Concepto

Revilla está indignado con Mariano –salió rana como Pepiño– porque ha incumplido su promesa: no hay dinero para Valdecilla ni para Torrelavega

OLGA AGÜERO

Revilla está indignado con Mariano salió rana como Pepiño porque ha incumplido su promesa: no hay dinero para Valdecilla ni para Torrelavega. Dice que le ha mentido "oralmente y por escrito", las dos formas de inverosimilitud, según la metafísica ontológica inspirada por Gema Igual. Principio de verdad política que enuncia un revés lógico desconcertante: todo lo publicado en escaparates oficiales queda desactivado si se desmiente en la radio. Es el concepto, que decía aquel. Se cambia el significado de corrupción, y desaparece el corrupto, también llamado caso aislado. Como avinieron a contradecirse populares y Ciudadanos para negociar su pacto de gobierno: decidieron que corrupto sólo es quien mete la mano al cajón para beneficio directo, si beneficia a otro no.

Pretenden cambiarnos, también, los conceptos de verdad que ahora, al parecer, es un sucedáneo de medias verdades y medias tintas y de realidad. España ha salido de la crisis. El paro, el trabajo precario y los salarios insuficientes son ahora normalidad económica. Quienes desafían este concepto están politizados, o perroaflautados, en los casos más extremos de falta de comunión con la doctrina oficial.

Advertía el pensador Sartori fallecido estos días sobre la sociedad teledirigida. El homo sapiens se convierte en homo videns, un ser incapaz de reflexionar que se cría frente a una pantalla. Que mira, pero que no piensa; que ve, pero que no entiende. Pensamientos desobedientes como éstos cada vez tienen menos espacio, porque también está en revisión el concepto de universidad. La de Cantabria ha anunciado su reconversión en una especie de oficina de empleo. Entregada a la pragmática máxima de la «empleabilidad» como "prioridad absoluta". Adaptará sus titulaciones al mercado laboral. Pretensión complicada cuando la mitad de los trabajos ofrecidos son de camarero o dependiente. Lo importante es colocar a los estudiantes. Sólo es rentable aprender lo que es útil. Este mantra es una inquietante renuncia al conocimiento universal. Marchita el futuro de las letras y otras vocaciones con escasas salidas laborales. La utilidad no debiera ser el principio moral de la universidad. Pero el cambio de concepto también envenena y estrecha el concepto de conocimiento.