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Comercios con memoria

Luis Alberto Salcines
LUIS ALBERTO SALCINES

La semana pasada en estas páginas escribía sobre la desaparición de algunos edificios de la ciudad que formaban parte de la memoria sentimental de los torrelaveguenses. Paseando por Torrelavega leí un cartel en la zapatería Zafer en el que se informaba sobre su próximo cierre por jubilación. Primero María Luisa Fernández, conocida familiarmente como Cuca, y ahora su hija Mari Carmen, que tomó el testigo, cesan al frente de un histórico comercio local que junto a otros de la ciudad contribuyeron al prestigio que tuvo siempre el comercio de Torrelavega. Hasta aquí venían a comprar del oriente de Asturias. Por supuesto, del occidente de Cantabria: de Cabuérniga, de Val de San Vicente, de San Vicente de la Barquera. Bajaban de la Vega de Pas. Algunos, aprovechando una visita médica, hacían unas compras. Incluso muchos santanderinos reconocían el buen trato y la calidad de sus productos. No pude evitar recordar otros comercios de tradición familiar que tramaron el tejido social y económico de la ciudad desde los años sesenta y que aún permanecen abiertos. Mercerías La Fama y Helmar, Joyería Redón, Tapicerías José Luis, Tejidos Roan, calzados Pajares y Covadonga, las tiendas de ropa Baudo, José Luis Guerra y Enrique Guerra, Bustamante Hurtado (tres generaciones les contemplan), óptica Manuz, electrodomésticos Estrada, curtidos Gatóo… Pocos más han sobrevivido a la presión de las grandes superficies situadas en las afueras de la ciudad y a las franquicias. Los descuentos y rebajas que estas pueden ofrecer, aspectos sobre los que este domingo informaba El Diario, la tendencia a la uniformización de las modas, los precios de los alquileres, las compras por internet, unido a la situación económica, han contribuido a la bajada de la persiana de tantos comercios, algunos resistiendo hasta llegar a la jubilación sus fundadores no encontrando sus hijos el estímulo o las garantías de la rentabilidad del negocio. Aún pueden verse algunos rótulos. Dentro de unos años, los jóvenes de hoy evocarán el paisaje sentimental que conformó su modernidad a través de las compras que hicieron en Adolfo Domínguez, Bershka, Stradivarius, Benetton,… No sabemos cómo será el comercio del futuro, pero sí deberíamos reconocer el esfuerzo del pequeño y mediano comerciante de Torrelavega que se ha batido el cobre hasta ahora. Un libro que recoja una parte de su historia así como un homenaje a los que aún están con nosotros sería un acto de justicia.

 

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