Alemania reconquista el mundo en Maracaná

Los futbolistas alemanes celebran el gol de Götze. /
Los futbolistas alemanes celebran el gol de Götze.

Götze marcó el gol de su vida y tumbó a una gran Argentina cuando agonizaba la prórroga

IGNACIO TYLKOMadrid

Mario Götze estaba desaparecido durante el Mundial pero el astuto Joachim Löw recurrió a él cuando Klose estaba tieso y el partido precisaba más toque que músculo. Y en el minuto 113, el pequeño pero talentoso jugador del Bayern marcó el gol de su vida, el que corona a Alemania por cuarta vez en su historia y le iguala en el palmarés a Italia. Y el que convierte a los teutones en los primeros europeos que conquistan suelo sudamericano.

Messi hizo cuanto pudo pero el físico no le da para más. Su estrella se apaga y sigue sin alcanzarle a Maradona, el dios de un país que se quedó en puertas y llora una derrota que pudo ser gloria si Higuaín y Palacio no hubieran errado ocasiones clamorosas. Final muy táctica pero excelente en la que venció el más valiente y fresco físicamente porque los sudamericanos venían de una prórroga más y un día menos de descanso. Del Iniestazo del Soccer City a la genialidad de Götze en Maracaná, con la bendición del Cristo Redentor del Corcovado al fondo y decenas de miles de argentino llorando en Copacabana y el sambódromo.

1 Alemania

Neuer, Lahm, Boateng, Hummels, Howedes, Kramer (Schürrle, min. 31), Schweinsteiger, Müller, Kros, Özil (Mertesacker, min. 120) y Klose (Götze, min. 88)

0 Argentina

Romero, Zabaleta, Demichelis, Garay, Marcos Rojo, Enzo Pérez (Gago, min. 86), Mascherano, Biglia, Lavezzi (Agüero, min. 46), Messi e Higuaín (Palacio, min. 77)

Árbitro
Nicola Rizzoli (Italia). Mostró amarilla a Schweinsteiger, Höwedes, Agüero y Mascherano.
Gol
1-0: min. 113, Götze
Incidencias
Una decena de jefes de Estado asistieron a la final de la Copa del Mundo Brasil 2014, celebrada en el estadio Maracaná de Río de Janeiro ante 74.738 espectadores. Un espontáneo fue reducido por la seguridad durante la segunda parte.

Löw es consecuente y no cambia de idea al albur de las circunstancias que marcan un partido, y más una final. Se vio en la necesidad de recomponer el puzzle y siempre trató de transmitir señales de valentía. Khedira aparecía en la alineación oficial pero sufrió una dolencia de última hora. Le sustituyó por Kramer, un inexperto centrocampista del Borussia Mönchengladbach que sólo había disfrutado de 12 minutos en este Mundial. Pero prefirió a un jugador de buena técnica que a un tronco. Al cuarto de hora, Kramer se dio de bruces contra el hombro de Garay. Jugó un tiempo groggy hasta que cayó al suelo y tuvo que salir del campo. Entró Schürrle, que se situó de extremo izquierdo porque Klose era intocable. Özil pasó a jugar de enganche y Kroos se retrasó junto a Schweinsteiger. Un movimiento de entrenador que busca el triunfo a partir de sus méritos, no sólo de los errores del rival. Y no es casual que en cada ataque germano, al menos tres futbolistas pisen el área.

Entre tanta adversidad, Alemania llevó el dominio pero Argentina, al final sin el lesionado Di María, controló el partido. Y no es un contrasentido. Con otro estilo, más conservador porque ni el físico ni los jugadores son iguales, Sabella ideó un plan para contener y romper la línea de presión mediante balones largos a la espalda de una zaga germana muy adelantada a la que, no lo olvidemos, desnudó Argelia en un duelo de octavos resuelto en la prórroga y con una actuación magistral del portero Neuer como defensa libre.

Sabella sabía que la defensa rival es lenta, salvo Lahm en el lateral derecho, y por eso ordenó buscar el perfil de Höwedes, lateral zurdo de 1,87 de estatura que sufre si le encaran, y más tras verse amenazado por una amarilla.

Messi trató de encararle con esos cambios de ritmo que no son los de antes pero aún resultan dañinos. Había dicho que era el partido de su vida y salió el astro rosarino dispuesto a desafiar su físico endeble y a morir por la causa. Si no participa más es porque no puede, no porque no quiera. No hay debate posible.

En esa enorme batalla táctica, los detalles tendrían una incidencia enorme. Higuaín acentúo esa leyenda que le acompaña de ariete errático en duelos clave. En realidad, se trata de un delantero rápido, peleón y generador de un sinfín de ocasiones, pero impreciso en la definición. Le llegó un regalo de cabeza Kroos, impropio de un jugador de esta jerarquía, y dispuso de todo el tiempo del mundo para pensar porque estaba solo frente a Neuer. La golpeó picuda de primeras. Luego, le anularon al Pipita con acierto un gol por fuera de juego. Y siguió cabizbajo hasta ser reemplazado por Palacio.

Argentina disfrutó en el primer tiempo de otra gran ocasin en una internada de Messi, cuyo pase lo salvó Boateng cuando iba a empujarlo Lavezzi. Era menos vistosa pero más práctica y se sentía más feliz. Alemania sufría en cada contragolpe y arriba sólo encontraba al versátil Müller, capaz de jugar de todo por su técnica, arrojo, llegada y ese gran cambio de ritmo que le adornan.

Kroos, flojo

El gran problema para el grupo de Löw fue que Schweinsteiger entró mucho más en juego que Kroos, muy por debajo de lo esperado quizá porque echó mucho de menos el trabajo de largo recorrido de Khedira. Sólo en la estrategia los teutones intimidaban. Y así, a la salida de un córner, fue como Höwedes cabeceó al palo casi en el descuento.

Agüero no es ni su sombra y deambula por el campo pero su calidad es indudable. Recurrió Sabella a él en la segunda parte porque Lavezzi se sentía mal y el Kun podría dinamitar esa zaga lenta. Messi volvió a avisar, esta vez desde la izquierda, pero la cruzó en exceso. Luego, Neuer se llevó por delante a Higuaín de forma involuntaria. Como mide cerca de dos metros y saltó para despejar de puños, le metió la rodilla casi en la cara y le arrolló. La hinchada albiceleste pidió penalti. Desde luego, no se produjo la falta del delantero que pitó el árbitro.

De forma paulatina fue decayendo el ritmo de los sudamericanos. Pero esas carencias las suplían con orden y colocación. Y cuando el balón le caía a Messi, continuaba la sensación de peligro. Como Alemania cada vez gobernaba más el centro del campo, Sabella agotó los cambios. Retiró primero al Pipa y luego al agotado Pérez, y buscó más control con Gago. Ya al borde de la prórroga, Löw cambió le pegada de Klose, muerto de tanto batallar y despedido por el público puesto en pie, por el desequilibrio de Götze. En el tiempo extra aceleró la Mannschaft. Arriesgó, a costa de que Messi, el Kun o Palacio pudieran matarle en alguna contra aislada. Y la tuvo el delantero del Inter, que la elevó fuera ante Neuer. Rizzoli le perdonó a Mascherano la segunda amarilla en el tramo final. Alemania se queda un par de minutos en inferioridad mientras cosen a Schweinsteiger. Müller se lleva otro golpazo en la cabeza pero no para. Y la engancha Götze y provoca el delirio teutón. Ni la canciller se contuvo.

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