Manolo Haro, huella indeleble

Javier Rodríguez
JAVIER RODRÍGUEZSantander

La actualidad golpea con noticias que nadie quiere que se produzcan. Ayer sucedió una vez más. De nuevo el drama, la tristeza en bucle. Esta vez por la muerte de Manolo Haro, para mi mucho más que un entrañable compañero durante la etapa de Radio Popular (Cope) en su delegación de Torrelavega junto a Nieves Bolado, colega y común amiga. Saber a primera hora de la mañana que había fallecido me dejó sin palabras, atrapado en el laberinto de la melancolía. Hace unos días había hablado con él para conocer cómo discurría la recuperación de su esposa, Gloria, convaleciente por un grave atropello automovilístico. Tremendo, ¿verdad? El destino es, en ocasiones, así: da los golpes en el mismo clavo. Nos demuestra sin piedad a los seres humanos que somos demasiado frágiles ante la vida. Simples pompas de jabón.

Además de un ser humano de primera categoría, con Manolo se va un gran periodista radiofónico. Doy fe. Dominaba el micrófono. Compartir programa a su vera fue un placer, aprendizaje y diversión diaria. Para empezar porque en aquellos tiempos, me refiero al inicio de los ochenta, comunicar constituía una aventura. Hágase idea el lector: teníamos montado el estudio en su casa, en una habitación vacía. Allí, sobre una mesa de camping, estaban instalados el previo, los reproductores de cassettes y los micrófonos que permitían, vía telefónica, el enlace diario con la emisora de Santander. Hasta el ámbito doméstico llevábamos a los invitados…

Después pasaríamos a un local situado en el centro de la ciudad, donde la puesta en escena cambiaba completamente pero el concepto de la información seguía siendo el mismo: contar en directo lo que acontecía en Torrelavega. Lo pasábamos de maravilla con las entrevistas, los concursos y la participación de la audiencia. Fuimos testigos de anécdotas geniales, de las que reíamos sin parar cada vez que decidíamos sacarlas del baúl de los recuerdos. Alguna, por cierto, queda relatada en su magnífico libro de memorias. Además moverse por las ondas hertzianas como pez en el agua, Manolo escribía muy bien en la prensa. Entre otros, los lectores de la desaparecida Gaceta del Norte lo saben. De hecho, últimamente dejaba constancia en la web Marcador Gimnástico de lo que es una pluma periodística, comentando la trayectoria de su Real Sociedad Gimnástica del alma. Nuestra complicidad resultó extraordinaria, ya que nos apasionaba la radio-espectáculo. En ella volcamos durante años un entusiasmo sin límites. En paralelo, superamos las adversidades y cultivamos con mimo la amistad. Hasta el punto de que fue padrino de Javier, mi hijo, también destrozado por el dolor de tan irreparable pérdida. En la hora del adiós, un abrazo emocionado para Gloria con el deseo de su plena recuperación. Y para ti, querido Manolo, huella indeleble en mi memoria, gracias. Eternas gracias por todo. Descansa en paz.