Nuevos enfrentamientos entre la Policía y los 'chalecos amarillos' en París

Un manifestante hace un gesto obsceno como repulsa contra la subida del precio de los combustibles./REUTERS
Un manifestante hace un gesto obsceno como repulsa contra la subida del precio de los combustibles. / REUTERS

El Gobierno de Macron culpa a la ultraderecha y a Marine Le Pen de los violentos disturbios registrados en la capital francesa

FERNANDO ITURRIBARRIACorresponsal. París

La insurrección popular de los 'chalecos amarillos' llegó este sábado a las inmediaciones del palacio del Elíseo tras una semana de protestas espontáneas a lo ancho de Francia contra la subida del precio de los combustibles y la pérdida de poder adquisitivo. El Gobierno de Emmanuel Macron culpó a la ultraderecha y a su líder, Marine Le Pen, de las barricadas de fuego levantadas en los Campos Elíseos de París y los violentos enfrentamientos con las fuerzas antidisturbios que respondieron a los alborotadores con gases lacrimógenos y cañones de agua a presión.

El Ministerio del Interior cifró en 81.000 los 'chalecos amarillos' movilizados en todo el país a las tres de la tarde, muchos menos de los 244.000 que había contabilizado a la misma hora del sábado de la semana pasada, primera jornada de este movimiento de generación espontánea en las redes sociales al margen de los sindicatos y los partidos políticos. El balance provisional era de 43 detenidos y ocho heridos, incluidos dos gendarmes, que se suman a los dos muertos y 756 heridos, de ellos 136 en las filas de las fuerzas de seguridad, registrados en los siete días precedentes.

Los altercados más graves se produjeron en los Campos Elíseos donde las autoridades calcularon que se dieron cita unos 8.000 manifestantes pertrechados con las prendas reflectantes obligatorias en los vehículos que son el emblema de la protesta. La Prefectura de Policía vinculó las algaradas con la presencia al frente del cortejo de «un centenar de miembros de la ultraderecha que hostigaron a las fuerzas del orden».

Los grupos más virulentos trataron de aproximarse al cercano palacio del Elíseo, sede de la jefatura del Estado protegida por un reforzado dispositivo de seguridad, a los gritos de 'Macron, dimisión', 'vamos a romper la vajilla de Macron', 'Manu baja' y 'para desalojar a Manu es por allí'. Equipados de capuchas, máscaras antilacrimógenas y gafas de protección, erigieron barricadas con mobiliario urbano, sillas y mesas de las terrazas y material recuperado de obras en la zona a las que prendieron fuego. También arrancaron adoquines del pavimento empedrado que utilizaron como armas arrojadizas contra los efectivos policiales. Las iluminaciones navideñas dieron entrada la noche un ambiente surrealista a las hogueras y escenas de guerrilla urbana.

Denuncia de tramas

El ministro del Interior, Christophe Castaner, denunció «la coalición de tramas sediciosas de ultraderecha que han respondido al llamamiento de Marine Le Pen y quieren arremeter contra las instituciones y los parlamentarios de la mayoría gubernamental». La presidenta de Reunión Nacional, nuevo nombre del Frente Nacional, aseguró que «yo nunca he llamado a ninguna violencia» y tildó de «penoso y deshonesto» que se manipulara su tuit de la víspera en el que se preguntaba «qué justifica que el pueblo francés no pueda manifestarse en los Campos Elíseos».

En la manifestación participaron líderes de la izquierda radical como los diputados de La Francia Insumisa Jean-Luc Mélenchon y François Ruffin. Este último comparó a Macron con María Antonieta en la Revolución Francesa y le invitó a «quitarse los tapones de las orejas para escuchar al pueblo». «Castaner pretende que la manifestación es de extrema derecha y poco numerosa pero la verdad es que es la manifestación masiva del pueblo», valoró Mélenchon.

En el resto del país se reprodujeron los cortes de carreteras y las concentraciones en torno a peajes de las autopistas sin que se registraran incidentes de tanta relevancia. Los episodios de violencia acaecidos en los Campos Elíseos pueden afectar a la inmensa popularidad del movimiento de los 'chalecos amarillos' en la opinión pública. Según un sondeo de la empresa BVA, el 72% de los franceses se identifica con las reivindicaciones de la protesta, sobre todo los empleados y obreros (78%), los habitantes residentes fuera de la capital (74%) o en zona rural (77%).

 

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