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Reiniciar el sistema

Jesús Herrán
JESÚS HERRÁN

Somos poco dados a los reinicios. En cuanto el ordenador nos avisa de que hay nuevas actualizaciones listas para instalarse, solemos elegir la opción de «reiniciar más tarde» y posponemos una decisión que nos pondría al día. Recientemente una cajera se quejaba en su oficina bancaria de que los informáticos elegían el peor momento para actualizar los programas, en horas de atención al público, con el consiguiente malestar de los usuarios. «No puedo hacer operaciones manuales –decía–, porque con esto de la banca electrónica nunca se puede asegurar que los datos de una cartilla estén actualizados. Y quizá le dé dinero a alguien que, aunque en el papel figure que sí lo tiene, en realidad ya no lo tenga». Es la dependencia de la inmediatez informática, para lo bueno y para lo malo. Por eso los reinicios hechos a tiempo son muy aconsejables. Debemos darle a la tecla sin miedo. En algunos casos es urgente hacerlo, porque los errores que se han ido acumulando ralentizan, hasta casi paralizarlo, el sistema. A fuerza de no cuidarlo con antivirus específicos, de tanto ser atacado por piratas de toda índole, acuciado por las posturas intolerantes, nuestro sistema democrático está al borde del colapso: las banderas se utilizan contra los otros con odio y no nos dejan ver el bosque de la libertad. Y la democracia languidece, amedrentada por gestos de rígida marcialidad. Necesita un reinicio urgente que deje atrás las «cacas» de otros tiempos, que supere la falta de memoria histórica y elimine la sobrecarga de aplicaciones dudosas que traen algunos programas políticos. Hay que actualizarla con cuidados que eliminen involuciones y nos coloquen de una vez por todas en el siglo XXI. Y hablo de un reinicio real, de una refundación dialogada, pactada, sin marcha atrás, con medidas valientes y generosas.