El historiador José Luis Casado Soto fallece en un accidente de tráfico

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Chocó por alcance contra un camión cuando circulaba por la autovía A-8, a la altura de Valdáliga, y murió dos horas después en el hospital de Sierrallana

G. SELLERS

El historiador y exdirector del Museo Marítimo del Cantábrico, José Luis Casado Soto, falleció ayer por la tarde después de sufrir un accidente de tráfico en la autovía del Cantábrico, a la altura de Caviedes (Valdáliga), al chocar por alcance contra un camión el coche que conducía. El historiador viajaba solo en su automóvil, un todoterreno de la marca Mercedes.

El suceso ocurrió sobre las seis de la tarde, en el punto kilométrico 254 de la A-8, dirección Torrelavega. En una subida, un camión de gran tonelaje que circulaba por el carril de la derecha, tuvo que reducir la velocidad para seguir su marcha superando la cuesta. Casado Soto, que circulaba inmediatamente detrás, colisionó con el vehículo pesado.

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Santanderino, de 69 años y padre de dos hijas, era uno de los referentes de la historia naval y marina de Santander y discípulo cercano de Joaquín González Echegaray, del que estaba preparando una biografía tras su muerte a comienzos del año pasado. Licenciado en Bellas Artes y autor prolífico de artículos y libros de historia marítima y regional, se jubiló en junio de 2010 de funcionario público. Pero no se retiró de historiador, arqueólogo, investigador y escritor, profesiones que siguió ejerciendo hasta el final. Pero fue el Museo Marítimo del Cantábrico, del que era fundador, lo que consideraba como un hijo y por lo que luchó contra viento y marea en los últimos 35 años. Tras el violento golpe, el investigador cántabro fue rescatado por los bomberos del interior de su todoterreno destrozado y fue trasladado aún con vida al hospital de Sierrallana. José Luis Casado Soto murió dos horas después, a las 20.15 horas, en el centro sanitario.

Defensor de San Martín

Es una paradoja cruel que la muerte de Casado Soto se produzca en plena recuperación urbanística de la zona de San Martín. Él siempre fue un acérrimo defensor de este espacio abandonado de Santander como zona de encuentro. «Esto puede ser la gran plaza de Santander, donde desemboquen los paseos de la ciudad y convertirse en un punto de solaz y encuentro de la gente», dijo hace cuatro años en la última entrevista que concedió a este periódico, del que fue colaborador asiduo. Una visión premonitoria de lo que, a la postre, se ha convertido el dique de Gamazo y su entorno. Una obra, inaugurada esta misma semana, que ha permitido recuperar el espacio emblemático que reclamaba el historiador, frente a los proyectos urbanísticos que durante muchos años planearon sobre la zona. «Se han dado cuenta de que es una área privilegiada, entre el centro de la ciudad y las playas, después de que en los últimos años hayan habido una serie de proyectos, a cual más descabellado, para aquí», denunció en su momento.

Casado Soto trabajó con intensidad los últimos meses en el proyecto del Museo de la Catedral, uno de los proyectos integrados en el anillo cultural de Santander. Pero también tenía tiempo para los textos que le reclamaban ayuntamientos y empresas privadas sobre historia regional o marítima. Considerado un erudito en su campo, Casado Soto fue nombrado miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia en 1978 y hasta 1976 ejerció la docencia y desempeñó el cargo de secretario de la Escuela Superior de Bellas Artes de Bilbao. Fue director del anuario Juan de la Cosa del Instituto de Estudios Marítimos del mismo nombre y miembro del Centro de Estudios Montañeses, del Instituto de Etnografía y Folklore Hoyos Sáinz y del Instituto de Historia y Cultura Naval del Cuartel General de la Armada. También ocupó el cargo de secretario de la Institución Cultural de Cantabria y consejero provincial de Bellas Artes.

Visión urbana y cultural

Casado Soto tenía una profunda confianza en la cultura como motor de Santander. Aplaudió la batalla del Ayuntamiento por intentar conseguir la Capitalidad Europea, lo que veía como una gran oportunidad de cambio, y fue muy crítico con las directrices culturales que se siguieron en Cantabria durante muchos años. «Entiendo que en esta región no hay una política cultural. Hay muchos apaños culturales, improvisaciones, anécdotas..., no planificación ni objetivos. Por lo menos no en los últimos años yo no he percibido que hubiera un modelo a desarrollar», denunció en aquella entrevista de 2010.

Uno de sus últimos actos públicos fue este pasado miércoles en el Club de Regatas de Santander donde su amigo Aurelio González Riancho, médico, miembro del Centro de Estudios Montañeses y del grupo Alceda, impartía una conferencia dentro del ciclo Santander el viejo puerto de las mil velas, a través de sus marinos ilustres. Aquel día, como oyente, volvió a hacer con su intervención una defensa a ultranza del patrimonio, del diálogo y del conocimiento como una forma de construir la ciudad en la que siempre creyó; un espacio urbano en el que debía imperar el respeto hacia el legado recibido, su puesta en valor, y la radical necesidad de que las autoridades pusieran su empeño en esos fines.

El alcalde de Santander, Iñigo de la Serna, lamentó ayer el fallecimiento de Casado Soto, un «referente indiscutible de la cultura y la historia de Santander y de Cantabria». Desde el Ateneo también llegaron las condolencias por la «pérdida irremplazable para la cultura de Cantabria y especialmente para la investigación».

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