'El extraño'

Aunque se trata del único guión de la carrera cinematográfica de Orson Welles que no lleva su firma, el brillante discurso de su personaje retrata, como en ningún otro filme norteamericano, la naturaleza del nazismo

Orson Welles y Loretta Young en 'El extraño' (1946)./
Orson Welles y Loretta Young en 'El extraño' (1946).
Guillermo Balbona
GUILLERMO BALBONA

Reloj no marques las horas parecen decir los protagonistas de 'El extraño'. Cinta poco conocida, rareza comprometida y magníficamente interpretada, esta mirada negra sobre el mal solapa y mezcla con inteligencia el relato de espionaje, la memoria, la huella reciente de la guerra y el nazismo y el diálogo social sobre la hipocresía y las apariencias.

Nominada al Oscar al mejor guión y al León de Oro en Venecia, la obra tapada de Orson Welles presenta de manera esquemática a un agente de la comisión de crímenes de guerray, en el otro extremo, a uno de los cerebros de los campos de exterminio nazis. Fascinación y enigma, el genio de 'Ciudadano Kane' crea una obra sólida, entretenida, subliminalmente expuesta cuando plantea las raíces del mal y sus límites y, además, logra crear todo un festival de tensión y enérgica narración en uno de los mejores finales de la historia. Gracias a su personalidad visual se escapa así de los géneros y los formatos cerrados y 'El extraño' se convierte en un filme tan diferente como singular dentro de la carrera de Welles, entre la genialidad y el malditismo, entre el capricho y la audacia.

A 'Ciudadano Kane', que fue un fracaso comercial, en parte por el boicot de Hearst y en parte por las audacias técnicas no bien comprendidas, le siguió 'El cuarto mandamiento' (The Magnificent Ambersons, 1942), donde con una técnica más tradicional, aunque siempre barroca y virtuosista, expone el paso de la aristocracia terrateniente a la plutocracia industrial en la América del siglo XIX. El filme, cuyo montaje final fue alterado por la RKO sin permiso de Welles, fue otro fracaso comercial. A partir de entonces se empieza a crear en torno a Welles la leyenda de realizador maldito, que había destruido la carrera de tantos otros maestros en Hollywood. No obstante, la personalidad de Welles se impone a toda oposición e incomprensión que se levante contra él.

Uno de los carteles promocionales de 'El extraño' (1946).
Uno de los carteles promocionales de 'El extraño' (1946).

Aprovecha temas impuestos para hacer filmes personales, como el que nos ocupa (The Stranger, 1947) o 'La dama de Shanghai' (The Lady from Shanghai, 1948); tras la realización de 'Macbeth' (1948) para una productora independiente, inicia su exilio voluntario de Estados Unidos, y durante varios años sólo pudo realizar 'Otelo' (1951), en Marruecos e Italia, y 'Mr. Arkadin' (Confidential Report, 1955), en España.

Welles es un ejemplo claro de autor maldito y de cineasta no incluido en ninguna escuela determinada, de verdadero maestro del cine por encima de cualquier consideración temática o nacional cuya influencia en la evolución del lenguaje cinematográfico es enorme. A mediados de 1945, casi tres años después de su retorno de Brasil sin haber logrado completar su proyecto 'It's all true' y tras la cancelación del contrato de Mercury Productions con la RKO, su trayectoroia estaba en tierra de nadie.

En este contexto surge la oportunidad de dirigir y protagonizar una película para demostrar a la desconfiada industria cinematográfica americana que estaba en condiciones de realizar «un filme normal dentro de los parámetros convencionales del Hollywood», que sus dos primeras películas habían puesto en crisis de manera radical. Eficiente, rodado en un día menos de los previstos y sin que se llegara a gastar la totalidad del presupuesto previsto, el irónico resultado parecía una bofetada de Welles a los parámetros de la industria. Welles quería que el papel del investigador fuera encarnado por su actriz favorita Agnes Moorehead, en lugar de encargárselo a Edward G. Robinson, lo que fue rechazado por los productores.

El guión escrito por Anthony Veiller y John Huston, se inscribe en la línea de las películas postbélicas en las que se advertía sobre el peligro de la pervivencia y reconstrucción en un futuro inmediato del totalitarismo nazi. La película rápidamente fue encasillada dentro del thriller o de su subgénero del espionaje, pero Welles se escapa de cualquier encasillamiento, con un sugerente ambiente de luces y sombras en las secuencias iniciales que contrasta fuertemente con el tratamiento naturalista del apacible pueblo norteamericano donde transcurre el resto del filme.

Loretta Young junto a Martha Wentworth y Orson Welles en dos escenas de 'El extraño' (1946).

La película resultó comercial y ofreció buenos dividendos en taquilla y Spiegel quedó satisfecho de la eficacia y sobriedad de Welles en el rodaje hasta tal punto que fue él quien le recomendó a Columbia con el fin de que le ofrecieran una nueva oportunidad. El fruto fue 'La dama de Shanghai'. Welles da una vueta de tuerca a los géneros y pone de manifiesto en su proyecto una tendencia ideológica antifascista que ya procedía incipientemente de una década antes. Insistió en el sistemático alegato contra un hecho político e ideológicamente fundamental: la denuncia de la posible infiltración de ideales totalitarios en la conciencia norteamericana.

Jamás un filme norteamericano ha analizado con tanta profundidad la naturaleza del nazismo como ese brillante discurso que Welles pronuncia públicamente: «Los alemanes se consideran como las víctimas del odio y de las conspiraciones mundiales de los pueblos inferiores. Nosotros podemos admitir el error. Los alemanes no. (...) Aún siguen los caminos de sus dioses. Aún siguen con los ojos fijos en sus ideas fijas. (...) El mundo cristiano ya tuvo su Mesías, pero para el alemán el Mesías no es el príncipe de la paz. Es otro bárbaro, otro Hitler. (...) No creo que se pueda reformar un pueblo si no es desde dentro. Los principios básicos de libertad e igualdad jamás han funcionado en Alemania. Han desperdiciado la experiencia de los demás pueblos. Libertad, igualdad y fraternidad jamás tendrán raíces en Alemania».

Welles quisio intervenir sobre el guión, ya que la trama le parecía banalmente previsible y propuso, sin éxito, incluir algunos cambios fundamentales. Curiosamente se trata del único guión de la carrera cinematográfica de Welles que no lleva su firma. Uno de los cambios significativos incluía un prólogo de unos veinte minutos en América del Sur, que precedería al inicio de la acción en la localidad y cuya función sería la de situar el contexto de la caza de nazis después de la guerra y proporcionar al proyecto un interés visual del que carecía.

El único elemento decorativo que aporta un toque de originalidad es el imponente reloj, instalado a una veintena de metros de altura sobre el campanario de la iglesia, y cuyas figuras humanas medievales deben coronar el final de la película. Welles saca un enorme partido de las limitaciones que se ha impuesto para rodar la mayoría de las ascensiones de sus personajes hasta el mecanismo del reloj. Recurriendo a los picados y a los contrapicados extremos, Welles consigue de forma brillante producir una sensación de peligro real totalmente ausente en otras escenas, mucho más banales, en las que esas ascensiones se han reconstruido en estudio.

Toda la imaginación visual que puede faltar en la concepción de los decorados se compensa afortunadamente con el excepcional trabajo de Russell Metty en la fotografía. Nunca una producción de serie B era tan generosa en movimientos de cámara tan atractivos como esos largos travellings de exteriores o esas grúas que puntúan el desarrollo del filme. Welles renuncia en todos sus momentos más intensos a la retórica convencional del plano-contraplano para ensayar fórmulas mucho más sofisticadas.

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De la primera película de un gran estudio estadounidense que ofreció imágenes reales de los campos de concentración nazis tras la Segunda Guerra Mundial. Su director dijo: «No es ni muy buena ni muy mala. Es la única película que he hecho en mi vida en la que no tomé parte alguna en el guión (...) Estaba producida –realmente producida– por Spiegel. El era realmente quien dominaba toda la película. No puede decirse que sea una obra mía en el sentido en que lo son las otras. Es una película entretenida. Sólo la hice para demostrar que era un director comercial».

'El extraño', como un palimpsesto, tras las sosegantes líneas de un tranquilizador dibujo de apariencia convencional, transparenta el trazo vigoroso de un cineasta de raza, las resoluciones estilísticas de un inconformista que nunca renunció a sus convicciones creadoras.