Wire ya estaban allí

El cuarteto británico siempre fue muy por delante de sus compañeros de generación: ahora, se reeditan los tres discos con los que, más o menos, inventaron el post-punk

Los miembros de Wire./Annette Green
Los miembros de Wire. / Annette Green
CARLOS BENITO

Hay grupos que van muy rápido, que avanzan más deprisa que sus compañeros de generación y acaban desmarcándose de las tendencias de su tiempo, o quizá anticipando los caminos que otros habrán de seguir en el futuro. El cuarteto británico Wire es un ejemplo evidente: en solo dos años, entre 1977 y 1979, editaron tres álbumes que parecían pertenecer a un universo alternativo, donde las bandas evolucionan según reglas propias e indescifrables. Los tres ('Pink Flag', 'Chairs Missing' y '154') son objeto ahora de reediciones en vinilo y cedé, además de una versión de lujo con libreto de ochenta páginas y discos adicionales de rarezas y caras B, en una nueva oportunidad para descubrir o revisitar una de las trayectorias más deslumbrantes y singulares de la historia del rock.

A Wire se les suele enmarcar en el punk, y es lógico, porque de hecho formaron parte de aquel estallido y comparten la energía del movimiento y su filosofía del 'do it yourself'. El periodista musical Marcos Gendre, autor del libro 'El punk en 200 discos', elige 'Pink Flag' como el álbum más interesante del estilo en toda la década de los 70: «Al mismo tiempo que Sex Pistols y The Clash se llevaban la gloria, ahí estaban Wire para demostrar que las vías del punk podían ir más allá del rock and roll patentado en los 50 y el influjo jamaicano», plantea. Pero también se puede interpretar el grupo como si fuese un puente o una circunvalación, una vía rápida que permite sortear el punk (sobre todo, su vertiente más cerril, primaria y estéril) y conectar directamente el rock 'artie' de los primeros Roxy Music o Pink Floyd con lo que después se daría en llamar post-punk. «Estos tres álbumes -analiza el propio grupo- acuñaron la forma post-punk. Fue adoptada por otras bandas, pero Wire ya estaban ahí antes».

Para darse cuenta de que 'Pink Flag' (1977) es un disco raro entre sus contemporáneos, basta echarle un vistazo al 'tracklist'. Los tipos embutieron veintiún temas en el elepé, de los que quince no llegan a los dos minutos. Hay, de hecho, seis que se quedan por debajo del minuto pelado. «Las canciones más cortas se desarrollaron de manera natural. Cuando se acababa la letra, Colin (Newman, el vocalista del cuarteto) decía 'ya está'. Y nosotros decíamos 'sí, por qué no'. Eso solía volver locos a los punks: empezaban a hacer pogo y entonces la canción se acababa. Siempre nos pareció muy divertido», comentaba el año pasado el guitarrista Graham Lewis a la revista 'Rolling Stone'. Esos parones cuadraban muy bien con el estilo de Wire, angular y preciso, con un toque de distanciamiento y frialdad quirúrgica sobre los ritmos austeros y matemáticos del batería Robert Gotobed. 'Pink Flag' se abría con 'Reuters', una de las canciones más largas del lote, descrita por un crítico de 'Pitchfork' como «una pieza de una cara de álbum progresivo en solo tres minutos», y continuaba con los 28 segundos de 'Field Day For The Sundays', que habría podido ser una canción punk más o menos convencional si se hubiesen molestado en repetir al menos una vez la estrofa y el estribillo. Uno se puede hacer una idea del alcance del debut de Wire al enumerar tres grupos muy distintos y significativos que han versionado alguno de sus temas: Minor Threat ('12XU' se acabó convirtiendo en un clásico del hardcore estadounidense), R.E.M. (que hicieron brotar el rock pegadizo que se ocultaba en 'Strange') y Elastica (que reciclaron 'Three Girl Rhumba' en su exitoso y caradura 'Connection').

Un extraño tipo de fama

Pero Wire se movían muy deprisa, ya está dicho: quizá todo les aburría pronto, o tal vez era simple impaciencia por llegar lo más lejos posible. Su segundo álbum, 'Chairs Missing' (1978) se parece muy poco al primero: contiene la que seguramente es su canción pop más bonita ('Outdoor Miner', que no llega a los dos minutos, aunque la alargaron hasta casi tres para el 'single'), pero está marcado por el uso de los sintetizadores y se aventura hacia la experimentación y el ambiente, con piezas misteriosas que fluyen y serpentean, muy alejadas ya de la apariencia externa del punk. A estas alturas, Wire combinaban pasajes de belleza sobrecogedora con otros menos complacientes, incluso áridos. «Era como si el nuevo material, a medida que aumentaba en volumen y ambición, empujase por la puerta todo que sonase tradicional», ha explicado Colin Newman sobre aquella rapidísima transición. Y '154' (de 1979, bautizado así por el número de conciertos que Wire habían dado hasta entonces) va más lejos todavía por esa senda de abstracción. Ahí acabó la relación con el sello EMI (hoy sorprende que una multinacional llegase a editar algo así) y también la primera fase de Wire, que se separaron en 1980, después de una tanda de conciertos extraños, más cercanos a la 'performance' que a la inmediatez coreable de su entorno punk.

Luego retomarían la actividad entre 1985 y 1991, y de nuevo los tenemos con nosotros a partir de 2000, con la única baja del guitarrista Bruce Gilbert. Siempre han mantenido unos estándares muy altos de calidad y una actitud inconformista (su disco del año pasado, 'Silver/Lead', da unas cuantas lecciones a artistas que podrían ser sus nietos), pero son sus tres primeros álbumes los que han determinado su lugar en la historia del rock, con más prestigio que popularidad. Ya lo dijo Colin Newman en 'Rolling Stone': «Muchísima gente que no ha oído hablar de Wire conoce a grupos que tienen más éxito que Wire y que están influidos por Wire. Es un extraño tipo de fama».