Le piden cuatro años de cárcel por dar una palmada en el trasero a dos alumnas

El procesado, que estaba de profesor sustituto en un instituto de Motril (Granada), admite «un cachetillo en el culete» pero sin intención sexual

YENALIA HUERTAS

Un profesor procesado por dar dos besos en las mejillas, un abrazo y una palmada en el trasero a dos alumnas de un instituto de Motril el año pasado, no negó ayer en el juicio el gesto que le ha llevado al banquillo de los acusados, pero sí que tuviera intención sexual alguna.

«Fue la típica palmadita que le das a un crío cuando comete una travesura», garantizó el docente al tribunal de la Sección Segunda de la Audiencia de Granada, ante el que afirmó que si les besó en la cara -tampoco negó esa acción - fue a requerimiento de ambas pupilas «y para reforzar su buen comportamiento» aquella mañana.

Los hechos denunciados se remontan al 18 de febrero de 2016, cuando las niñas, que tenían 13 y 14 años entonces, se encontraban en el Aula Temporal de Integración, una especie de aula de apoyo para niños con mal comportamiento. Junto a ellas había otro menor que presenció lo ocurrido.

«De una forma totalmente natural le di un cachetillo en el culete»PROFESOR

Según narró el acusado, las chicas habían sido derivadas a ese aula tras protagonizar un incidente en otra clase, donde habían hecho un ruido similar a un «petardo». Así, tras recomendarles que reconocieran el papel que cada una había jugado en esa travesura ante el jefe de estudios, el docente besó primero a una de ellas en la cara como un gesto para «tranquilizarla». Esos dos besos se produjeron «en medio» de la clase.

Una vez concluida la hora, antes de que se marcharan del aula, los dos besos a esa misma chica se repitieron. Fue a modo de despedida, para acto seguido, «de una forma totalmente natural», darle «un cachetillo -admitió el docente- en el culete». Lo mismo ocurrió con la otra niña, y el menor varón le preguntó entonces si a él no iba a darle dos besos de despedida, ante lo que él le dijo: «que no, que tú eres un niño».

«Me dio un abrazo, me hizo daño en el pecho y me tocó el culo»PRIMERA ALUMNA

Los tres menores que aquella mañana estaban en el aula con el acusado declararon ayer tras una mampara y coincidieron en afirmar que tras la palmada hubo una especie de «agarrón» del cachete, un detalle que según la letrada de la defensa antes del juicio no habían apuntado.

La fiscalía atribuye al docente dos delitos leves de vejaciones injustas, por los que solicita que sea condenado a un total de 40 días de localización permanente (20 por cada niña), así como que se le imponga una medida de alejamiento con respecto a ambas. En concreto, pide una prohibición de acercamiento a menos de 200 metros y de comunicación durante 6 meses. En cuanto a la indemnización, según precisaron fuentes del caso, considera que debe pagar a cada una 200 euros.

«Me dijo: ¿Es que no te despides? Y me dio dos besos y un abrazo»SEGUNDA ALUMNA

Frente a esta petición, la madre de una de las crías, que ejerce la acusación particular a través del abogado Francisco Ruiz Baena, reclama cuatro años de prisión para el acusado como presunto autor de un delito de agresión sexual. Además, exige una indemnización de 5.000 euros para su hija, que ahora tiene 15 años y que ayer manifestó al tribunal que a raíz de lo ocurrido se siente «rara».

La dirección del instituto tuvo conocimiento de inmediato del incidente y activó el protocolo establecido, según confirmó ayer la directora, que declaró como testigo y aseguró que el docente le negó tocamiento alguno «ni nada extraño». Aclaró que estaba cubriendo una baja y que apenas llevaba dos semanas en el centro.

La fiscal opinó que su comportamiento fue «impropio» de un profesor

También fue interrogado como testigo el jefe de estudios, a quien le transmitió lo ocurrido otra profesora, dirigiéndose en ese mismo momento a hablar con las chicas para que le relataran lo que había pasado. «Estaban asombradas, extrañadas», describió.

La madre de la primera alumna que fue besada en la mejilla -la que ejerce la acusación particular- aseguró a los magistrados que su hija sufre «ataques de ansiedad», los cuales relaciona directamente con lo ocurrido. «Noto que mi hija no es mi hija; está mal psicológicamente», aseveró la mujer, a la vez que indicó que «nunca» le había pasado algo así con ningún profesor. «Sale a la calle y, aunque no lo ve, se le aparece», llegó a decir. Frente a este testimonio, la progenitora de la segunda alumna manifestó que su hija estaba «bien» y que no notó nada especial después de aquel episodio, del que se enteró porque le llamaron del instituto.

La forense que reconoció a la primera alumna justo tras ocurrir los hechos no observó en ella ni lesión física ni «ningún tipo de sintomatología ansiosa». Así lo ratificó durante su intervención, que se desarrolló mediante videoconferencia. Sí apreció en la adolescente un lógico «nerviosismo» por la tramitación judicial del caso, al saber que tendría que enfrentarse a una vista oral.

El juicio quedó visto para sentencia después de que las acusaciones mantuvieran los cargos. La defensa reclamó la libre absolución del acusado por entender que simplemente actuó con las menores como un docente que «trató de tranquilizarlas». Por su parte, en su informe final, la fiscal opinó que el acusado tuvo un comportamiento «inadecuado e impropio de un profesor», pero confesó tener dudas de que los hechos tuvieran «la intensidad» del delito de abuso sexual, aunque invadiera la intimidad de las niñas, «que no querían ni besos ni abrazos y se sintieron incómodas».

El abogado de la acusación particular sostuvo que hubo una posible agresión sexual porque el acusado «coge el cachete y lo comprime», lo que en su opinión constituye un «hecho lascivo».

El profesor hizo uso de su derecho a pronunciar la última palabra para defender que su actuación siempre fue «desde el punto de vista de docente».

 

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