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'ultimátum a la tierra'

Solo un director como Robert Wise es capaz de aportar con maestría el humor negro a una historia de suspense con apariencia de cine fantástico

Michael Rennie en 'Ultimátum a la tierra' (1951)./
Michael Rennie en 'Ultimátum a la tierra' (1951).
Guillermo Balbona
GUILLERMO BALBONA

Es sutil y extraña. Un artefacto inteligente con un ET muy humano y humanos que a veces parecen extraterrestres. Se podría decir que es un clásico menor y un exponente de excelencia de la serie B. Ha estado olvidada, hubo quien se atrevió con un muy limitado remake y fue pionera a la hora de acotar un espacio de la ciencia ficción prolífico, atractivo e insólito.

'Ultimátum a la tierra' de Robert Wise desprende buena parte de su magia en una mezcla de géneros: la apariencia del fantástico, el tono del cine negro y el engranaje de una cinta de suspense con el miedo a lo desconocido como motor. Hay algo entrañable en las imágenes del platillo volante aterrizando en Washington con Klaatu, un alienígena de aspecto humano, acompañado de Gort, un robot desafiante. Al margen de los simbolismos y metáforas de la Guerra Fría y el claro mensaje antinuclear y antibelicista, más el discurso pacifista con el que Robert Wise se desmarcó de la tendencia impuesta en la época, el filme es un contundente documento adelantado y muy arriesgado para aquella década los cincuenta.

La sentencia 'Klaatu Barada Nikto', que el alienígena dice a su robot para que se detenga, forma parte de esa historiografia de la ficción cinematográfica. La incomunicación, el mensaje paficista, el constante temor a la destrucción del planeta, el miedo a lo diferente son pulsiones que subyacen en esta historia. Ejemplo de cómo afrontar con talento e inteligencia una historia con factores políticos implícitos pero con muy bajo presupuesto, la cinta siempre magnética y pegadiza, presenta elementos muy imaginativos.

Uno de los carteles promocionales de 'Ultimátum a la tierra' (1951)
Uno de los carteles promocionales de 'Ultimátum a la tierra' (1951)

Frente a los thrillers alarmantes que presentaban argumentos de defensa ante el enemigo invisible y oscuro (casi siempre el comunismo) que se representaba en forma de marcianos o de selenitas dispuestos a acabar con el sistema y el modo de vida estadounidense, el filme de Wise, 'The Day the Earth Stood Still' crea un clima envolvente. La banda sonora de Bernard Herrman, el compositor habitual de Hitchcock, la sobriedad, la contundencia del guión y la habilidad del cineasta de 'Cualquier día en cualquier esquina' componen un corpus integral de gran influencia posterior como revelaron 'Independence Day', 'Armageddon' y la propia 'Encuentros en la tercera fase'. La sobriedad narrativa de Wise frente al efectismo del cine del presente supone toda una lección sobre la mirada y sus significados.

El montaje y el suspense combinan sus territorios desde el arranque inolvidable con el acercamiento de la nave creando una burbuja de incertidumbre y temor, al cambio de registro con el pasaje en una habitación, más las escenas en las que Klaatu se mezcla con los humanos. Encanto, impresión, seducción fueron las armas de un cineasta de artesanía y talento multidisciplinar que firmó musicales como 'West Side Story' o 'Sonrisas y lágrimas'o dramas como 'Marcado por el odio', en una trayectoria desde los años cuarenta hasta los ochenta en la que también asoma 'Star Trek'.

Patricia Neal y Michael Rennie en diversas escenas de 'Ultimátum a la tierra' (1951).

Patricia Neal y Michael Rennie equilibran sus interpretaciones para configurar una de esas obras icónicas más que canónicas, que destacan por su elogio del entretenimiento que despliega toda su militancia antimilitarista. El director de '¡Quiero vivir!' construye la historia más allá de los mandamientos encorsetados de género. La reacción del visitante extraterrestre durante su paso por el cementerio; el tono semidocumental y aparentemente frío; el naturalismo al plantear una odisea espacial con tanta espontaneidad formal; el alegato contra la guerra... Un relato corto, 'Adiós al Amo', de Harry Bates y publicado en una importante revista de ciencia ficción sirvió de base para el fime, aunque el guión fue trastocado en muchos aspectos.

La inteligencia del cineasta es cómo juega con el espectador para presentar las contradicciones y temores atávicos, los mecanismos de defensa donde mezcla la colosal amenaza, el miedo telúrico a la devastación y el poderío militar. El irónico concepto de la manipulación vertebra el clima de esta nada complaciente y acomodaticia cinta. Sobre todo por superar las paranoicas conspiraciones, burlar el cántico patriotero, no dejarse contagiar por la Guerra Fría y, además, ser coincidente cronológicamente con filmes como 'El gran carnaval' de Wilder en su critica a los medios de comunicación, los reality shows y la telebasura.

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Asimismo, destaca el diseño de producción, pese a los limitados medios, la experimental banda sonora, la nada desdeñable introducción de aspectos que subrayan la alegoría religiosa. La mezcla entre lo pulp y la narración adulta, el tratamiento respetuoso con lo que hasta ese momentos era mero escapismo son las dos coordenadas sobre las que gira este platillo volante-mirada al cielo (ficción ajena/mirada a la pantalla) donde se confunden deseos, sueños y los temores más primarios del ser humano.