Argentina tiene Ángel

Di María celebra un gol contra Suiza.. /
Di María celebra un gol contra Suiza..

Di María marcó a dos minutos para el final de la prórroga y después Dzemaili remató al poste

IGNACIO TYLKOMadrid

Di María fue esta vez al ángel de todo Argentina. Su resistencia, su físico de maratoniano, su fe y su perseverancia le permitieron emerger en la prórroga y marcar en los últimos minutos el gol que le dio a la albiceleste el pase a cuartos. Lo firmó con sutileza, tras confiar en que prosperaría una jugada descomunal de Messi. A Leo ya no le quedaban fuerzas pero le llegó el alma para driblar, acercarse al área y asistir a su compañero. Se fundieron en un abrazo eterno y emotivo el azulgrana y el madridista. Una celebración mundial.

Faltaba aún el descuento y los del criticado Sabella se salvaron de casualidad de los penaltis. Los evito el poste, que desvió un remate a bocajarro de Dzemaili. El duelo acabó con golpe franco lanzado por Shaqiri desde la media luna que, por los nervios y el dramatismo, parecía un penalti. Lloró Di María, el héroe de una Argentina muy discreta y en la que Sabella demuestra tener muy poca cintura táctica. Está en cuartos pero no enamora.

Dramatismo, agonía y éxtasis de los sudamericanos, que se merecieron ganar pero sufrieron una inmensidad ante una Suiza ordenada, contragolpeadora y con un Shaqiri genial. El final valió más que todo un duelo en el que los helvéticos fueron mejores en la primera parte, los argentinos en la segunda y la igualdad presidió el tiempo extra.

1 Argentina

Romero, Zabaleta, Fernández, Garay, Rojo (Basanta, min. 105), Gago (Biglia, min. 106), Mascherano, Di María, Lavezzi (Palacio, min. 73), Messi e Higuaín.

0 Suiza

Benaglio, Lichtsteiner, Djourou, Schär, Rodríguez, Behrami, Inler, Shaqiri, Xhaka (Fernandes, min. 65), Mehmedi (Dzemaili, min. 111) y Drmic (Seferovic, min. 81).

Árbitro
Jonas Eriksson (Suecia). Mostró amarilla a Xhaka, Fernandes, Rojo -se pierde el próximo partido- y Di María.
Gol
1-0: min. 118, Di María.
Incidencias
Partido de octavos de final de la Copa del Mundo Brasil 2014, disputado en el estadio Arena Corinthians de Sao Paulo ante 63.255 espectadores. Presencia en el palco del presidente de la FIFA, Joseph Blatter, y de Pelé.

Suiza planteó una gran batalla. Es una de las selecciones con las ideas más claras, a pesar de ese lunar del 5-2 ante Francia y de su eliminación. Con 31 años de trayectoria en los banquillos y 25 títulos conseguidos, Hitzfeld es muy fiel a su ideario y al 4-2-3-1, y ha dado preponderancia a los jugadores de talento. Laterales de largo recorrido y centrales con buena salida. Sus medios ofensivos y la delantera tienen gran capacidad de asociación. Les faltan centrocampistas de más clase para la elaboración. Y creérselo.

Suiza se marcha con dignidad tras llegar al Mundial con la mejor plantilla en la historia helvética, forjada gracias a la inmigración balcánica. Entre sus jóvenes valores destaca Shaqiri, que empezó jugando por banda pero ahora lo hace por dentro para participar más. El Messi de los Alpes es dinámico y rápido a pesar de su morfología más típica de luchador o levantador de pesas. Su origen es de Kosovo, procedencia albanesa igual que sus compañeros Xhaka y Behrami. En el once inicial, joven pero muy preparado, siete jugadores de la Bundesliga, tres del Scudetto y sólo uno, el notable central Schär, del modesto campeonato suizo.

La emoción de Hitzfield

Aprendimos de esa goleada ante Francia, cambiamos algún automatismo y mejoramos. Vamos a demostrar que podemos frenar a Messi, advirtió Hitzfeld, con fundamentos, en la previa de un partido con enorme carga emocional para él puesto que acaba de fallecer su hermano Winfried, a los 81 años, víctima de una leucemia. El preparador alemán quiso seguir al frente de la nave y ni tan siquiera sus jugadores portaron brazaletes negros.

Con Lavezzi como sustituto de Agüero y defensa de cuatro, no de cinco como arrancó el Mundial por la gran influencia de Bilardo sobre Sabella, Argentina quedó neutralizada en el primer tiempo. Apenas se le vio a Messi, muy solo porque Higuaín no está en forma y Lavezzi, fuera de peso. Se acusa al jugador del PSG de no cuidarse, y su falta de chispa y su actitud animan a pensar mal. No salió desde luego dispuesto a dar un golpetazo encima de la mesa y ganarse la titularidad.

La Nati comenzó acomplejada ante un adversario rebosante de historia, pero fue creciendo y gozó de las dos mejores ocasiones para adelantarse antes del descanso. Siempre que intervino Shaqiri ocurrían cosas en Sao Paulo. Una vez se fue en un palmo de terreno de Gago y su pase hacia atrás no lo golpeó con destreza Xhaka. Romero la sacó con el pie.

Luego, el portero del Mónaco hizo todo lo contrario que Neuer ante Argelia, dudó, se quedó a media salida y permitió que Drmic se plantase en solitario tras pase profundo de esa figura que se oscurece en el Bayern porque Guardiola cuenta poco con ella. El ariete del Nuremberg tuvo tiempo para pensar pero eligió la peor opción, un tímido intento de vaselina que acabó con el balón en manos del guardameta.

Habla el Jefecito

Conversaron Mascherano y Messi cuando salían de los vestuarios y la albiceleste progresó tras el descanso. Se activó Messi, mandó, cortó y templó el Jefecito y presionaron todos más la salida de los suizos. Marcos Rojo, que en Argentina es lateral zurdo y en Sporting de Portugal central, penetró bien. Messi realizó un par de jugadas muy brillantes, pero Benaglio estuvo soberbio.

Mejoró Palacio a Lavezzi, aunque a Sabella lo ocurre como al Tata Martino y siempre hace el cambio fácil, sin buscar grandes modificaciones tácticas. Suiza ya apenas asomaba. Todos los pases de Gago eran intrascendentes. Casi siempre cortitos y al pie. Pedía el cambio a gritos, pero Biglia sólo entró en el tramo final del tiempo extra. Cosas de Sabella.

Durante la prórroga, los hinchas brasileños corearon con olés el juego de los helvéticos, con pinta de llegar más enteros. Cerró el puño Hitzfeld para celebrar el 0-0 a un cuarto de hora del final. Benaglio se hizo gigante al desviar un zapatazo de Di María, que se arrodillaba desesperado aunque las pedía todas porque. A Messi le quedaba resuello para la última. Y Di María se hizo eterno. Los brasileños lo lamentaron tanto o más que los suizos. Así es la rivalidad.