La causa independentista sigue sin encontrar aliados de peso en el exterior

Torra, durante su ultima visita a Carles Puigdemont./EFE
Torra, durante su ultima visita a Carles Puigdemont. / EFE

La estrategia de internacionalización del Govern está a la espera de la creación del Consejo de la República liderado por Puigdemont

CRISTIAN REINOBarcelona

La diplomacia catalana sigue pinchando en hueso. Seis años después del inicio del proceso secesionista, el apoyo internacional a la causa independentista es casi nula. Una mirada a la agenda exterior de Quim Torra, que lleva cinco meses como presidente de la Generalitat, es un buen ejemplo de cómo las puertas de los despachos de poder internacional continúan cerradas a cal y canto para los dirigentes soberanistas. Lejos quedan los tiempos en que Jordi Pujol viajaba a Washington y era recibido por George Bush en el mismísimo despacho oval. O viajaba a Alemania y se reunía con Helmut Kohl.

Torra se estrenó con una visita a EEUU en el mes de junio, que se saldó con su asistencia a un festival de música folk y su bronca con el exembajador Pedro Morenés. Después ha estado en varias ocasiones en Bruselas (para reunirse con Puigdemont), pero no ha conseguido que le reciba ningún dirigente europeo. En julio estuvo en Escocia para entrevistarse con la primera ministra Sturgeon, a Alemania fue también para visitar a Puigdemont y en Francia viajó a Perpiñán a reunirse con el alcalde de la ciudad. Su último desplazamiento ha sido esta semana a Suiza para pedir una mediación internacional en una conferencia en la Universidad de Suiza. Tuvo tan escaso eco internacional que incluso el consejero catalán de Exteriores, Ernest Maragall, dijo al día siguiente que aún no se dan las condiciones para pedir una mediación.

La estrategia catalana en el exterior chirría. La respuesta de los Estados a la demanda de autodeterminación de Cataluña ha sido el silencio. Ningún país reconoció la independencia declarada hace un año y los únicos apoyos, al menos en público, se reducen a los nacionalistas flamencos del NV-A y al SNP escocés. El Govern se queja del boicot del Estado a sus planes en el exterior.

Bajo el mandato de Torra, la Generalitat ha tratado de reactivar la diplomacia catalana, «liquidada» por el Gobierno tras la aplicación del 155. El Ejecutivo catalán ha recuperado el Diplocat y está en proceso de reapertura de la red de 'embajadas' catalanas. El servicio exterior catalán, en cualquier caso, se mantiene en un estado de provisionalidad. Por dos razones. Porque Ernest Maragall, consejero de Exteriores, está en retirada. Su elección como candidato a la alcaldía de Barcelona por Esquerra le coloca en posición de interinidad hasta que el presidente de la Generalitat designe un nuevo consejero. Pero sobre todo, porque no acaba de arrancar el llamado Consejo de la República, desde el que Carles Puigdemont pretende pilotar, desde Waterloo, la defensa de la causa independentista en foros internacionales.

Cinta en Bruselas

Primero se fijó su constitución para septiembre, más tarde para el 1 de octubre y ahora está a la espera. Torra y Puigdemont se verán este lunes en la capital europea y podrían fijar una fecha más concreta. El objetivo de esta internacionalización siempre ha buscado crear un clima favorable al 'procés' en las opiniones públicas de los países, con vistas a que acaben presionando a España para que se avenga a negociar un referéndum.

La estrategia independentista ha pasado siempre por recurrir a la leyenda negra española para despertar simpatías. España no sale nunca bien parada en las intervenciones de los líderes en el exterior y hay referencias que son continuas: Franco, Inquisición, Turquía, presos políticos, exiliados, Companys, represión, violencia. España se presenta por parte de los independentistas como un Estado autoritario, donde no hay división de poderes y donde se encarcela a la gente por querer votar. La presencia de los líderes independentistas en medios de comunicación internacionales es notable. Ahí, la estrategia de Puigdemont y Torra sí está funcionando.

Mientras, la decisión de Carles Puigdemont de huir a Bruselas, que no comunicó ni a su entonces vicepresidente, Oriol Junqueras, e instalarse en el corazón de Europa ha provocado un terremoto judicial entre España y algunos de sus socios comunitarios, como Bélgica o Alemania, que han echado para atrás las órdenes de extradición por rebelión. Puigdemont, fugado de la justicia, se pasea por la UE como un líder represaliado y exiliado y aunque su figura no brilla como cuando estaba en Alemania, sigue teniendo repercusión mediática. Pero no consigue reunirse con ningún dirigente relevante.

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