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La ciudad

Luis Alberto Salcines
LUIS ALBERTO SALCINESTorrelavega

La ciudad es un organismo vivo, se va construyendo y redefiniendo continuamente. Unos edificios son sustituidos por otros. En ese solar donde jugábamos de niños se levanta hoy un bloque de casas. En aquel espacio que está en las afueras de la ciudad, donde se ponían los circos, poco a poco ha surgido un barrio. Esas casas viejas, de fachadas leprosas, que interrumpían la modernidad de una calle, desaparecen para dejar su lugar a una vivienda realizada con materiales de último diseño. Sin embargo, a los que vivimos en ella, nos parece que apenas hay cambios al producirse de un modo continuo y en pequeñas actuaciones. Sucede como con el aspecto de las personas. Al vernos todos los días en el espejo, apenas nos damos cuenta de ese pelo que va encaneciendo, que va abandonándonos; de esas líneas que va dibujando en nuestra piel el paso del tiempo. Estás como siempre, nos dicen los que nos ven con regularidad. Nos vamos acostumbrando a nuestra imagen pese a los apenas perceptibles cambios que sí observan quienes llevan un tiempo sin vernos. Salvo intervenciones o enfermedades más o menos agresivas, hay un sutil sucederse del paso del tiempo. Así en las ciudades. Cuando nos preguntan quienes han estado alejados de su ciudad durante un largo periodo cómo está, le respondemos que como siempre. Ellos, sin embargo, al pasear de nuevo por ella, descubren una calle nueva, una plaza nueva, un edificio nuevo, y todo ello, modifica en ocasiones sus ritmos y los hábitos de los ciudadanos. Los lugares de encuentro son otros, otros los centros de gravedad que convocan a los vecinos.

 

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