto del informe sobre la trama rusa que entregó a última hora del viernes el fiscal especial Robert Mueller, tras casi dos años de investigaciones, pero los adeptos del presidente Donald Trump lo celebran ya como una victoria. El pequeño círculo del Departamento de Justicia que lo estudia se apresuró a filtrar que no recomienda ninguna imputación adicional.

El fiscal general William Barr ha prometido al Congreso un sumario de las conclusiones que podría estar disponible este mismo fin de semana, pero no parecía tener prisa. Su limusina no llegó ayer al Departamento de Justicia hasta las 11:00 hora local, cuando empezó a trabajar en esta delicada misión que tiene al país en ascuas. Allí le esperaba un «selecto equipo» con el que dice estar leyéndolo «cuidadosamente». El segundo fiscal general de la era Trump asumió el cargo hace poco más de un mes sin comprometerse a hacerlo público. Ahora que la opinión pública empieza a asumir que exculpará al presidente, sus seguidores favorecen la idea de difundirlo íntegramente.

El mismo Trump se ha mostrado partidario de que se conozca. Ayer las cámaras de Fox seguían a su comitiva camino de un campo de golf en Florida como si fuera un César triunfante. Para él bastará con que Mueller no le haya conectado directamente con los intentos rusos de favorecer su candidatura para clamar victoria. Su repetitivo «No collusion» se vería reafirmado con las conclusiones del fiscal. «No hubo colusión», ha asegurado una y otra vez el mandatario.

Más allá de las conclusiones simplistas, los expertos coinciden en que los detalles importan tanto como la conclusión. ¿No recomienda una imputación por falta de pruebas o porque las reglas del Departamento de Justicia se lo impiden? A lo largo de estos dos años Mueller ha presentado 34 imputaciones contra altos colaboradores de la campaña de Trump que incluyen al que fuera su presidente de campaña, Paul Manafort y a su consejero de Seguridad Nacional Michael Flynn, entre otros individuos cercanos al mandatario. Gracias a su investigación una docena de funcionarios rusos de la Agencia de Investigación de Internet, conocida como GRU, están acusados en los tribunales estadounidenses de haber conspirado para piratear las cuentas de correo electrónico de la campaña de Hillary Clinton y el Partido Demócrata.

Plena libertad

El fiscal general ha tenido plena libertad para lanzar las redes donde quisiera y llevar ante la justicia a todos los peces que capturase, grandes y pequeños. Entre ellos no parecen haber caído ni el presidente ni su familia, que no por ello están libres de culpa y han demostrado mentir recurrentemente. Al encontrarse con delitos que no tenían relación con la trama rusa, Mueller los ha referido a otros tribunales ordinarios. De entre ellos, el distrito sur de Nueva York parece ser el más clave.

Allí se investigan las acusaciones vertidas sobre las prácticas empresariales de Trump Organization, que podrían acarrear cargos de fraude a muchos niveles. A ese edificio cercano al Puente de Brooklyn se han vuelto ya todas las miradas, mientras Mueller y su equipo comienzan a cerrar la oficina donde han guardado herméticamente todos sus secretos durante los 675 días transcurridos desde su nombramiento el 17 de mayo de 2017.

Los demócratas de más alto rango del Congreso mantuvieron ayer una reunión de urgencia para decidir sus siguientes pasos, encaminados a asegurarse de que el polémico informe se hace público. En el peor de los casos llamarán a declarar al fiscal general y le interrogarán bajo juramento sobre su contenido, pero para muchos, las 34 imputaciones que ya se han presentado bastan para reivindicar la acusación de que los rusos ayudaron a Donald Trump a ser presidente.

Para sus adeptos, los demócratas y la izquierda estadounidense son malos perdedores que odian a su líder y no pararán de acosarle hasta que abandone el poder. Algo de verdad hay en las dos partes, pero lo que parece cada vez más remoto es el sueño del 'impeachment'. Serán, probablemente, los votantes estadounidenses los que le juzguen en noviembre del año que viene.