«Mi marido se emociona más hablando de Berria que de Bulgaria»

Carla asegura que se pasa el invierno añorando la playa de Berria. En la foto está con Lego, que posa muy serio/Javier Cotera
Carla asegura que se pasa el invierno añorando la playa de Berria. En la foto está con Lego, que posa muy serio / Javier Cotera

Dice que en invierno cuenta los días para volver a esta playa, donde lleva veraneando toda la vida. Santoña ha reconocido su papel de embajadora nombrándola cofrade de la anchoa

JOSÉ AHUMADA

Asegura que su existencia no se parece en nada a como los demás nos imaginamos que debe de ser una vida de princesa, título que ostenta desde que se casó con Kubrat de Sajonia-Coburgo-Gotha y Gómez-Acebo -o Kubrat de Bulgaria, para abreviar-. En cuanto empieza a contar cómo son sus días, convence. Vinculada profesionalmente al mundo de la moda, el arte y el diseño, concentra ahora sus esfuerzos en sacar adelante su propia marca de cosmética. Además, siempre que puede ejerce de embajadora de Santoña.

-¿Por qué Santoña?

-A finales de los cincuenta, mi abuela decidió instalar en la playa de Berria el lugar de vacaciones de la familia. Mi madre ha venido desde pequeña, y mis hermanos y yo, también. La primera vez que vine tenía cinco meses, fue el verano en que el hombre pisó la Luna.

-¿Y por qué le gusta tanto?

-Probablemente sea ese cariño que tienes a un lugar que conoces de toda la vida y donde siempre te lo has pasado bien. Me considero una amante del Cantábrico, quizás porque es lo que conozco. Paso el invierno contando los días para volver, el salvapantallas de mi ordenador es la playa de Berria... Me gusta todo de Santoña: la gente, la comida, pasear, ir a las tiendas, las amigas, el paisaje, el Buciero, montar en bicicleta... hasta la arena, que es una de las mejores de España.

-¿Qué hace cuando está aquí?

-Por las mañanas dedico un tiempo a contestar a la gente que me escribe en redes, a publicar algún artículo en los blogs que tengo y luego, casi siempre, voy a pasear, a hacer algún recado y tomar un aperitivo; antes de comer paseo por la playa hasta el final y me doy un baño. Después del almuerzo me gusta quedarme de tertulia con mis hijos y, si hace bueno, volvemos a la playa. Ayer estuve haciendo una excursión a Liérganes, a Liencres... es todo tan bonito que es imposible aburrirse aquí.

- Es usted princesa de Panaguiúrishte. ¿A qué obliga eso?

- En general, en la vida de todos, siempre son más las obligaciones que los derechos. El hecho de llevar un título, que puede ser bonito para unos y una tontería para otros, no deja de ser pertenecer a una familia. Para mí es un honor pertenecer a la de Sajonia-Coburgo-Gotha, que ha sido siempre una familia muy discreta, muy trabajadora y muy responsable. Aparte de que así me educaron, para mí es una obligación más mantener esa discreción, esa responsabilidad y esas ganas de luchar y trabajar.

-¿Se emociona su marido cuando habla de Bulgaria?

-Mi marido y sus hermanos nacieron en Madrid, así que son madrileños, españoles. Se emociona mi suegro, que nació y creció allí, y reinó como Simeón II. Bulgaria es un país que nos gusta muchísimo y disfrutamos un montón, porque es muy variado, rico en historia y arte, pero él no lo visitó hasta 1998. Creo que mi marido se emociona más hablando de Berria que de Bulgaria: lleva viniendo treinta años y se conoce el Buciero mejor que cualquiera de aquí.

«El hecho de llevar un título no deja de ser pertenecer a una familia»

-Su empresa de cosmética lleva el nombre del país: Carla Bulgaria Roses Beauty.

-Visité Bulgaria por primera vez, con Kubrat, en 1998. Durante la Guerra Fría, y hasta que cayó el Muro, mi suegro y su familia tenían prohibida la entrada en Bulgaria, y nosotros fuimos los primeros hijos del rey que visitamos el país. Cuando volví a España me traje un producto típico de allí, agua de rosa damascena, que es muy utilizada en cosmética natural. Fue un producto que enamoró a mi piel y me pareció fantástico. En 2003 visité el lugar de dónde procede esa rosa, y comprendí que tenía que llevar esa magia a España. Empecé a trabajar y a formular productos especiales para mi marca. Y en cuanto al nombre, quería que fuese explícito de lo que se estaba vendiendo. Así empezamos en 2008.

-¿Qué tal le va?

-Va, poco a poco, contra viento y marea. Es complicado sacar adelante una línea de cosmética sola, sin el apoyo de ningún gran grupo, pero tengo una fidelización de clientes altísima. Por otro lado, no paro de moverme, de visitar puntos de venta, hacer demostraciones... me gusta estar en contacto con los clientes. Y soy un espejo abierto en las redes sociales: me encargo de contestar todo personalmente, y la gente lo sabe.

- Hábleme de su producto estrella.

- Es difícil de decir cuál es, porque es como si me preguntas que quién es mi hijo favorito. En todos me he involucrado en la formulación, todos los he testado yo, todos son muy buenos y de gran calidad. Sí, es verdad que hay uno que quizás por su versatilidad, porque soluciona un abanico de problemas tan amplio, pueda ser al que te refieras: Hidra-Gel Calmante. Sirve para todo, desde picaduras de mosquitos, de arañas, tábanos, para las quemaduras del sol, la dermatitis, para descongestionar, tiene efecto lifting... Lo compra todo el mundo porque sirve para muchas cosas, pero todo lo demás es también muy bueno y muy eficaz.