La jubilación forzosa del loro Tarzán

Daba los buenos días a los clientes. Incluso, tomaba café con los empleados. "Era un empleado más. Además, un empleado muy fiel. No cogía vacaciones", comenta Mari Carmen, su dueña. Pero tras más de 40 años de intenso trabajo en esta botica, a Tarzán le ha llegado, por sorpresa, la jubilación. "Se echa de menos. Quieras o no quieras, llegabas a la farmacia a las 8 y media de la mañana y te respondía con un "hola, ¿qué tal?", relata Ovidio Piñeiro, farmaceútico. Él no pretendía retirarse. Pero una ley de Sanidad lo ha mandado para casa anticipadamente. "No parece muy lógico ni muy justo que por no sé qué normas o leyes o no sé qué diablos lo tengan que extraditar por decirlo de alguna manera". Ahora vive a cuerpo de rey en el campo, en casa de Mari Carmen. Pero los clientes llevan bastante mal su ausencia. A pesar de la tristeza de los parroquianos, Tarzán ya disfruta de una dulce nueva vida.-Redacción-