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Pablo Casado: la vuelta al discurso tradicional

Pablo Casado: la vuelta al discurso tradicional
Celedonio Martínez

Cercano a Aznar, defiende un PP desacomplejado que se oponga abiertamente al aborto o la eutanasia

M.E. ALONSO

Nació en Palencia y fue elegido diputado por Ávila, pero es Madrid la ciudad que le ha visto crecer políticamente. Llegó a la capital con apenas 18 años, dispuesto a comerse el mundo, y parece que la política se lo está poniendo en bandeja. Con 37 años, Pablo Casado se ve con serias opciones de ser nombrado sucesor de Mariano Rajoy y dar la batalla por recuperar a los votantes desencantados que se han marchado a Ciudadanos y a Vox.

«Si me presento es para ganar», reconoció el mismo día que puso rumbo a la cúspide del PP. Lo hizo a las puertas de la madrileña sede del partido en la calle Génova, cuyos recovecos conoce bien porque durante tres años ha sido el vicesecretario general de Comunicación.

Junto con Andrea Levy y Javier Maroto, se convirtió en la imagen de la renovación del PP y su rostro comenzó a competir en 'prime time' con los de Pablo Iglesias o Albert Rivera. En su recorrido por los platós de televisión ha tenido que dar explicaciones sobre personas que no ha conocido «nunca» y etapas del partido en las que él no estaba. Aun así presume de las siglas del PP, de todo su pasado, pero se muestra implacable contra la corrupción. «Vamos a ser intolerables contra aquellos traidores que manchen las siglas», ha insistido durante la campaña.

Casado sitúa su origen político en los días del impacto por el asesinato de Miguel Ángel Blanco y tras los atentados del 11-M. En esas fechas, con 23 años, decidió afiliarse al PP e iniciar su carrera política. Tiene el mérito de haber trabajado con tres grandes líderes del PP –Esperanza Aguirre, José María Aznar y Mariano Rajoy– sin crear suspicacias. Al contrario, fue siempre un 'niño bonito' alabado y admirado por todos.

Ha sido líder de Nuevas Generaciones en Madrid y diputado en la Asamblea de la misma comunidad. Quemada esta etapa, fue elegido por Aznar como su director de Gabinete cuando ya estaba fuera de La Moncloa. Su relación con el expresidente del Gobierno siempre ha sido estrecha, hasta tal punto que Aznar fue uno de los pocos rostros conocidos invitados a su boda. «Es mi referente político e ideológico», ha admitido más de una vez. Los elogios han sido recíprocos. «Si alguna vez me tiene que renovar alguien, que me renueve Casado, que es un tipo estupendo», dijo Aznar en 2015.

La losa del máster

Tocada su imagen por las sombras sobre la forma en la que había logrado su máster en la Universidad Rey Juan Carlos, todo apuntaba a que la carrera de Pablo Casado se iba a centrar en la Comunidad de Madrid, donde hace apenas un mes el PP le escogió para dirigir el comité electoral que preparará la cita con las urnas de 2019. Pero sus aspiraciones eran mayores.

Cuando los pesos pesados del partido conservador seguían sin decidirse a participar en la carrera sucesoria, se situó en la línea de salida antes de que se pintara. Se presentó como el candidato de las bases y el que mejor expresa la renovación y el relevo generacional frente a la candidata del poder (Soraya Sáenz de Santamaría) y la del aparato del partido (María Dolores de Cospedal).

Su empeño a lo largo de estos doce días de campaña ha pasado por repetir el mantra de que si él gana «nadie pierde» y que de hacerse con las riendas, recuperará un Partido Popular «desacomplejado», contrario al aborto o la eutanasia, y defensor del espíritu liberal.

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